Hay proyectos que nacen con vocación de futuro, y luego están los que, además, nacen con alma. Erreferenteak, la iniciativa de nueva longevidad de BBK Fundazioa, pertenece sin duda a este segundo grupo.

No habla de finales, ni de despedidas, ni de puntos finales; todo lo contrario. Habla de comienzos. De tiempo ganado. De vidas que, lejos de apagarse tras la jubilación, brillan con una luz nueva, más libre, más consciente y, sobre todo, más gozosa.

Es lo que quedó patente en la primera gala celebrada en Mungia donde se dieron a conocer las primeras historias de este emotivo proyecto que acaba de arrancar en la comarca. Una cita emotiva y divertida donde la nueva longevidad dejó de ser un concepto para convertirse en algo palpable, cercano, profundamente humano.

Ayer no se hablaba de edad, sino de propósito. No de pasado, sino de presente lleno de energía. Conocimos el proyecto, sí, pero sobre todo conocimos más de cerca (además de reírnos y emocionarnos) a sus protagonistas: Cristina, Pepi, Rosa, José Antonio y Pedro. Cinco historias distintas, pero unidas por una misma actitud ante la vida: todavía queda mucho por hacer cuando llega el momento de la jubilación.

Todo un ejemplo a seguir

Antes de que comenzara el acto, Nora Sarasola, directora de la Obra Social BBK, puso palabras a lo que flotaba en el ambiente. Habló de la importancia de impulsar una nueva mirada sobre la longevidad, de entender la jubilación como una etapa activa, fértil y llena de oportunidades para seguir aportando a la comunidad.

Un público entregado que no pudo disfrutar más Markel Fernández

En su intervención al comienzo de la gala destacó que estas personas son un ejemplo real, cercano e inspirador. Personas con propósito, que no solo lo han encontrado, sino que lo viven y lo disfrutan cada día. Y en sus palabras no había teoría, sino admiración sincera.

A esa idea se sumó tras ella la alcaldesa de Mungia, Alaitz Erkoreka, anfitriona orgullosa de una gala que se sintió como en casa desde el primer minuto. No era un acto institucional al uso; era un encuentro entre vecinos, entre generaciones, entre historias que merecen ser contadas y escuchadas. Y el espacio elegido no pudo ser mejor: la Casa de Cultura Torrebillera, donde se visibilizaron estas historias inspiradoras.

Complicidad y sonrisas

El encargado de tejer todo esto sobre el escenario fue el periodista Jon Gómez, que condujo la gala con una mezcla perfecta de cariño, humor y naturalidad. Se ganó al público, pero sobre todo se ganó a los propios referentes, que se sintieron cómodos, escuchados y valorados.

Gracias a él, las conversaciones fluyeron como si estuviéramos en una sobremesa larga, de esas en las que se mezclan risas, recuerdos y alguna que otra emoción.

Y entonces llegaron ellas y ellos... y sus historias. Como la de Cristina Mayor y su compromiso con las mujeres de su comunidad y su empeño en apoyar, acompañar y abrir caminos. En su voz había firmeza, pero también ternura. La suya es una lucha que no se vive desde el enfado, sino desde el amor y la convicción de que juntas se llega más lejos. Con José Antonio nos adentramos en los secretos de la sokatira, un mundo de fuerza, estrategia y compañerismo que va mucho más allá de tirar de una cuerda. Nos hizo entender que, como en la vida, el equilibrio y el trabajo en equipo lo son todo.

Cuando llegó el turno de Rosa, esta nos llevó al campo, a una vida marcada por el esfuerzo, la naturaleza y los ritmos que no marcan los relojes, sino las estaciones. Su relato recordaba esos madrugones y el sacrificio, pero también el orgullo por una vida vivida con coherencia y entrega.

Antes que ellos, Pepi, pura chispa. Entre anécdota y anécdota, entre recuerdos contados con picardía, logró que el público (y el propio presentador) no dejara de reír. Pero detrás de ese humor había memoria, experiencia y una forma valiente de mirar al pasado sin nostalgia triste, solo con gratitud y ganas de seguir sumando capítulos. Como los de sus libros de memorias.

Por último, Pedro, el más reservado y que dejó entrever una vida llena de historias en su trabajo como conductor de grandes políticos. De esas que se guardan con discreción, pero que dibujan décadas de responsabilidad, confianza y miles de kilómetros recorridos.

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La risa fue una constante en una tarde de reconocimiento a estos referentes. Y es que en cada uno de ellos desde BBK Fundazioa, con este proyecto Erreferenteak, hemos visto a alguien cercano: una madre, un vecino, un amigo... o quizá nuestro propio reflejo dentro de unos años.

El proyecto Erreferenteak no solo presentó un programa social. Nos recordó que hacerse mayor y jubilarse puede ser, también, hacerse más libre y ser todo un ejemplo.