¿Cuánto pesa el 'fantasma de hormigón' de Lemoiz?
Ocho millones de metros cúbicos de cemento y acero 'hibernan' en la costa
Todo lo que rodea el proyecto fallido de la central nuclear de Lemoiz tiene proporciones monumentales, lejos de los parámetros que maneja la mayoría de la ciudadanía. Desde su origen, ya que se diseñó una instalación de vanguardia para la época con una inversión acorde, a su sepultura, sellada con una indemnización de 2.273 millones de euros del Estado a Iberdrola, todas las cifras tienen un punto casi ilusorio.
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Las instalaciones de la central ocupan aproximadamente 35 hectáreas, casi nueve veces San Mamés; el dique que se está reparando tiene una longitud de 300 metros y una altura de 15, como un edificio de cuatro pisos, y la doble valla de seguridad del perímetro que no está asomado al acantilado tiene 1.600 metros de longitud, cien metros más que toda la Gran Vía de Bilbao.
De todos esos números, solo queda, según los cálculos del Gobierno vasco, un fantasma de ocho millones de metros cúbicos de hormigón que no se puede mover. “Sería un disparate medioambiental”, aseguró la semana pasada el consejero de Industria, Mikel Jauregi, en el Parlamento Vasco. No es posible reciclarlo y el coste ecológico y económico de llevarlo a un vertedero es inasumible.
Más de 19 millones de toneladas
¿Cuánto pesa ese fantasma de cemento y acero? Técnicamente depende de las proporciones de agua, arena y otros áridos que se utilicen en la mezcla. Sobre el papel el peso del metro cúbico de hormigón oscila entre los 2.300 y 2.500 kilogramos.
Sin embargo, para cálculos estructurales los arquitectos fijan una media de 2.400 kilos; es decir 2,4 toneladas. De modo que el gigante de Lemoiz supera los 19.200 millones de kilogramos de hormigón, más de 19,2 millones de toneladas. O lo que es lo mismo, el peso de 26 superpetroleros con carga máxima, los que transportan el mayor tonelaje posible en el planeta.
Al hormigón que lleva décadas hibernando en el acantilado hay que sumar los 18.600 kilos que supondrán los 45 bloques con los que se está reforzando el dique.
La historia fallida
En el año 1972, Iberduero, antes de convertirse en Iberdrola tras la absorción de Hidroeléctrica Española , comenzó la construcción de dos reactores nucleares de 900 megavatios en la cala de Basordas, a escasos 27 kilómetros de Bilbao.
Esta edificación formaba parte del proyecto eléctrico emprendido por el Estado español en los años 70, que buscaba garantizar la independencia eléctrica y que también contemplaba la construcción de otras dos centrales más en Euskadi, una en Ispaster y otra en Deba.
La moratoria nuclear de 1983, aprobada por el primer gobierno de Felipe González, enterró definitivamente el proyecto, que estaba a punto de concluir, como ocurrió con todas las centrales nucleares en proceso de construcción.
