"Los golpes me han hecho madurar"
Antes de iniciar ayer su andadura en el Giro de Italia, la carrera a la que regresa seis años después de su debut, Igor Antón habla para DEIA de sus expectativas en una carrera que le emociona y trata de afrontar en la sombra hasta que llegue la hora de la montaña
TURÍN. Algo ha cambiado en Antón y no son ni el rostro de niño eterno ni los ojos oscuros inyectados de fascinación. Es otra cosa. Hace unos días acabó en el puesto 14 en la Lieja-Bastogne-Lieja, su última carrera antes del Giro de Italia, y en lugar de asumir otro día de carrera entre los mejores del mundo, como suele, le dio por quejarse. "Fue un error mío. Me descuidé y entré mal colocado a la Roca de los Halcones -el lugar en el que atacaron Andy, Frank y Gilbert-, y cuando llegué a la cabeza del grupo ellos ya estaban por delante. Luego lo intenté, pero ya no podía ser", se lamenta Igor, que, de todas maneras, experimentó en la clásica belga lo que ya había sentido en la Vuelta a Castilla y León: una sensación de plenitud, las piernas buenas, el estado de gracia de los ciclistas. Aquello le tranquilizó después de un arranque de temporada lento y trabado por unos problemas de salud que le hicieron tener que ver por telescopio a Contador en la Vuelta a Murcia. "Luego, en la Volta, mejoré mucho. Y más en Castilla y León", dice antes de que arranque el Giro, la carrera a la que regresa seis años después. Entonces era un chiquillo ojiplático que iba por Italia con una cámara de fotos colgada de la sonrisa.
¿Queda algo de aquel ciclista?
Sí, mucho. La pasión la mantengo. Y la capacidad de asombro. Lo bueno de las cosas es descubrirlas poco a poco y no todas de golpe porque entonces llega demasiado rápido el momento en el que sientes que ya lo has visto todo. Entonces es cuando no tienes alicientes y el ciclismo, en este caso, deja de ser lo mismo. Pero soy diferente de aquel ciclista, claro. He aprendido muchas cosas. En aquel primer Giro, por ejemplo, comprendí que la capacidad de sufrimiento del ser humano no tiene límites. Entendí por qué los himalayistas son capaces de sobrevivir en esas condiciones día tras día. Sufrí, mucho. Y eso me hizo más duro. Me hizo ciclista. Luego me han ido pasando más cosas. Y he ido creciendo. Sobre todo con los malos momentos, los golpes, que creo que me han ido haciendo más maduro.
Los malos momentos, dice. El último de esos episodios dramáticos lo vivió usted hace unos meses, en la Vuelta. Se cayó cuando era líder. ¿Aquella vivencia le ha cambiado? Dicho de otra manera: ¿Es muy diferente el Igor del Giro a aquel de la Vuelta?
No creo que sea muy diferente al de la Vuelta. Al de 2005 sí, por supuesto. Pero no creo que sea un ciclista diferente al de hace unos meses. Quizás haya cambiado la forma de correr. O, mejor dicho, la manera en la que afronto una carrera como esta.
¿A qué se refiere?
A que el reto es más ambicioso. Me exijo más.
¿Cuánto más?
No más que en la Vuelta del año pasado, por supuesto. Antes de que empezase la Vuelta pensaba en hacer un buen puesto e intentar ganar una etapa. En este Giro salgo con el mismo propósito. La etapa es el objetivo, pero sobre todo quiero sentirme bien y disfrutar de los días. Creo que la presión y la exigencia no me van a faltar dentro de unos meses, en la Vuelta, por eso ahora quiero ir más relajado.
¿Eso es falta de ambición?
No, no lo creo.
¿Su actitud, quitándose presión, es entonces una manera de protegerse?
A veces te puedes bloquear si te exiges más de la cuenta. De todas maneras, no puedo comparar la presión que tenía el año pasado en la Vuelta, o la que tendré este año que, además, llega a Euskadi y pasa por mi casa, a la que traigo a este Giro. La tengo, porque no es que venga de paseo, pero es menor, bastante, a otras ocasiones. Lo que hay que tener claro es que yo no estoy familiarizado con todo esto, que solo he corrido un Giro, el primero, hace ya seis años, y por eso no estoy tan adaptado a esta carrera como otros, que la conocen porque la han sufrido durante muchos años.
¿Le tiene respeto al Giro?
¡Como para no tenerlo! Pero no es porque sea el Giro, sino por el recorrido. Es que aunque seas un escalador y seas un corredor que domina la montaña, ves el recorrido y se te ponen los pelos de punta. ¡Claro que asusta! Más aún sabiendo que el Giro es una carrera diferente, que hay desplazamientos brutales, que siempre te meten alguna encerrona… Hay muchos puntos peligrosos porque esto no es el Tour de las carreteras anchas, o la Vuelta, siempre menos arriesgada. El Giro es como es porque mezcla todos esos ingredientes que lo hacen imprevisible.
Ha alcanzado el éxito en la Vuelta, pero cuenta sus participaciones en el Tour por decepciones. ¿Es eso lo que le hace ser precavido?
Es cierto que la Vuelta siempre se me ha dado bien y que el Tour, no. Y hay quien puede que piense que es porque la Vuelta es una carrera sencilla. Para nada. En la Vuelta hay que estar muy bien. No tengo miedo porque no me haya salido bien en el Tour, sino porque este Giro es el más duro que recuerdo. Además, esta carrera te deja respirar, no como el Tour.
¿Por eso le beneficia, por la montaña? Marino, por ejemplo, se frustró durante años por Giros planos como un plato diseñados para que ganara Moser.
Porque soy escalador, puede ser. Pero aunque mi primer Giro me enseñó que la capacidad de sufrimiento es muy grande, llega un momento en el que el cuerpo llega también a su límite. Si tú le das, le das, le das, día tras día, sin descanso, sin tregua, un día te encuentras con un susto. Hay gente que va a ser líder y, de repente, lo va a perder todo en un día, en un momento de debilidad porque habrá muchos y a todos no puedes sobreponerte.
¿Si se siente usted tan poderoso como en la Vuelta, tan confiado también, su punto de vista puede cambiar?
Puede ser, pero eso habrá que verlo. Lo que tengo claro es que un mal día, un mal momento que me haga perder tiempo no me va a quitar el sueño. Tengo siete u ocho etapas buenas para mí. Si aprovecho cualquiera de ellas, si les saco jugo, sería perfecto para mí.
Dicen que es el Giro de Contador.
Todas las carreras son las de Contador (ríe). Alberto me sigue sorprendiendo cada día. Tiene una capacidad inhumana. Ha nacido para andar en bicicleta, con el don, tocado por la varita. Es buenísimo, pero sobre todo es muy terco. ¡Madre mía! ¡El tío nunca arroja la toalla!
Parece que habla usted de una máquina, no de un ciclista.
Qué va. Es más, cada vez le veo más al alcance, más humano. Le pude ganar en una etapa de Castilla y León del año pasado. A veces, cuando está muy bien, piensas que es imposible aguantarle la rueda, pero en otras ocasiones se abre una pequeña grieta y entiendes que se le puede resistir, incluso ganar, si se dan las circunstancias. Antes no, pero ahora cada vez le veo más a mi alcance.
¿El Giro es un asunto entre Contador y Nibali?
Nibali es el referente de los italianos, el que va a tener toda la presión mediática. Podríamos hablar de muchos nombres, que los hay, pero no son los rivales lo que temo, sino el Giro. El Giro es el rival.
No ha inspeccionado ninguna de las etapas del Giro y será, probablemente, el único de los favoritos que no lo ha hecho.
No conozco mucho Italia. Corrí un Giro, el de 2005, y he estado de vacaciones una vez. Pero no hace falta reconocer ninguna etapa. Nibali no lo hizo en la Vuelta, lo que quiere decir que si estás bien, vas para adelante. El Giro va a ser una cuestión de supervivencia. Cada día caerá uno o algunos. Va a ser un goteo constante. Creo que no va a hacer falta ni atacar. De todas maneras, para las dudas sobre el recorrido tenemos a Cavallo (Domenico), un director italiano que viene para asesorarnos. No va a haber problema.
Insisto: ¿No ha visto necesario inspeccionar un recorrido tan complicado?
No es eso. Es más complicado. Está el clima, que hay que tenerlo en cuenta para poder inspeccionar bien los puertos, están los viajes, la coincidencia con las carreras… Al final decidimos que no porque preferí aprovechar ese tiempo para descansar, estar un poco en casa y relajarme. Para la Vuelta, en cambio, tendremos más tiempo, no andaremos tan apurados y veremos algunas etapas.
¿Piensa ya en la Vuelta?
Sí, pero primero, el Giro.