Con el estío asomándose ya en el calendario, calles y plazas de muchos municipios de Bizkaia comienzan a llenarse de txosnas, banderines y equipos de sonido. Llegan las fiestas. Los ayuntamientos asumen que en estos espacios de ocio también se producen agresiones contra las mujeres y, por ello, activan distintos recursos no solo para prevenirlas, sino también para abordarlas desde su origen.
En Arrigorriaga, el objetivo es claro: construir una cultura festiva donde no tengan cabida actitudes sexistas, homófobas o racistas, y en la que exista un rechazo social firme ante cualquier agresión. “Esa es la clave”, apunta Joana Etxeberria, concejala de igualdad de la localidad gobernada por EH Bildu.
Por ello, explica Etxeberria, cuando llegan las fiestas una de las principales preocupaciones del Ayuntamiento es garantizar que todas las personas puedan disfrutarlas en libertad y en igualdad de condiciones. “Tienen que ser espacios de disfrute colectivo, no lugares donde determinadas personas, especialmente mujeres y personas con identidades de género no normativas, vivan desde la alerta y el miedo”, sostiene.
Trabajar en la prevención de las agresiones machistas es sólo una de las líneas de actuación del Consistorio, que también impulsa medidas que van más allá de reaccionar ante agresiones concretas y buscan abordar las celebraciones desde una perspectiva feminista más amplia.
"Que tengan que tapar el vaso con la mano, no quedarse solas o estar constantemente comunicadas entre ellas son estrategias de autoprotección"
Según señala la edil de Igualdad, es necesario situar estos espacios “dentro del contexto de la violencia machista normalizada”. Así, Etxebarria evita establecer una relación automática entre fiestas y agresiones. Con todo, reconoce que muchas veces el contexto festivo se presta a cierto tipo de violencias, como tocamientos, insistencias, acoso verbal o miradas intimidatorias.
“Todas ellas son, por desgracia, experiencias habituales para muchas mujeres”, lamenta. “Y tienen consecuencias muy concretas en cómo viven las fiestas muchas chicas jóvenes. Que tengan que tapar el vaso con la mano, no quedarse solas o estar constantemente comunicadas entre ellas son estrategias de autoprotección”, agrega Joana Etxebarria.
Con ese objetivo de construir una cultura festiva libre de violencias, Arrigorriaga impulsa medidas que van más allá de reaccionar ante agresiones concretas y buscan abordar las fiestas desde una perspectiva feminista más amplia.
“Esto se traduce en iniciativas que llevamos varios años impulsando, como el diagnóstico sobre fiestas en igualdad, con un proceso para acordar criterios feministas a la hora de programar las fiestas”, aterriza la edil.
También figuran un protocolo institucional específico de actuación ante agresiones y el punto morea, una de las herramientas centrales de la estrategia municipal. “Además de ser un espacio de atención frente a agresiones, también cumple una función de sensibilización y prevención”, destaca Etxeberria.
La colaboración ciudadana, un aspecto "fundamental"
La estrategia se completa con una campaña con bares y txosnas, con el objetivo de que la prevención “sea más amplia”. En ese sentido, la política abertzale considera que la colaboración con otros agentes sociales es fundamental, dado el carácter comunitario de las celebraciones. “Las instituciones solas no podemos transformar dinámicas sociales estructurales, necesitamos la implicación de asociaciones, hostelería, las jai batzordeak y de toda la ciudadanía para construir espacios más respetuosos y seguros”, apunta.
Lograr espacios más seguros y respetuosos, subraya la concejala, pasa también por una línea de trabajo específica con hombres y chicos jóvenes. “La prevención no puede recaer únicamente sobre las mujeres; ellos tienen un papel fundamental”. Ese es precisamente el mensaje central del vídeo que el Ayuntamiento difundió durante las últimas Madalenas, la principal cita festiva del municipio.
Durante esas celebraciones, el Consistorio tuvo constancia de un incidente contra el punto morea, que provocó una respuesta ciudadana “contundente”. Fue el único caso de violencia machista registrado oficialmente durante las fiestas, aunque Etxeberria aclara que eso no implica que no se produjeran más situaciones.
"Cuando hablo de respetar sus decisiones me refiero a respetarlas de manera íntegra. Si la persona decide no trasladar a lo público lo vivido, a nosotras nos toca respetarlo"
“Sabemos que las agresiones ocurren y que existe una clara infradenuncia”, admite. La concejala atribuye esa realidad a las dificultades que, a su juicio, afrontan muchas mujeres tras dar el paso de denunciar. “A veces, eso actúa como un elemento disuasorio. Por eso es tan importante estar pendientes, estar en la calle y que la gente permanezca alerta. Muchas veces, la intervención de quienes están alrededor permite frenar una situación desde el primer momento”, asegura.
Señala, además, la importancia de situar en el centro a la persona que ha sufrido la agresión: acompañarla, escucharla y, solo después, activar los recursos existentes. "Cuando hablo de respetar sus decisiones me refiero a respetarlas de manera íntegra. Si la persona decide no trasladar a lo público lo vivido, a nosotras nos toca respetarlo", aclara.
Este enfoque no está necesariamente reñido con una importante dimensión colectiva: el rechazo social frente a las agresiones y la necesidad de dejar claro que determinados comportamientos no tienen cabida en las fiestas. “La respuesta popular debe servir para acompañar, proteger y generar comunidad, no para exponer públicamente a la víctima ni convertir su situación en un espectáculo”, matiza.