Colgada en su primera parte del abismo del final de la pared de Itzina que todos vemos cuando pasamos por la autopista A 68 en el término municipal de Orozko, situamos esta cenefa asemejando a un rectángulo gigante por el que se pretendía que corriera el agua desde Aldabide, en Itzina, bajo las Atxas, hasta Lupetzeta, embalse final en la segunda parte del canal.
Esta ruta no se recomienda a gente que no esté preparada como montañero avezado. Es peligrosa sobre todo si ha llovido, con niebla, o si no se conoce el recorrido. Nunca he llevado a niños en las muchas salidas guiadas que he realizado al lugar. Mucha exposición al abismo en muchas partes del recorrido y un resbalón puede ser demasiado peligroso, hasta el límite. No nos guiemos por algunas recomendaciones de wikiloc u otras informaciones digitales, cuando el monte se pone serio, hay que preguntar y asesorarse antes de acometer una travesía desconocida y con riesgos. Antaño diversas marchas montañeras lo cruzaban, sobre todo del Itxinape Mendi Taldea, ya no. Igual el alimoche tiene también parte de culpa.
Otra de las Historias montañeras un tanto personales que tenía ganas de contar. No deja de ser ésta una página familiar, dado que los montañeros somos así. La empresa responsable de su construcción fue ‘Pradera e hijos S. A’ quien hizo la obra a partir de 1945. Sigue funcionando en Ugao, desde hace 104 años, bajo una arquitectura idéntica a las fábricas de época en Inglaterra, actualmente se llama Calibrados Pradera. Tuve la suerte de conocer a José Pradera y Goyo Sagarduy, responsables de la empresa. José era un hombre de aquellos bondadosos, culto, con gran responsabilidad industrial y eficiente en su trabajo. Me dejó el siglo pasado fotocopiar todos los documentos del proyecto, la mayoría manuscritos, una joya de centenar y pico de páginas. Goyo era íntimo amigo de mi aita. También pongo en escena a Koldo del Arco, encargado desde 1952 a 1957 sobre todo de “el cable” (*1). Él denominaba la obra como “el salto del agua”, muchas personas de Ugao también lo decían al desconocer el topónimo del macizo que corresponde a Axkorrigan, una preciosa cima de Gorbeia situada a 1099 m de altitud con una de las panorámicas más alucinantes que podemos ver en todo el Parque Natural.
El gran responsable finalmente, con conexión familiar en Zeberio y Miravalles, fue Feliciano Guinea, del barrio Aresketa, en Orozko. Este hombre acogió a mi amigo Koldo en uno de sus caseríos, me lo contaba en una visita que le llevé al lugar el 27 de agosto de 2017 llevando 57 años sin volver pues desde que dejó la empresa y Orozko, nunca regresó. Fue emotiva su mirada con alguna pequeña lágrima e interés por ver cómo todo el bosque estaba repleto de vegetación, cosa que antaño no era así. Estuvieron trabajando 10 obreros andaluces y aragoneses y otros 27 obreros jovencísimos del pueblo. Mi aita, Javier García Rodrigo, en su primer trabajo estando todavía estudiando en Bilbao, era el responsable de ir a pagarles los sábados el jornal semanal, yendo en su motocicleta desde 1954, he tenido buen maestro en casa. En 1957 se vende el canal a la empresa de Durango Mendizabal. Eran propietarios del embalse de Undurraga en Zeanuri y su proyecto era comunicar por un túnel el canal y el embalse, cosa que el Gobierno español no les dejó. La longitud del “Canal de Atxondozearra”, como lo llamaba Victor Olabarria (del barrio Sautu) es de casi 9 km y nunca funcionó. Hubo un corrimiento de tierras tras unas lluvias feroces que movieron hasta montes.
Comienza bajo las Atxas de Itzina, en Aldabide, y la cenefa de cemento que hace el cajón del canal llega a Sintxita donde gira 100º, y acaba en Lupetzeta. Son dos partes que están separadas por el parking de Belaustegi. 12 años de trabajos. Otro informante y amigo de Urigoiti, Goio Amundarain, lo llama “Aretxikerraldea”. El nombre oficial de la obra fue; Proyecto aprovechamiento hidroeléctrico de la cuenca superior del río Ibarra. Arroyos: Aldabide, Sinsieta, Txarritxabaleta, Ubidesasi, Errekagatxo, Pagaluce, Maspilora.
(*1) “el cable”, así llamaban muchas personas al teleférico rudimentario que instalaron cerca de Usabel llevando volando los materiales y a los obreros al aire sin ningún tipo de seguridad, hasta la pared. No existe fotografía del ingenio, pero Koldo me lo contó al detalle, “era una montaña rusa, a veces sacaba los pies del cajón”, decía.