Ferrón y herrero de El Pobal

Luisma Turuelo: "Otros tendrán una figura de cera pero yo tengo mi propio 'Luismobil"

07.12.2020 | 01:13
Luis Turuelo.

Propenso a regalar una sonrisa a sus interlocutores, Luisma Turuelo sólo se pone serio cuando habla del hierro "y la dureza que tenía este trabajo"

Luisma Turuelo, natural de Güeñes, lleva mas de 12 años al frente de la exhibición del martillo pilón y de la fragua de la ferrería de El Pobal, en el barrio homónimo del municipio minero de Muskiz. Una trayectoria marcada por un respeto profundo a las profesiones que interpreta cada sábado –y en ocasiones singulares como rodajes de documentales o reportajes televisivos– para un numeroso y heterogéneo público que cada año se acerca a este museo foral donde se atesora este ingenio de la metalurgia hidráulica con más de 500 años de antigüedad.

¿Como llega Luisma Turuelo a hacerse cargo de la mecánica del martillo pilón y la fragua de la ferrería de El Pobal?

—Yo empecé a trabajar en la fragua de la ferrería prácticamente con la inauguración del museo hace 15 años aunque luego estuve cuatro años en stand-by y desde de 2008 llevo aquí de manera continuada en El Pobal al frente de las demostraciones de la ferrería.

Una larga trayectoria que le permite conocer a fondo los entresijos del martillo pilón, los fuelles hidráulicos y de la fragua pero, ¿cómo se acercó al mundo de la herrería y la forja?

—Es una cuestión que suele ser recurrente sobre todo entre los más jóvenes y siempre les digo que aprendí de la mano de un maestro italiano, de Treviso, Gabrielle Curtolo, que dio cursos de forja en León a los que acudí durante cuatro años seguidos. Allí obtuve la formación de forja básica y a partir de ahí tienes que ser autodidacta y aprender a fabricar tus propias piezas. Al fin y al cabo este es un oficio y por otro lado es un arte. Puedes hacer un clavo sencillo o con una cabeza decorada o una verja o una voluta con diferentes formas que tienen un componente artístico, más allá de su funcionalidad.

Y para todo ello la base es el hierro que se trabaja primero en el hogar del martillo pilón. ¿Una actividad seria y peligrosa, no?

—Es otra de las cuestiones que suelen hacerme. No hay que olvidar que el hierro para malearlo, sea para aplanarlo o estirarlo con el martillo pilón o darle forma en la fragua el mineral tiene que alcanzar los 1.200 grados de temperatura y eso exige un cuidado y una experiencia. Además hay que contar que una ferrería como la de El Pobal a pleno rendimiento generaba gran ruido y mucho humo. Es una profesión de riesgo que a mí me merece mucho respeto.

¿En todos estos años de atención al público supongo que habrá algunas anécdotas o situaciones que le habrán dejado poso, no?

—Una cosa que me resulta muy estimulante es ver a niños que vinieron con 9 o 10 años. Han vuelto y aún recuerdan las explicaciones del proceso. Luego están algunas personas mayores que se emocionan al ver el arado que conocieron de niños y vuelven a verlo aquí donde se fabricaban como los clavos que hacemos en al demostración y que han viajado a distintos países del mundo. Luego está el detalle de la maqueta de la ferrería en la que hicieron varios personajes. Otros tienen figura de cera yo tengo mi propio Luismobil.

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