A las nueve de la mañana, con el toque de campanas como señal de salida, el grupo comenzó a caminar desde la Plaza de los Fueros, frente al Ayuntamiento. Desde ese corazón institucional arrancó ayer una marcha que, paso a paso, fue dibujando sobre el terreno una frontera hoy desaparecida, pero que durante siglos marcó la vida de quienes habitaban la villa y la anteiglesia. No se trataba de una excursión cualquiera, sino de un recorrido con memoria, pensado para leer el paisaje como un documento histórico más. La cita, organizada como cada año por el grupo de historia local Gernikazarra Historia Taldea, reunió a vecinos de todas las edades.

El recorrido inicial discurrió por la calle Ocho de Enero y el antiguo ayuntamiento de Lumo, para continuar junto a la Casa de Juntas de Gernika y el exconvento de Santa Clara. Cada tramo servía para introducir matices y detalles normalmente desapercibidos en la vida cotidiana. Allí tuvo lugar la primera parada, con explicaciones que sirvieron para situar el origen de la unión y recordar que, durante siglos, Gernika y Lumo fueron algo más que dos nombres distintos: dos jurisdicciones enfrentadas dentro de un mismo espacio.

Para comprender ese enfrentamiento hay que retroceder muchos siglos. Las primeras referencias documentales a Lumo y Gernika aparecen ya en el año 1051, en un documento conservado en el cartulario del monasterio de San Millán de la Cogolla. En aquel texto se citan como pequeños núcleos dependientes del monasterio de Santa María de Axpe, en una Bizkaia rural y empobrecida, donde la economía apenas garantizaba la subsistencia.

Durante la Edad Media, el territorio vivía de los bosques, de una ganadería limitada y de una agricultura muy básica. Las hambrunas eran frecuentes y la población apenas tenía margen para el comercio. Ese panorama empezó a cambiar a partir del siglo XIII, cuando el auge económico del Reino de Castilla impulsó la exportación de lana hacia Europa. Las rutas comerciales cobraron importancia y una de las más transitadas unía Durango con Bermeo. En medio de ese trayecto se encontraba el puerto de Lumo, un punto discreto que acabaría teniendo un gran peso.

Ese pequeño puerto acabó convirtiéndose en una pieza clave, pero en 1366, el conde de Bizkaia Don Tello decidió separarlo de la anteiglesia y fundar una nueva villa, Gernika, dotándola de importantes privilegios comerciales y fiscales. La decisión impulsó el crecimiento de la villa, pero abrió una brecha profunda con Lumo. Desde entonces, ambas comunidades protagonizaron siglos de pleitos y disputas por límites y derechos, y una convivencia marcada por la desconfianza.

La marcha avanzó, a continuación, hacia la ermita de San Cristóbal, en Forua, donde se realizó otra parada para explicar el papel de los límites territoriales y las antiguas jurisdicciones. Desde allí, el grupo se dirigió a Elorrietalanda, donde aún se conserva el mojón que marcaba el límite entre Lumo, Forua y Errigoiti. Ese punto, hoy casi anecdótico, fue durante siglos motivo de conflicto y negociaciones interminables.

La unión también se refleja en algunos puntos del municipio Gernikazarra Historia Taldea

El descenso por Billarkaio, ya en los límites con Muxika, llevó a la comitiva hasta la ermita de Santa Lucía. El paisaje ayudaba a entender por qué, pese a la división administrativa, la vida cotidiana seguía entrelazada. Caminos compartidos, trabajos comunes y relaciones familiares hicieron que la separación nunca fuera total. Incluso el roble de Gernika, símbolo de la villa, quedaba en jurisdicción de Lumo, una paradoja que resume bien esa historia compartida y tensa.

No fue hasta el siglo XIX cuando la división empezó a perder sentido. La industrialización avanzaba y las viejas fronteras internas se habían convertido en un freno. Gernika tenía un marco legal adecuado para atraer industria, pero carecía de suelo. Lumo disponía de terrenos amplios en el valle, pero no contaba con una legislación favorable. Separados, ninguno podía desarrollarse plenamente. Tras intentos fallidos y fuertes resistencias vecinales, no exentas de recelos y temores a perder identidad, el acuerdo llegó finalmente el 8 de enero de 1882, cuando villa y anteiglesia se unieron en un solo municipio: Gernika-Lumo.

La subida final hasta San Pedro de Lumo puso el broche al recorrido de una parte importante de la historia del municipio, una unión que se refleja en algunos rincones de la localidad. Por ejemplo, el origen de una de sus calles se encuentra en una antigua zona de agua llamada “afluente”, una corriente que se secó en 1850 y posteriormente fue rellenada con tierra. El cauce de este arroyo, que hoy discurre soterrado, marcaba antiguamente el límite entre la anteiglesia de Lumo y la villa de Gernika. Curiosamente, aquella zona no pertenecía del todo a ninguno de los dos municipios: la calle estaba dividida entre ambos, y sus terrenos comunales figuraban como proindiviso, es decir, compartidos.

En definitiva, este es uno de los pasajes de la historia gernikarra que se entiende mejor caminándola, paso a paso, por los mismos lugares donde durante tanto tiempo hubo frontera.