EL ciclismo tiene estas cosas", dice Ángel Vicioso, que podría referirse al aire depresivo-melancólico que sopla estos días por el Giro, el shock por la muerte de Wouter Weylandt en el descenso del Passo del Bocco, pero de lo que realmente habla es de su propia vivencia ciclista, una montaña rusa de áticos luminosos y sótanos tan oscuros como la noche. Desde el lunes, el mismo día que la fortuna abandonó a suerte al corredor belga, Ángel habita en el cielo ciclista al que se ha encaramado por obstinado tras un descenso a tumba abierta en 2006.
¿Qué le ocurrió? Ya saben. Ángel forma parte de ese pelotón de buenos ciclistas que corrían en el Liberty Seguros de Manolo Saiz, y en otros equipos, cuando en mayo de ese año, mientras se disputaba el Giro, estalló la operación Puerto, la trama que destapó la Guardia Civil de aquella manera, vinculando nombres en clave a ciclistas clientes del médico Eufemiano Fuentes que, ni castigados deportivamente ni perseguidos por la ley, cayeron en el más angustioso de los lugares, un limbo ciclista jamás explorado. No estaban sancionados porque no había argumentos sólidos para hacerlo, pero nadie les fichaba porque el ciclismo, sus estamentos, se movió en la sombra para impedirlo.
Algunos como Joseba Beloki o David Etxebarria, los hermanos Osa, tótems del ciclismo vasco, salieron por la puerta de atrás, sin despedirse ni que los despidieran. Se fueron porque no les dejaron seguir. Otros, Mancebo, Sevilla, se aferraron a lo que les quedaba. Un contrato mínimo y unas condiciones lamentables. Ambos siguen corriendo. Su vida es la bicicleta. Dicen que no saben hacer otra cosa.
con gianni savio Tampoco quiere hacer otra cosa que no sea andar en bici Vicioso, que corrió en 2007 en el Relax, en 2008 emigró a Portugal, volvió luego al Andalucía, donde estuvo dos temporadas, y este año le rescató para el ciclismo de primera fila Gianni Savio, un tipo peculiar, el pelo cano, un bigotito negro cuidadísimo y traje, siempre traje y corbata, lo que le da un aire de galán italiano de los 70. Savio tiene el enorme mérito de llevar desde 1985 sosteniendo un equipo que es un mosaico de patrocinadores. Porta 18 marcas comerciales en el maillot. El otro día, antes del Giro, un amigo le llamó para que le hiciera un hueco. Le tuvo que decir que no quedaba espacio.
En el Androni ha rejuvenecido Vicioso, 34 años, la misma cara de crío, pese al escaso pelo, que desembarcó en Italia en 1999. Pocos lo recuerdan. Él no lo olvida porque ganó una etapa y luego los jueces se la quitaron. "Fue un robo, una injusticia", rescata. "Nunca supe por qué me la quitaron. Pero yo era español, le había ganado a un italiano, Conte, que, además, corría en el Saeco, cuya sede central estaba en esa misma ciudad. Para qué darle más vueltas". Ángel estaba en el Kelme que dirigía Belda. Vicente, menudo y volcánico, se encaró con los jueces. Y Vicioso, tímido y nervioso, no paraba de decirle: "¡Vicente, que me la mangan!". Se la mangaron.
Paradojas del ciclismo, "así es este deporte", Ángel tiene en casa el trofeo de una etapa que no ganó pero celebró en el podio -"y Chechu (Rubiera) y todos estos en el autobús"- y ha ganado una etapa, once años después, el lunes, que no celebró ni paladeó con champán. "Yo no sabía lo que había ocurrido. Me lo dijo Gianni después". "No dijimos nada porque nadie sabía bien lo que había pasado. Estábamos callados. Ángel ganó y oímos por la radio que gritaba: ¡He ganado! ¡He ganado! Luego le contamos lo que estaba pasando. Por la noche no hubo ni champán ni celebración. Todos estábamos tristes", describe Savio.
Vicioso, cuya vida ha discurrido entre dados lanzados sobre el caprichoso asiento de una noria en continuo movimiento, no durmió bien esa noche, "más bien nada", pero no puede encerrar eternamente un sentimiento de dicha que le gobierna desde que llegó al equipo de Savio. "Vuelvo a ser feliz. Me siento valorado. De nuevo en primera fila, ganando carreras importantes -Larciano, la etapa del Giro-, aunque desde 2000 no ha habido una sola temporada en la que no haya logrado alguna victoria. Haya pasado lo que haya pasado. Eso quiere decir algo", zanja Ángel.