La denigrada rutina resulta que es lo más parecido a una tabla de salvación para esas personas que, a la conclusión de estas fechas navideñas, experimentarán en su vida diaria lo más parecido a una “resaca emocional” o una “depresión blanca”, expresiones empleadas en el mundo de la Psicología para describir ese bajonazo en nuestras defensas mentales. Por eso Paola Vecino, experta en Psicología infantojuvenil, adultos y de familia recuerda que la autoexigencia y las expectativas elevadas pueden tener afección en ese estado anímico “ya que si fallamos en nuestro propósito, lo sentimos como un fracaso personal, generando culpa y frustración”, subraya esta especialista del COPBI. 

¿Por qué se experimenta un bajón anímico después de las fiestas?

La mayoría de las personas experimentamos un bajón anímico postnavideño causado por la vuelta a la realidad tras unos días de mucho ajetreo en los que se incluyen no solo los cambios de rutina en la alimentación, el sueño o los horarios si no también por los elevados gastos económicos y compromisos sociales y familiares a los que nos enfrentamos en estos días. 

Entonces, la culpa hay que echársela a la vuelta a la rutina…

La rutina siempre es necesaria ya que nos aporta orden y estructura en nuestro día a día, por lo que si a algo hay que echarle la culpa es al desorden generalizado que experimentamos en estas fechas.

“Si a algo hay que echarle la culpa es al desorden generalizado de estas fechas”

¿Y el cansancio físico y emocional acumulado, influyen?

Ambos tipos de cansancio influyen mucho, ya que lo continuamos arrastrando cuando llegamos a estas fechas. Tenemos que darnos cuenta que son días muy intensos en los que sí ya venimos de una rutina en la que estamos agotados en todos los sentidos, el sobreesfuerzo de tener que preparar cenas, comidas, reuniones sociofamiliares… todavía nos agrava más ese cansancio.

Hay muchas personas que repiten su deseo de empezar el año con buen pie. ¿La autoexigencia puede afectar al estado de ánimo?

Empezar el año con buen pie y con mucho éxito en todas nuestras áreas de vida es un deseo generalizado de todos nosotros. Sin embargo, la autoexigencia y las expectativas elevadas que se crean alrededor de este deseo pueden afectarnos a nuestro estado anímico ya que si “fallamos” en nuestro propósito, lo sentimos como un fracaso personal, generando culpa y frustración. Además nos quitamos valor a nosotros mismos ya que creemos que lo que valemos como personas depende de lo que conseguimos, no de quién somos. Por eso, es importante ser realista con las metas que nos proponemos y más autocompasivos, aceptando los errores y aprendiendo de ellos.

Y lo económico ¿qué papel juega en este cóctel de emociones?

Juegan un papel muy importante ya que el estrés y la ansiedad se elevan muy por encima de nuestro día a día ya que el nivel de gastos es muy superior. Si además hay ingresos muy ajustados en las familias puede llevar a generar deudas o incluso incrementar la falta de control de impulsos que nos lleva a sentir la necesidad de comprar de manera incontrolable y repetitiva objetos innecesarios. Aquí también se añade la culpa que sentimos posteriormente. 

No confundir esa cuesta emocional con un cuadro depresivo. ¿Comparten síntomas?

Es cierto que se pueden llegar a compartir síntomas de manera muy generalizada como la tristeza, cambios en el apetito y el sueño, irritabilidad o incluso desesperanza. Todos ellos, deberían desaparecer tras el fin de las fiestas. Sin embargo, si la sintomatología se alarga en el tiempo y no disponemos de herramientas para hacerlas frente puede llegar a desencadenarse una depresión clínica afectando, de manera significativa, a nuestro estado de ánimo y bienestar general.

“Es importante ser realista con las metas y más autocompasivos con nosotros mismos”

¿Qué emociones suelen manifestarse durante esa etapa de decaimiento anímico?

Tristeza, irritabilidad, frustración por las expectativas no cumplidas, soledad, estrés por los elevados compromisos sociofamiliares, insomnio y cansancio generalizado.

¿Por qué es importante compartir esos sentimientos y pensamientos para no normalizar ese vacío existencial como algo inevitable?

Es importante compartir todos estos pensamientos y sentimientos, sobre todo con aquellas personas con las que nos sentimos, apoyados y comprendidos ya que nos libera de esa carga emocional reduciendo el estrés y la ansiedad que nos produce y mejora nuestro bienestar mental y físico. Además nos ayuda a darnos cuenta de que son emociones acentuadas fruto de estas fechas y por lo tanto pasajeras.

¿Algún consejo para retomar las rutinas sin caer en la frustración, desmotivación?

Lo más importante es volver a las rutinas de manera gradual. La clave es comenzar unos días antes de la reincorporación con la reintroducción de hábitos saludables de alimentación, ejercicio y sueño. Recuperar nuestros hobbies también es una manera de poder suavizar el impacto postvacacional y recuperar el orden y la motivación. 

Si pudiera dar un mensaje a quienes empiezan enero con poca energía o motivación, ¿cuál sería?

Les diría que cada día es una nueva oportunidad para empezar de nuevo aunque los pasos sean pequeños, pero cada paso te acerca a tus metas, sueños e ilusiones… Enero nos brinda la oportunidad de reiniciarnos, así que ¡no la desaprovechen!