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Enrique Etxebarria: “El refugio de Arraba era lugar de juergas”

Es pastor de Zeanuri y exencargado del refugio de la Federación de montaña en Arraba

Enrique Etxebarria: “El refugio de Arraba era lugar de juergas”Juan Lazkano

Zeanuri - El próximo domingo, la Cruz del Gorbea cumple 116 años. El macizo es un lugar especial para todos los vascos y uno de los más visitados por montañeros y excursionistas. Pero el Gorbea y sus laderas eran, y son aún hoy, lugar de pastoreo y tierras en las que los animales pasan largas temporadas. Uno de los pastores de Zeanuri, Enrique Etxebarria, repasa parte de su historia en torno a esta profesión y la que lo une a uno de los rincones más bellos, la campa de Arraba.

Lleva desde los 14 años pastoreando en el Gorbea. Debe de ser un lugar especial para usted.

-Así es, desde los 14 años me hice cargo del rebaño que tenía mi padre, ya que él comenzó a encargarse del refugio situado en las campas de Arraba. Pero antes ya le ayudaba con las labores que había que hacer.

La profesión habrá evolucionado mucho en todos estos años.

-Antes era mucho más duro. Fíjese, yo ordeñaba a mis ovejas una por una, a mano, y aún lo sigo haciendo de esa manera. Pero hasta que tuvimos jaulas, que ayudaban a hacerlo ordenadamente, se hacía dentro del corral y tenías que recordar las ovejas a las que ya habías ordeñado. También ha cambiado la manera de esquilarlas. Antes se hacía con tijera, imagínese lo que costaba esquilar el rebaño.

Además de para los pueblos que duermen a su abrigo, el Gorbea es un lugar prácticamente sagrado para los vascos. ¿Qué tiene de especial?

-Algo debe de tener, eso está claro. Además de ese significado para todos nosotros, es algo más. El monte lleva ahí desde siempre y la gente no deja de acudir. Desprende una energía especial y la gente disfruta, bien sea paseando, almorzando o subiendo hasta la cima.

La Cruz cumple 116 años el próximo domingo. Esa sí que es un símbolo para todos.

-La Cruz del Gorbea, como bien dice, es más que una estructura en la cima de un monte. Es un símbolo que nos une y que siempre estará ahí, por muchos años que pasen. Y si tenemos que colocarla por cuarta vez, ya que se ha cambiado tres veces, lo haremos.

Además de pastores, junto a su familia, comenzaron a regentar el refugio y estuvieron allí durante 32 años.

-Mi padre decidió cogerlo y allí dábamos almuerzos, comidas, bebida y cobrábamos a quienes pasaban allí las noches. Después de mi padre yo lo llevé durante más de diez años. Fue una época muy bonita, aunque había que trabajar mucho, pero el ambiente que se vivía allí lo recordaré siempre. Creo que eso, por desgracia, se ha perdido.

Seguro que guarda historias de todo tipo...

-La verdad es que sí. El refugio era mucho más que un lugar para que los montañeros descansaran. Allí se reunían muchos de los pastores que pasaban temporadas en las chabolas cuando las ovejas estaban por la zona de Arraba. Eran muchas las ocasiones en las que el refugio se llenaba de gente que lo pasaba en grande. Además de un albergue, era un lugar de juergas, donde sobre todo, se bebía y cantaba mucho (risas).

Canciones prohibidas...

-De las que algunos no nos dejaban cantar. Aún recuerdo el ímpetu con el que se cantaba y hablaba en euskera. También me acuerdo de cómo en San Ignacio eran muchos los que subían con ikurriñas, creo que aún queda una pintada.

Usted no deja de subir a Arraba.

-Ahora llevo un tiempo sin ir porque estoy operado de la rodilla, pero sigo con mis ovejas y, cómo no, subiéndolas cuando toca a que pasten en esas maravillosas campas.

¿Qué le aporta este monte?

-Felicidad, tranquilidad, aunque también me ha hecho trabajar mucho (risas).

¿Un deseo en relación a su profesión?

-Que no se pierda y que podamos seguir viendo siempre a las ovejas en las campas del Gorbea.

Pastor de Zeanuri y exencargado del Refugio de la Federación de Montaña en Arraba