Más visitantes, más responsabilidad: el desafío sostenible del turismo en Bizkaia
La consolidación del territorio como destino turístico obliga a repensar la movilidad, la gestión de espacios naturales y la distribución de flujos para garantizar un desarrollo equilibrado
Lo que comenzó como una transformación urbana vinculada a la recuperación de Bilbao y la apertura del Museo Guggenheim Bilbao se ha convertido en una oferta turística mucho más diversa que combina patrimonio cultural, gastronomía, naturaleza y experiencias al aire libre. El crecimiento del sector ha generado actividad económica y empleo, pero también ha puesto sobre la mesa una cuestión cada vez más relevante: cómo compatibilizar el aumento de visitantes con la conservación ambiental y el bienestar de la población local.
Según los datos más recientes de las instituciones vascas, Bizkaia recibe anualmente cerca de dos millones de viajeros en establecimientos turísticos reglados, una cifra que se ha recuperado e incluso superado en algunos momentos tras el paréntesis provocado por la pandemia. A ello se suman miles de excursionistas que visitan el territorio sin pernoctar, especialmente durante los meses de verano y los fines de semana.
Los principales atractivos
La costa concentra buena parte de esa presión turística. Localidades como Bermeo, Lekeitio, Mundaka o Bakio reciben cada año a miles de visitantes atraídos por sus playas, paisajes y oferta gastronómica. A ello se suma el interés creciente por espacios de alto valor ecológico como la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, considerada uno de los enclaves naturales más importantes del Cantábrico.
Precisamente en estos espacios surge uno de los principales desafíos. Un exceso de visitantes puede provocar erosión de senderos, alteraciones en la fauna, acumulación de residuos o problemas de movilidad. La sostenibilidad turística ya no se entiende únicamente como una cuestión ambiental, sino también como una herramienta para garantizar que los recursos naturales mantengan su valor a largo plazo.
Las administraciones y entidades gestoras trabajan desde hace años en medidas destinadas a reducir estos impactos. La promoción del transporte público, la regulación de aparcamientos en zonas sensibles, la mejora de itinerarios señalizados y las campañas de sensibilización ambiental forman parte de las estrategias más habituales. También se impulsa la diversificación de destinos para evitar la concentración de visitantes en unos pocos puntos especialmente populares.
El interior de Bizkaia representa, en este sentido, una oportunidad creciente. Espacios como el Parque Natural de Urkiola o el Parque Natural de Gorbeia atraen cada vez a más personas interesadas en el senderismo, el cicloturismo o el turismo de naturaleza. Esta tendencia permite distribuir mejor los flujos turísticos y generar actividad económica en comarcas menos vinculadas tradicionalmente al sector.
La sostenibilidad también está relacionada con la movilidad. El transporte es una de las principales fuentes de emisiones asociadas al turismo. Por ello, la mejora de las conexiones ferroviarias, el uso de autobuses interurbanos y el desarrollo de infraestructuras para bicicletas aparecen como elementos clave para reducir la huella ambiental de los desplazamientos.
Otro aspecto fundamental es la implicación de la población local. Expertos en planificación turística coinciden en que el éxito de un destino no debe medirse únicamente por el número de visitantes, sino también por su capacidad para mejorar la calidad de vida de quienes residen en él. Mantener el equilibrio entre actividad económica, conservación del patrimonio natural y cohesión social constituye uno de los grandes retos de los próximos años.
En un contexto marcado por el cambio climático y la creciente sensibilidad ambiental, Bizkaia cuenta con importantes fortalezas para consolidar un modelo turístico más sostenible. La riqueza de sus ecosistemas, la diversidad de sus paisajes y una creciente conciencia sobre la necesidad de protegerlos convierten al territorio en un escenario idóneo para demostrar que desarrollo económico y conservación ambiental no tienen por qué ser objetivos incompatibles. El desafío consiste en encontrar el punto de equilibrio que permita seguir acogiendo visitantes sin comprometer aquello que hace único al destino.
Temas
Más en Bizkaia
-
Abaunza: “Bilbao es una referencia internacional en transformación y regeneración urbana”
-
“La prevención no puede recaer únicamente sobre las mujeres; ellos tienen un papel fundamental”
-
Una reflexión por parte de los implicados en la transformación ambiental
-
El valor oculto de los metales reciclados en la transición ecológica