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La Quadra cocina su txarriboda más participativa

Hasta 55 jóvenes voluntarios se vuelcan en el acto que mezcla ingredientes de tradición y solidaridad

08.02.2020 | 03:03
Talleres de talo para los niños y otras actividades complementaron la explicación de las diferentes fases de la txarriboda. Fotos: E. Castresana

Hasta 55 jóvenes voluntarios se vuelcan en el acto que mezcla ingredientes de tradición y solidaridad

Güeñes - "Me llamó la atención la riqueza. La riqueza personal". La principal enseñanza que Javier Pizarro extrajo de su viaje de cooperación a África en diciembre de 2017 para hacer llegar la ayuda recaudada desde el servicio municipal de Juventud, que él ayudó a reunir junto con otros adolescentes, fue que las personas construyen las comunidades, lo mismo en la localidad senegalesa de Gandiol que en el núcleo urbano de La Quadra, Güeñes. Ayer los vecinos acudieron otra vez a ese gran banquete en familia que representa una txarriboda con doble vertiente. Divulgativa, para dar a conocer a los más pequeños la matanza del cerdo, y solidaria de nuevo con Senegal. Hasta 55 jóvenes se turnaron en la venta por un euro de pintxos y papeletas para entrar en el sorteo de veinte lotes de productos porcinos entre quienes adivinaran el peso del animal.

La txarriboda de La Quadra ya se ha asentado en el calendario el último domingo de febrero. El ritual debe llevarse a cabo "en invierno, cuando se supone que hace frío", explicaba señalando a las mangas cortes que lucía más de uno Iñaki Eguia, dueño del cerdo. Segunda generación familiar al frente del negocio ganadero y de una carnicería en Zeberio, llevó hasta Güeñes "un ejemplar de Euskal Txerri, la última raza autóctona porcina". Su diferencia radica en "un desarrollo físico más tardío". Así, "con veinte meses, el cerdo de esta txarriboda presenta el mismo aspecto que tendría uno comercial de seis". En contrapartida, "la carne es mucho más sabrosa porque la grasa se encuentra infiltrada entre los músculos". El procedimiento empieza por proceder "al chamuscado y sacar las vísceras; luego se trocea y se van extrayendo las partes: las costillas, el lomo, la panceta de la zona inferior el jamón de los cuartos traseros y la paleta de los cuartos delanteros". A la antigua usanza, "el cerdo habría pasado una noche en la calle como paso previo a la elaboración de los chorizos". Ayer también se mostró esta fase con ayuda de una máquina de hacer picadillo. Mano a mano con Iñaki estuvo Miguel Ángel García, criador de Güeñes que recogía el XI Laboral Kutxa DEIA Hemendik saria en representación de la asociación Eoalak. "Primero se extrae el solomillo, se separa el espinazo para liberar las costillas y acceder al lomo", describió sobre el proceso de la txarriboda que se desarrolló con precisión quirúrgica. Aunque ayer se tomaron la licencia de incluir dos cerdos: uno se colgó para que los asistentes adivinaran su peso y el otro fue el despiezado. "No voy a decir nada, solo que no llega a los 250 kilos", desveló Iñaki Eguia para no desvirtuar las apuestas.

Lo obtenido tanto en la porra como en los pintxos de morcilla y txitxiki a un euro se destinará a la iniciativa de cooperación que impulsa el servicio municipal de Güeñes, Gugaz, en el municipio senegalés de Gandiol. "Todavía no sabemos a qué proyecto se destinará en concreto de las muchas ramas en las que está implicada la asociación Hahatay", señaló Iker Álvarez desde el servicio Gugaz. Supondrá el tercer año de estrecha relación Güeñes-Gandiol. En 2017 la ayuda enviada desde Enkarterri contribuyó a la construcción del centro cultural Aminata. Javier Pizarro, de 19 años, viajó allí en diciembre de ese año para asistir a la inauguración. "Me sentí muy orgulloso de mis compañeros de Güeñes porque todos nos esforzamos en actividades durante el año para recaudar fondos. Además, hice amigos con los que sigo en contacto mediante las redes sociales", reveló ayer. En 2018 el dinero reunido dio vida a un festival cultural en Gandiol.

Intercambio cultural Sin saber todavía el objeto de la solidaridad de los vecinos de Güeñes en 2019, los adolescentes se implicaron con la txarriboda ayer como nunca. "Han acudido 55, hemos mejorado el récord de participación. Hay una quinta muy maja de los que cumplen 12 años, la edad mínima para sumarse a Gugaz, que estaban deseando venir", se felicitó Iker Álvarez. Lo que sí confirman desde el servicio de Juventud es que pronto se repetirá el intercambio con un grupo de jóvenes de Gandiol que la pasada primavera convivieron durante una semana en Güeñes.

En marzo se reanudarán los talleres intergeneracionales, que trabajarán en la recuperación de la toponimia local, y el 19 de ese mismo mes, la mesa benéfica se colocará en la feria de San José, que este año se celebrará ese mismo día al tratarse de una jornada festiva.