El municipio de Durango está viviendo el nacimiento de una iniciativa que no se entiende solo como deporte, sino como una forma de encontrarse y socializarse. El Social Run, impulsado por la durangarra Ana Baños, ha celebrado ya tres jornadas y se ha ido consolidando como una cita que cada sábado reúne a personas de distintos niveles para salir a correr en grupo, sin cronómetros ni presión, con el único objetivo de compartir el camino.

El punto de partida es siempre el bar Ai Ama. Allí comienza y termina una experiencia que mezcla deporte y conversación, esfuerzo y café, kilómetros y relaciones humanas. “He estado ocho años viviendo en Madrid y allí era algo muy habitual este tipo de quedadas. Se organizaban mucho y funcionaban muy bien. Como mi hermano tiene el bar, se me ocurrió poder organizarlo aquí y probar a ver cómo respondía la gente”, explica Ana Baños.

El resultado ha superado expectativas. Y es que en apenas tres jornadas, el Social Run ha ido sumando más de un centenar de participantes en tres jornadas y creando un grupo que no deja de crecer. “Hemos flipado con la cantidad de gente que ha venido y nos ha encantado la mezcla de edades”, cuentan desde la organización. No es solo una cuestión de números, sino de perfiles. “Ha venido gente desde Eibar que venían a socializarse y conocer gente nueva. Viene gente de Mañaria, Elorrio, Amorebieta, de todas partes. Dentro de Durango también han venido cuadrillas diferentes y nos ha encantado esa mezcla de gente y cómo se han unido al proyecto”.

'Norabidea galdu barik'

La propuesta, que arranca los sábados a las 10.00 horas desde el bar Ai Ama, nace con la idea de reunir a personas de distintos niveles para salir a correr en grupo, en un ambiente distendido y sin espíritu competitivo. “La gente ahora quizás sale menos, y creemos que esto puede ser una forma de socializarse de manera saludable, haciendo deporte y conociendo a gente nueva”, señala la impulsora. Y añade una frase que funciona casi como declaración de intenciones. “Nuestro lema: norabidea galdu barik”.

Reunión de corredores de distintos niveles en un ambiente distendido Pablo Santurce

El Social Run ha encontrado su propio lenguaje. No hay dorsal, no hay clasificación, no hay tiempos oficiales. Hay grupos, ritmos distintos y una idea clara en la que nadie se queda atrás. “No hay ninguna carrera y se viene a disfrutar del plan del sábado. No hay piques ni espíritu competitivo. La comunidad que estamos creando está muy guay”, insisten desde la organización, lanzando el llamamiento a toda la ciudadanía.

Cada jornada se estructura en varios grupos de nivel, con recorridos adaptados y siempre con dos liebres. Esa imagen, sencilla pero muy simbólica, resume bien el espíritu del proyecto. No se trata de llegar primero, sino de llegar juntos. “Siempre hay dos liebres por grupo: una liderando la ruta y otra cerrando para que nadie se quede atrás. Nos adaptamos siempre al grupo”, explican.

Las rutas también cambian cada semana, como si el propio proyecto quisiera evitar la rutina. La primera llegó a Abadiño, la segunda discurrió por Durango y la última se fue hacia la zona de Izurtza. Pero quizá lo más significativo ocurre después de correr. Porque el Social Run no termina en la meta. “El segundo día hizo sol y después de correr la mayoría se quedó en el desayuno posterior con café incluido para charlar”, recuerdan. Y es ahí donde el proyecto cambia de forma: deja de ser solo running y se convierte en conversación. “El grupo de 5 kilómetros corrimos media hora y estuvimos hora y media en la terraza conociendo gente nueva, fue muy divertido”, añade Ana Baños, encantada con las sensaciones que transmite el grupo. 

Enriquecedor

La respuesta, además, está siendo constante. “Gente que repite y se trae a sus amigos a probar. Las camisetas se nos están agotando y eso es súper buena señal”, comentan entre risas desde la organización. Más allá del dato, lo importante es el gesto: la gente vuelve, invita, recomienda, se queda.

También hay una lectura más profunda en lo que está ocurriendo. Muchos de los participantes son personas que habían empezado a correr hace poco o que lo hacían en solitario. “Lo que más nos están agradeciendo los runners es haber creado este grupo. La gran mayoría es gente que empezó a correr hace poco y se le estaba haciendo bola hacerlo solo. Esto de ir en grupo les motiva un montón. Está siendo muy enriquecedor”, agradece su impulsora.

La jornada se celebra todos los sábados a las 10.00 horas Pablo Santurce

El Social Run, en ese sentido, funciona como una especie de antídoto contra la soledad del deporte individual. El proyecto tiene vocación de continuidad: cada sábado a las 10.00 horas, el mismo punto de encuentro, el mismo espíritu. Sin grandes pretensiones, pero con una energía que crece semana a semana. “Estamos disfrutando un montón de las rutas, de compartir y sobre todo de ver cómo la gente conecta”, resume Ana Baños.

Y así, entre zapatillas, café y conversación, el Social Run va escribiendo su propio relato. Uno que no necesita grandes tiempos ni finales épicos. Solo la repetición tranquila de algo que empieza a formar parte de la mañana de los sábados en la villa durangarra. 

Para más información: 678 299 138 / Instagram: @aiamarunclub.