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Mercedes Henry, la artista de la porcelana en relieve

Henry expone en Urduliz obras impregnadas con este delicado material. La pintora de Getxo logra un efecto multidimensional en sus cuadros de estampas cotidianas

Mercedes Henry, la artista de la porcelana en relieveCarlos Zárate

Urduliz - Lo cotidiano hecho arte. Así se podría definir la pintura de la getxotarra Mercedes Henry, que expone estos días y hasta el próximo 24 de diciembre una treintena de obras en el aula de cultura de Urduliz de su colección de pintura multidimensional en relieve de porcelana.

En muchas de ellas predominan temáticas muy vinculadas con el propio municipio. “Hay obras relacionadas con la tierra rural, con los caseríos..., creo se engloban muy bien en esta sala y en esta localidad”, sostiene Mercedes, que aunque está afincada en Getxo tiene familia en Urduliz y, precisamente allí, ha reconvertido un baserri de 400 años de antigüedad en su galería particular. “Tengo alrededor de 150 obras”, expone, fruto de su trabajo diario.

Profesional autodidacta, su pasión por el arte comenzó mientras trabajaba en el negocio familiar de sus padres en Sestao. “Creo que la sensibilidad artística me viene de familia. Además, allí solía tratar con algunos pintores y, compartiendo experiencias con ellos, comencé a pintar en la trastienda mis primeros cuadros al óleo”, rememora. Desde entonces y, salvo un paréntesis durante una etapa de su vida, no ha dejado los pinceles. Lienzos al óleo y acrílico pero, sobre todo, con una técnica mixta de pintura y porcelana en frío que otorga a sus cuadros una gran prominencia y relieve. Una pintura multidimensional. “Trabajo con una profundidad de 18 milímetros en todos mis cuadros”, señala. Unos relieves que adentran al espectador en las entrañas de sus paisajes y que, al mismo tiempo, engañan al ojo humano. “Según la perspectiva desde la que lo mires no parece que tiene relieve”, detalla la artista.

Su inspiración para el arte le llega de todo lo que le rodea. “Me inspira lo cotidiano, lo que tengo delante, la naturaleza...”, explica. Una realidad que transmite en sus obras con precisión quirúrgica. “Me gusta el detalle”, admite. Sin embargo, mientras muchos capturan con la vista una fotografía de la realidad, Mercedes va más allá, hacia la profundidad, se adentra en lo que tiene enfrente. “Cuando veo un tema para plasmar en un cuadro, nunca lo veo en plano, sino en relieve”, detalla. Así, aunque en las obras expuestas en Urduliz predominen paisajes con elementos naturales, en ninguna de ellas ha empleado elementos orgánicos, lo que otorga una gran “durabilidad” a sus obras. “A través de la porcelana puedo recrear la realidad en miniatura”, afirma.

En este sentido, su destreza para jugar plásticamente con los relieves transmite a su obra una singularidad que atrapa al espectador. “De lejos parece un cuadro plano, pero según el ángulo desde el que la observes adquiere otra dimensión, se convierte en varias obras”, revela. Todo ello, gracias a un proceso de investigación a través de la porcelana. “Si quiero hacer árboles, la elaboración de la porcelana es de una determinada manera y si quiero reproducir tierra es de otra. Es decir, le doy un efecto distinto en función de lo que quiero pintar”, matiza.

TRAYECTORIA Actualmente acumula ya más de dos décadas exponiendo su obra en diferentes galerías. Un periodo de tiempo en el que ha ido evolucionando como artista y a la vez disfrutando de su trabajo, que es lo que le mueve. “A nivel pictórico me llama la atención el aquí y ahora. Por ejemplo, si voy paseando, me puedo quedar mirando una pared desconchada porque para mí tiene un encanto especial. No me hace falta mirar nada abstracto”, resume.

Precisamente, en sus trabajos capta y detalla todo tipo de imperfecciones de la realidad con suma destreza. Así, por ejemplo, una silla rota o un cesto resquebrajado adquieren otra dimensión bajo su mirada. También retrata caseríos históricos de Bizkaia, palacios majestuosos como el de Ibaigane, paisajes frondosos del Gorbea o escalinatas infinitas. Unas obras que se observan con la mirada y también con el tacto. “Hace unos años, cuando empecé a exponer, decía que era una pintura para invidentes porque a través del tacto también se pueden percibir las sensaciones que quiero transmitir”, señala. Un arte hecho de lo mundano y reflejo de lo cotidiano.