"Esto es el deporte, esto es el ciclismo"
La de Weylandt es la cuarta muerte de un ciclista en 112 años de Giro de ItaliaEn 1976 falleció en la primera etapa Santiesteban, corredor cántabro del Kas
RAPALLO. Al poco de que Weylandt deje de respirar y su corazón se pare, algo que ocurre instantáneamente tras el brutal golpeo de su frente contra el duro asfalto del descenso del Bocco, recibe un sms Angelo Zomegnan, director del Giro desde 2004 y, antes que eso, periodista de La Gazzetta dello Sport, contador de historias sublimes de héroes de hierro que derriban montañas montados en sus caballos de acero, y, también, narrador de dramas, de vidas segadas de manera tan repentina y triste como los tres anteriores ocurridos en la carrera italiana: Orfeo Ponsin (1952), Juan Manuel Santiesteban (1976) y Emilio Ravasio (1986).
El mensaje dice lo siguiente: "Esto es el deporte, esto es el ciclismo. El ciclismo es un deporte en el que los corredores arriesgan la vida en cada metro de asfalto y cuando ocurre algo irreparable todo el mundo está de lado del caído".
Cayó ayer Weylandt. Y antes que él Ponsin en otro descenso, el de la Merluzza. Y hace 25 años Ravasio en la primera etapa del Giro del 86. En la primera también encontró temprano descanso Juan Manuel Santisteban, miembro del mítico Kas, cuando trataba de ayudar a González Linares a volver al pelotón después de un pinchazo. Perdió el control de su bicicleta y se golpeó la cabeza contra la barrera de protección. Una fractura en el cráneo le provocó la pérdida de masa encefálica. La muerte fue instantánea. Sus compañeros, sentados al finalizar la etapa sobre un bordillo, llorosos, inconsolables, lamentaron la pérdida. Pesarradona habló de una de las mayores desgracias de su vida y recordó el efusivo abrazo, "casi me deshace", que le propinó el de Ampuero cuando semanas antes había ganado la Vuelta a España en la que Santisteban, un gregario noble y honrado, un atleta fenomenal, había sido vital. Txomin Perurena, que no corría aquel Giro, lo describió así: "No somos nada. Santi era un niño grande con un corazón más grande todavía. La vida es dura para nosotros y, lamentablemente, toca seguir corriendo".
El Kas no se retiró de aquel Giro. Salió, dolorido y renqueante, en la siguiente etapa. Pese a lo previsto, a última hora de ayer, el Leopard se estaba planteando no pisar hoy el asfalto, primer hogar del ciclista y a veces su sepulcro, para honrar la memoria de Weylandt . "Llamamos a todos los ciclistas a que decidan cómo interpretar la etapa de mañana -por la de hoy- después de lo ocurrido. Respetaremos cualquier elección", dijo Zomegnan, que recibió el apoyo de Pat McQuaid, presidente de la UCI, Renatto di Rocco, presidente de la Federación Italiana de Ciclismo, y Gianni Bugno, presidente de la Asociación Internacional de Ciclistas. El Giro guardará un minuto de silencio en la salida, como el domingo en Alba por la muerte de Pietro Ferrero, en memoria de Weylandt, se prescindirá la música en la llegada y se anulará la fiesta posterior. La etapa será neutralizada. Sin tiempos ni ganador oficial.
Puede que no sea suficiente para colmar los ánimos del pelotón, crispado desde antes de que arrancara el Giro por, sobre todo, el peligroso descenso del inédito Crostis. "Es hora de hacer algo por dignificar la profesión", bramó Pablo Lastras, de los más críticos con las medidas de seguridad del Giro. "Esto es algo que se veía venir. No sé dónde ha sido la caída, y si ha tenido algo que ver, pero hoy cualquier elemento de seguridad brillaba por su ausencia".
En 2009, tras la caída de Horrillo en el descenso de Culmine di San Pietro, el Giro del centenario se neutralizó en la etapa de Bérgamo, un circuito urbano que los ciclistas vieron extremadamente peligroso. Di Luca, de rosa entonces, Armstrong, Basso, Sastre y los demás, lideraron una manifestación pacífica por la falta de seguridad que boicoteó el Lampre.