El callejón de las botxerías

El Museo Guggenheim inaugura de la exposición 'Alice Neel: las personas primero'

17.09.2021 | 01:11

SE ha considerado a sí misma y por eso mismo le han llamado, una y mil veces, la coleccionista de almas. Solo por un apelativo así, merece la pena acercarse a su universo particular, un mundo cargado de reivindicaciones. Por primera vez en España Alice Neel: las personas primero muestra una retrospectiva de la autora estadounidense (1900–1984), situándola entre los pintores más radicales del siglo. Defensora de la justicia social, su compromiso con los principios humanistas se aprecia en el centenar de pinturas, dibujos y acuarelas hasta el punto de que puede hablarse de la mirada crítica de una mujer bandera, dicho sea por su voz reivindicativa y sin segundas.

El Museo Guggenheim fue el escenario escogido para la llegada de una exposición a voz en grito, como les digo. Y la pinacoteca aprovechó la ocasión para dar un paso más hacia la normalidad. Hubo una presentación de la muestra, algo inédito desde aquel marzo negro en el que la vida se nos ralentizó. Fue una puesta de largo dinámica en la que no hubo ocasión para que los asistentes se arremolinasen en torno a un discurso o al clásico cóctel de bienvenida. Un primer paso, como les dije.

La ocasión lo merecía, habida cuenta la potencia de la exposición. Esa mirada al hondón del alma se reflejaba en sus destacados retratos. Neel pintó a personas de muy diferentes orígenes y condiciones sociales con agudeza y naturalidad.

La retrospectiva cuenta con casi un centenar de dibujos, pinturas y acuarelas, que demuestran su complicidad con el desnudo, la sexualidad y la maternidad, tres de sus grandes temas, completada con curiosidades como algunos de sus primeros cuadros: Muchacha francesa y el retrato de Carlos Enríquez, quien fuera su primer marido, piezas ambas de los felices años 20 del pasado siglo.

Por un lado, la exposición, patrocinada por Iberdrola (a la cita acudieron Fernando García Sánchez, presidente de la Fundación Iberdrola España, y el asesor a la presidencia, Rafa Orbegozo), muestra el compromiso político de la artista que plasmó algunas de las manifestaciones en contra del racismo y el fascismo, así como, las consecuencias humanas de la Gran Depresión (1929). Por otro lado, la exposición abarca los retratos realizados en el barrio neoyorquino de Spanish Harlem en el que se pone a la vista la diversidad étnica y cultural de la zona y la pluralidad de organizaciones políticas, intérpretes, artistas queer y otros personajes ligados a la contracultura. Cabe destacar su obra Georgie Arce No. 2 (1955), en el que pinta a un amigo suyo de la infancia, Arce, y que fue motivo de muchos de sus cuadros.

De todo ello tuvieron noticia y disfrute, entre otros, el director del Guggenheim, Juan IgnacioVidarte; el alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto; el viceconsejero de Cultura, Andoni Iturbe; la diputada foral Lorea Bilbao; el director del Solomon R. Guggenheim Museum, Richard Armstrong; la nueva chief curator, Naome Beckwith, la propia curator del museo Guggenheim Bilbao, Lucía Agirre; José Antonio Jainaga, Guillermo Barandiaran, Pilar Aresti, Alberto Delclaux, Gonzalo Corcóstegui, Asun Olabarria, Iratxe Isasi, Marta Arzak, Carmen Gomeza, María Fernández Sabal, la curator del Centro Pompidou de París, Angela Lampe, acompañada por Eleanor Naime y Matthew James Horman; Nora Sarasola, directora de Obra Social de la Fundacion BBK, Xabier Manterola, Vanesa Vergara, Edouard Mayoral, Elvira Martínez, Gerardo Fontanés, Marisa Zurdo, Alberto Palacios, Javier Fernández, Izaskun Mendizabal y un buen número de asistentes, amantes del arte y de la todopoderosa voz de Alice que les llegó al corazón a través de una muestra que lleva a Bilbao para ponerle un acento agudo al otoño de la ciudad. El mensaje de una mujer que no quiso callar y alzó la voz con su arte.

El Museo Guggenheim organiza la inaguración de la exposición 'Alice Neel: las personas primero' bajo el patrocinio de Iberdrola

Fue una puesta de largo dinámica en la que no hubo ocasión de arremolinarse en torno a un discurso o el clásico cóctel de bienvenida

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