El sector de la construcción en Euskadi está viviendo una transformación silenciosa. Aunque históricamente ha sido un terreno reservado para hombres, historias como la de Yanina Borisova, una profesional ucraniana que llegó a Basauri hace cuatro años, demuestran que el talento no entiende de géneros, sino de técnica y perseverancia.
"Lo llevo en la sangre"
Para Yanina, la construcción no fue una elección al azar o una necesidad desesperada tras el exilio; fue una continuación de su identidad. "La construcción está dentro de mi sangre", afirma con orgullo. Hija de una madre y un padre albañiles, Yanina se formó en la universidad en Ucrania y ya ejercía allí como jefa de obra antes de que la guerra le obligara a buscar un nuevo destino para ella y sus dos hijas.
Al llegar a España en autobús, se encontró con una realidad cultural distinta. A pesar de su amplia experiencia, los primeros contactos con el sector fueron desalentadores: le decían que ser una "chica de construcción" era imposible porque en este país "no hay chicas" en las obras. Sin embargo, su determinación se impuso a los prejuicios.
Choque cultural
La experiencia de Yanina pone de relieve una diferencia abismal en la percepción del trabajo femenino. Mientras que en el estado la presencia de la mujer en la construcción apenas roza el 11,5 % (según datos del Observatorio Industrial de la Construcción), Yanina relata que en Ucrania la situación es la inversa: "En Ucrania el 80% de las mujeres que trabajan en el sector de la construcción trabajan en la obra, y no en oficina".
En su país de origen, oficios como la pintura o el lucido de paredes son considerados trabajos eminentemente femeninos, hasta el punto de que ver a un hombre en esas tareas resulta inusual. Esta perspectiva global desafía la idea de que la construcción sea un trabajo "naturalmente" masculino, demostrando que las barreras son, e su mayoría, culturales y sociales. Yanina destaca de su empresa que en todo momento se ha sentido "respaldada y respetada" por sus compañeros.
Liderazgo y autoridad
Actualmente, Yanina trabaja como encargada de obra, liderando equipos y gestionando proyectos con una solvencia que ha silenciado las dudas iniciales. Reconoce que el camino ha sido duro y que ha tenido que enfrentar comentarios que cuestionaban si ese era "su sitio". "Yo aguantaba tres edificios sola, algo que algunos chicos con los que trabajo no podrían aguantar", explica, subrayando que no necesita ayuda extra por el hecho de ser mujer.
Su ascenso no fue un regalo. Tras entrar en su empresa actual gracias a un currículum sólido y años de profesionalismo, comenzó con un contrato de tres meses que pronto se convirtió en fijo tras demostrar su capacidad de mando y ojo crítico para los detalles. Para ella, la clave reside en la confianza: las empresas deben atreverse a contratar mujeres porque "muchos trabajos los pueden hacer mujeres; es duro, pero sí".
Referente a gran escala
Hoy, Yanina no solo construye edificios; sirve de ejemplo para muchos de sus compañeros y compañeras. Sus compatriotas y otras mujeres del sector le preguntan a menudo si es posible hacerse un hueco en Euskadi. Su respuesta es siempre afirmativa. Defiende que las mujeres aportan una "vista de detalles" esencial para que el resultado final sea, además de sólido, bonito.
Este 8M, la historia de Yanina recuerda que la igualdad en la obra no es solo una cuestión de justicia social, sino de riqueza profesional. Ella es la prueba de que, cuando se dejan de lado los estereotipos y se mira el talento, la construcción se vuelve un lugar más fuerte, más detallista y, sobre todo, más real.
Un sector con oportunidades
La incorporación de la mujer al sector de la construcción no es solo una cuestión de equidad, sino una respuesta estratégica a los retos del futuro. Iniciativas como las de la Fundación Laboral de la Construcción del País Vasco (FLCPV) buscan derribar prejuicios mediante la formación y la visibilidad de nuevos referentes femeninos, demostrando que la actividad constructora puede y debe ser más diversa.
Un dato revelador que destaca el informe de la FLCPV es el altísimo nivel de preparación de las mujeres que deciden entrar e este sector: seis de cada diez cuentan con estudios superiores, una cifra que subraya el potencial de este talento para reducir la brecha de género y cubrir perfiles profesionales altamente cualificados.