Huellas de Galdames
El noveno libro de memoria histórica que el Ayuntamiento publica por Navidad recupera las historias de vecinos y vecinas que llegaron o bien emigraron buscando prosperar, huyendo de la Guerra Civil, por razones familiares...
"Las señales, las pistas, el rastro que dejan las personas cuando regresan, se van o llegan con una mochila cargada de sueños bien distintos a la realidad que, generalmente, encuentran a posterior". La concejala de Cultura de Galdames, Nagore Orella, define con estas palabras el significado de Huellas, el título del noveno libro de memoria histórica local realizado por la empresa Novélame y publicado por elAyuntamiento. Hambre, represión, dictadura, dolorosas separaciones familiares, promesas de nuevos comienzos y prosperidad que les negaban sus lugares de nacimiento, regresos a la tierra que años después parece extraña... Los recorridos vitales plasmados a a lo largo de 200 páginas guardan puntos en común.
Además, como ya es costumbre en años anteriores, el libro incluye apéndices que aportan contexto sobre alguno de los aspectos tratados a través de las biografías: la explosión demográfica de Ezkerraldea por las oportunidades en la industria que motivaron muchas mudanzas desde la vecina Enkarterri, el auge y declive de la actividad minera, el vital y, sin embargo, a menudo invisible papel de las mujeres tanto dentro de los hogares como en el mercado laboral, la construcción de barrios a menudo sin medios, servicios básicos ni planificación urbanística, las romerías que forjaron amistades y noviazgos, el legado de los vascos que lo dejaron todo para instalarse en Uruguay, el exilio tras el triunfo franquista y el vapor Habana, que evacuó a miles de niños y niñas durante la Guerra Civil a Francia, Reino Unido y la URSS acompañados por personal docente, sanitario y religioso en los seis viajes que realizó en total zarpando desde el puerto de Santurtzi.
En el vapor Habana
Temiendo por las vidas de sus hijos a medida que el frente bélico se aproximaba y los bombardeos se intensificaban, Perfecto Andrés Gómez y Herminia Riega Argüelles tomaron la difícil decisión de que cuatro de sus cinco hijos embarcaran (el primogénito superaba el límite de edad y se necesitaba su ayuda en casa) se despidieron una semana antes de que Bilbao cayera en manos franquistas “convencidos de que la separación sería breve”, reproduce Huellas.
La elección de la URSS por creer que se trataba de un país aliado, ya que los aviones que ayudaban a la República eran rusos, marcaría las vidas de todos. Abandonaron Galdames escapando de una contienda y se toparon con otra: la Segunda Guerra Mundial. Además, los niños lloraron la muerte de su hermana Valentina en 1942 a los 15 años. Una terrible noticia que en su casa tardarían años en conocer, puesto que las cartas no llegaban.
Cuando empezaron a enseñarles ruso comprendieron que la estancia iría para largo y así crecieron y completaron sus estudios manteniendo la relación con otros niños de la guerra. Pero Irene, la pequeña de los Andrés Riega, extrañaba a los suyos y pidió a sus padres que la reclamaran cuando los primeros retornos se pusieron en marcha en 1956. Por el contrario, su hermana Urbelina “disfrutaba de su vida, su juventud y una intensa vida social”. La benjamina la echaba de menos en Sestao, donde la familia se había trasladado, y fue repatriada en 1957, cuando tenía 28 años.
Pronto “se dio de bruces” con la realidad de “un país gris, atrapado en el pasado, donde la vida se vivía en voz baja especialmente las mujeres, que no podían opinar ni salir de casa sin la sombra del qué dirán después de dejar atrás la profesión de profesora que adoraba y un novio al que nunca olvidó”. Además, en Madrid le habían retirado los papeles y estaba sometida a vigilancia dado su lugar de procedencia. Su hermano Sotero permaneció en la URSS, donde formó su propia familia y visitó Galdames con sus hijas.
Exilio hasta el final
Algo que no pudo hacer por sus convicciones políticas Victoriano Mendoza Mena, fallecido en Francia en 1971. Solía decir que “el exilio es una cárcel abierta” y hasta el final soñó con volver a su municipio. Nació en La Elvira, hijo de padre gallego y madre burgalesa que recalaron en Galdames siendo ya familia numerosa cuando despuntaba la mina cuya dureza Victoriano sufrió en sus propias carnes.
“Devorador de libros, frecuentaba la cercana y populosa La Arboleda, donde residía su hermana y él se vinculó a diversas organizaciones obreras” que definieron a “un socialista comprometido que encabezó luchas del movimiento obrero vizcaino”, candidato socialista por el distrito de La Reineta en las elecciones municipales de abril de 1931 que derivaron en la proclamación de la República.
Con el estallido de la Guerra Civil se enroló en el batallón Indalecio Prieto. Mientras participaba en la defensa del Cinturón de Hierro se ausentó brevemente para casarse con su novia, por lo que pudiera ocurrir. Evacuado en Santander, volvió al frente en Catalunya, donde fue condecorado con una medalla al valor en 1938 y, con la entrada de los franquistas en Barcelona un año después, Victoriano embarcó a Argelia, donde se integró en las Compañías de Trabajadores Extranjeros y participó en la construcción del “ambicioso pero fallido ferrocarril transahariano.
Para entonces había arrancado la Segunda Guerra Mundial y en 1942 los aliados lograron el control de Argelia y Marruecos. Pronto viajaría desde Casablanca hasta su hogar definitivo en Lannemezan, “un pequeño pueblo pirenaico que, al igual que Toulouse, verdadero centro neurálgico del exilio republicano, acogió a numerosos residentes antifranquistas”. Desde allí compaginó su empleo en la siderurgia con la lucha política y, con en el tiempo, se le unió su mujer, que años más tarde, llevaría a su hija a conocer a sus parientes de Galdames mientras Victoriano se veía obligado a esperarlas en Francia.
Seguir a los maridos
El libro también se detiene en lo que se asumía como natural: que al casarse las esposas se trasladaran a vivir donde ordenaran los maridos y en muchos casos con sus familias, haciéndose cargo también de su cuidado. Filomena Humaran Castaños conoció en Galdames al notario Isaac Uriarte Sáenz de Valluerca. Después de contraer matrimonio se mudaron a Abanto-Zierbena y más tarde a Orduña, a finales del siglo XIX. Allí enviudó al enfermar su marido a consecuencia de las labores de extinción de un incendio desatado en una casa colindante.
Con poco más de 20 años, Martina Castaños Olaso partió a Argentina nada más casarse con Pío Ortiz González, 32 años mayor, con quien tuvo siete hijos. La última nació en Enkarterri por expresa voluntad de su madre, resuelta a embarcar sola con sus hijos si su esposo no se hubiera unido a la travesía.
A la venta
En el Consistorio. La ciudadanía de Galdames recibió el libro como regalo de Navidad. Ahora está a la venta por diez euros en el Ayuntamiento. Por correo ordinario se cobrarán 5,5 euros de gastos de envío.
Capítulos
12
La publicación contiene doce capítulos. Cada uno, con un nombre. Francia, la URSS, Argentina. Argelia, Marruecos o Uruguay son escenarios de sus vidas junto con Enkarterri, Ezkerraldea, Meatzaldea, Cádiz, Murcia...