Rosario Gavilán, vecina de Leioa, sopla las velas de la libertad a los 90 años

13.05.2020 | 01:52
Rosario, emocionada, agradeció la sorpresa de su familia y disfrutó con su tarta de fresa. Fotos: Carlos Zárate

Rosario Gavilán, vecina de Leioa, celebra su cumpleaños pisando la calle tras dos meses de confinamiento sola

Un pájaro nacido en una jaula cree que volar es una enfermedad". Así lo atestigua el artista chileno Alejandro Jodorowsky quien cita: "Un pájaro nace para ser libre por lo que, si se ve encerrado dentro de una jaula (...) es como si se le cortaran las alas y con ellas una de las cosas que más le caracteriza, la posibilidad de volar". Una situación que se asemeja a la vivida por Rosario Gavilán, vecina de Leioa, que a sus 90 años recién cumplidos –concretamente este pasado lunes–, le ha tocado vivir los últimos dos meses sola y aislada de su familia por ese muro infranqueable que ha levantado entre la gente el covid-19.

Una situación que le ha provocado una profunda desazón de la que, poco a poco, se va recuperando. Precisamente el final del túnel llegó este lunes, día de su aniversario, momento en el que se animó a pisar la calle por primera vez desde el 14 de marzo coincidiendo con la entrada en vigor de la fase 1 de la desescalada.

A lo largo de nueve décadas ha vivido múltiples experiencias, cambió de hogar y residencia, recorrió más de 800 kilómetros desde su Córdoba natal a Bilbao en 1963 en busca de un futuro mejor, se casó y luego enviudó, ha tenido cuatro hijos... y ahora, a sus 90 años, ha redescubierto la dulce sensación de libertad.

Lo hizo tras cruzar, apoyada en su inseparable andador, el umbral de la puerta de su piso ubicado entre Leioa y Getxo, donde reside desde 1973, e insuflar una profunda bocanada de aire fresco que le oxigenó los pulmones, le recorrió el cuerpo y, sobre todo, le alivió el alma. Después de tanto tiempo encerrada se sintió como "un pájaro libre que vuela por donde quiere", describió emocionada. Atrás quedaron las oraciones a Dios para que esta enfermedad "tan mala se marche y no vuelva" y cuando su familia le agasajó con una colorida tarta de fresa tenía muy claro el deseo que iba a pedir: "Que esta enfermedad le deje en paz a todo el mundo". Al mismo tiempo, solicitó "salud" para sus hijos Gemma, Inma, Charo y Antonio, y para su nieto Iñigo. No quiso ni reparar en esa artrosis tan puñetera que tanto le ha castigado este tiempo sin paseos y sin los masajes de su hija Gemma Sainz. "El estar tantos días quieta es terrible para sus articulaciones, pero ha cumplido el confinamiento a rajatabla", asegura.

Sus desvelos también han sido por su hija Inma Sainz, que trabaja en el laboratorio del hospital de Cruces, en la vanguardia de la lucha contra el covid-19 en Euskadi, y a la que no ha podido ver por formar parte de esos héroes y heroínas que han librado la guerra en primera línea de fuego; o por su hija Charo, que ha vencido al bicho mientras su cuñado todavía se pelea contra él.

Celebración Por eso Rosario tiene muchas cosas que celebrar. La vida, la principal de ellas, pero también la amabilidad de esas vecinas que le han estado llevando la compra durante este tiempo para que no saliese de casa o el apoyo que le ha brindado semanalmente una asistente social. También esas buenas facultades que todavía conserva y que le permiten hacerse "el desayuno y la comida". "Siempre me ha gustado cocinar y, como soy muy casera, pues no lo he pasado muy mal, salvo por el dolor de huesos", relata con una soltura impropia de su edad. También disfruta haciendo manualidades y por eso la red de costureras de Bizkaia, con la que su hija Gemma ha colaborado este tiempo de crisis sanitaria, le brindó una gran sorpresa de cumpleaños llena de regalos para que siga "entretenida". Con la cita para la peluquería ya reservada, ahora solo desea afrontar "los años que vengan" libre como un pájaro.