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Ermua muestra su pasión artística

La Escuela de Pintura expone en Lobiano Kultur Gunea cerca de 300 obras realizadas durante el curso

Ermua muestra su pasión artísticaKevin Doyle

Hay exposiciones que no buscan impresionar, sino compartir. Enseñar lo aprendido, abrir las puertas del aula y convertir el arte en algo cercano. Es precisamente lo que puede encontrarse estos días en el Lobiano Kultur Gunea, donde laEscuela de Pintura de Ermua expone hasta el próximo día 17 una amplia muestra colectiva con cerca de 300 obras realizadas por su alumnado a lo largo del curso. Una exposición que habla de técnica y creatividad, pero también de convivencia, descubrimiento y pasión por pintar. “Ermua tiene una sensibilidad artística que me ha llamado muchísimo la atención; nunca me había encontrado con tanta pasión y salud creativa”, reconoce Maritxu Intxausti, profesora del taller de pintura y una de las voces que mejor resume el espíritu de la muestra. Este ha sido su primer año impartiendo clases en Lobiano y asegura haber vivido una experiencia especialmente enriquecedora. “A nivel personal ha sido una experiencia brutal. Las condiciones que ofrece la Casa de Cultura de Lobiano son muy buenas en cuanto a tarifas y el material que se les ofrece”, explica, poniendo en valor la apuesta del Ayuntamiento por acercar la práctica artística a la ciudadanía.

La exposición recoge trabajos realizados con técnicas muy diversas: óleo, óleo al agua, acuarela, acrílicos, témperas, carboncillo, lápices de colores o rotuladores. También los soportes cambian constantemente, desde lienzos hasta papeles específicos de acuarela. “Es una muestra muy variada y rica en materiales”, resume Intxausti, destacando además que gran parte de esos recursos son facilitados por la propia Casa de Cultura.

Desde el pasado lunes, las paredes del espacio cultural se han convertido en una especie de diario visual colectivo. Paisajes, ejercicios abstractos, composiciones libres y obras colaborativas comparten protagonismo en una exposición donde no existe una única forma de entender la pintura. “Se trata de una muestra colectiva que recoge una amplia variedad de los trabajos realizados por el alumnado durante el curso”, explican desde la organización. Pero el objetivo va mucho más allá de enseñar cuadros terminados. “Es el gran escaparate anual donde se comparte con el pueblo el progreso técnico y la sensibilidad artística desarrollada en las aulas”.

Amplia variedad de trabajos

La exposición tiene además un marcado carácter intergeneracional. En ella conviven los primeros trazos de niños y niñas de apenas seis o siete años con trabajos de alumnos veteranos que llevan décadas vinculados al arte. “Veremos desde los primeros trabajos de los más novatos hasta obras con un acabado excelente de los veteranos”, apuntan desde la escuela. Esa mezcla de edades y niveles es precisamente uno de los rasgos que más personalidad da al proyecto.

Desde principios de los 90

Cerca de 90 alumnos y alumnas forman parte de esta edición y cada uno expone entre dos y tres trabajos, lo que eleva la cifra total hasta casi 300 obras. “Suele contar con la participación del total del alumnado y eso siempre significa una amplia variedad de trabajos donde prima la calidad”, explican. El resultado es una exposición viva, dinámica y diversa, donde cada cuadro refleja un proceso distinto. Pero detrás de la muestra hay también una historia de más de tres décadas. La Escuela de Pintura de Ermua nació a principios de los años 90 gracias a la inquietud artística de varios vecinos y vecinas, con el respaldo del Ayuntamiento. Lo que comenzó siendo una actividad puntual acabó convirtiéndose en un proyecto consolidado y muy arraigado en la vida cultural del municipio. “Ha pasado de ser una actividad a una estructura más organizada y compleja, con diferentes turnos, enseñanza de distintas técnicas y una presencia social mucho más fuerte”, explican desde la organización.

Actualmente, la escuela vive un momento de estabilidad y madurez. “Tenemos un alumnado estable y un espacio físico que es un privilegio para trabajar y exponer”, destacan desde la organización. Y es que la afición artística en Ermua sigue muy viva. “Solo hay que ver el éxito de los concursos de pintura al aire libre y la asistencia a la escuela. Además, esa sensibilidad artística no se da solo en esta disciplina, basta con mirar la potente agenda cultural del municipio”, apuntan agradecidos.

La muestra cuenta con un marcado carácter intergeneracional

Más allá del aprendizaje técnico, la escuela defiende una filosofía basada en el disfrute y la mirada personal. “El objetivo es la formación técnica, pero también la paciencia, la creatividad, la observación y el respeto a la idiosincrasia de cada artista y su obra”, explican. Un planteamiento que conecta directamente con quienes acuden cada semana al taller.

Es el caso de Mari Cruz Astola, una de las alumnas veteranas de la escuela. “Llevo muchos años viniendo aquí; toda la vida ligada al mundo del arte. Me gusta, paso el rato aquí. Me aporta disfrute”, cuenta. Su técnica favorita es el óleo y reconoce una especial atracción por los paisajes y el mar. Además, pone en valor el ambiente que se existe en el aula. “Tenemos una profesora que está muy bien, estamos encantadas”, asegura.

Familia artística

En una línea parecida se expresa también Mari Cruz Arrizabalaga, quien define las clases como “un rato de relax, compañerismo y descubrimiento de nuevas técnicas”. Para ella, el grupo humano es una parte fundamental de la experiencia. “Tenemos muy buen ambiente, somos como una familia artística”, resume.

La exposición busca acercar el arte a la ciudadanía y romper la idea de que la creación pertenece únicamente a galerías o espacios especializados. “Queremos que el arte no sea algo encerrado en un aula, sino que los vecinos y las vecinas de Ermua lo sientan como algo propio y accesible”, explican desde la organización. La respuesta del público suele ser constante. Familias, vecinos y curiosos recorren cada tarde la sala descubriendo no solo cuadros, sino también pequeñas historias personales detrás de cada obra.

Porque al final, lo que se expone no son solo cuadros. Son horas de trabajo, dudas, descubrimientos. Son pequeñas historias que se cuelgan en una pared durante unos días para ser compartidas. “Pintar es una forma de reflexionar y de transmitir cómo ves el mundo”, animan desde la organización.

La muestra estará disponible hasta el próximo día 17 en el Lobiano Kultur Gunea. Mirando al mañana, “el reto es seguir ofreciendo una formación de calidad, acercar la práctica de esta disciplina artística a los/as más pequeños/as y conseguir que los jóvenes no abandonen su interés por el arte al crecer”, zanjan con ganas de seguir trabajando.

Maritxu Intxausti, profesora de pintura en Lobiano