Aquellos que no tienen un techo bajo el que dormir padecen esta situación los 365 días del año, pero qué duda cabe de que es en las noches de invierno, con los termómetros desplomados, cuando más contrasta su drama con la suerte de quien se cobija al calor de un hogar. “El objetivo es que todas las medidas que se aborden lleven a una reducción del sinhogarismo”, asevera Juan Ibarretxe, concejal de Acción Social, sobre el Plan Municipal de Atención a Personas Sin Hogar de Bilbao 2025-2030 que el Consistorio aprobó a finales del año pasado para hacer frente a esta realidad que, lamentablemente, no ha dejado de aumentar en los últimos años. Y lo hace sobre todo en la capital vizcaina, donde los recursos nocturnos dispuestos, por encima de lo que le corresponde, generan un efecto llamada para quienes están en situación de calle.
La villa dispone de 594 plazas para responder a las necesidades de este colectivo y, bajo demanda, en olas de frío como la vivida esta pasada Navidad, se ofrecen hasta 140 camas extras. “El tercer sector no considera que Bilbao tenga que abrir más plazas de urgencia”, afirma al respecto Ibarretxe, quien se lamenta de que la situación les lleva a “atender más la urgencia que la atención integral”. Así, el plan que dibuja la hoja de ruta a medio-largo plazo se centra en actualizar el diagnóstico de necesidades ligadas a la exclusión residencial, en consensuar con los diferentes agentes implicados el marco básico y en identificar los objetivos, ejes de acción y posibles actuaciones para dar respuesta a este fenómeno.
En esa reducción del sinhogarismo, Ibarretxe admite que hay dos miradas. “Una consiste en articular un sistema interinstitucional que persiga ese objetivo. Pero también hay otra muy importante que consiste en mejorar la calidad de la atención”, aclara el concejal, quien habla de crear servicios culturales o de ocio –algo que demandan los usuarios de los recursos– así como servicios vinculados al ámbito sanitario o al cuidado personal. “No se trata de resolver el número de plazas por volumen, sino de ir avanzando en sistemas de mejora en la calidad de la atención”, señala Ibarretxe, quien señala que han dispuesto dos operativas temporales para poder medir los avances que se vayan dando.
Juan Ibarretxe habla de la intervención precoz cuando una persona sin hogar llega a Bilbao. “Si a una persona la acogemos y la atendemos de forma rápida las consecuencias que tenga por dormir en la calle se aminoran. Hay personas que vienen de procesos migratorios, con capacidad de labrarse un proyecto de futuro, siempre y cuando encuentren oportunidades”, explica el edil en referencia al gran porcentaje de jóvenes procedentes del Magreb que han llegado hasta la capital vizcaina en los últimos años. “El estar un tiempo en la calle genera una serie de deterioros personales que luego se supone que hay que trabajarlos, con lo cual los procesos se alargan en el tiempo. Hay que pensar en modelos de acogida para personas que vienen a labrarse un proyecto”, añade antes de mencionar la importancias de trabajar en procesos de integración “rápidos y eficientes”.
De esa manera, señala que el plan determina que si hay una situación de calle lo que hay que hacer es ver “cuál es la dimensión de la atención” que hay que dar, porque la solución, considera, no es abrir más plazas de urgencia: “No garantiza que se reduzca el sinhogarismo porque responde a un mapa y a un plan mucho más amplio a nivel geográfico e interinstitucional”. En ese sentido, es reseñable que el plan se ha elaborado a través de las respuestas que han dado las entidades del tercer sector. “Hay que determinar qué tipo de plazas faltan y desde dónde se tienen que abordar: si solo las abordamos desde la salida de calle nocturna estamos dando una atención muy básica que se queda corta con respecto a lo que deberíamos trabajar, que es proyectarlas hacia un futuro mejor”, concluyen, según Ibarretxe.
Sensibilización
Otro de lo aspectos en los que incide el plan es en la promoción de la sensibilización social. “Tenemos que ser capaces de hacer entender a la comunidad que las personas sin hogar demandan atención pero que están haciendo sus procesos y sus proyectos y no solo enmarcarlo en aquellos casos en los que pueda provocar una conducta disruptiva en el entorno”, considera Ibarretxe, quien reivindica superar el mensaje de que las personas que duermen en la calle generan una convivencia difícil. “Tenemos cantidad de gente que está integrada y participa activamente. Y los vecinos sienten simpatía por ellos y nos reclaman que les demos una oportunidad”, evidencia el concejal de Acción Social, antes de reconocer que hay mensajes negativos que son “terriblemente” injustos.
El plan recoge también algunas percepciones de las personas sin hogar, a los que se les ha dado la oportunidad de poder compartir sus experiencias. “Uno de los aspectos que subrayaron algunos fue que los recursos sociales son excesivamente rígidos; es decir, que hay un control muy estricto del comportamiento. Otros, por el contrario, dicen que ellos van a buscar el descanso y que hay que garantizar que ese sea el objetivo del recurso”, afirma. En esa línea, reconoce que hay aspectos, como la sustracción de objetos personales, que suelen ser denunciados por los usuarios de los recursos nocturnos si bien son situaciones atípicas que suponen la expulsión. “Se tiene que ver si hay que ir poniendo espacios privados con llave para que puedan guardar sus pertenencias”, reconoce el concejal, quien habla de crear dinámicas de comportamiento para que la convivencia sea lo mejor posible para todos.