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La botica de los abuelos

El Museo de las Encartaciones reconstruye en una de sus salas la antigua farmacia de Sopuerta

La botica de los abuelosE. Castresana

Cuando hace cuatro años la farmacia de Sopuerta se renovó por completo, el histórico mueble de madera fabricado en 1902, que ha visto a varias generaciones de la familia de La Colina atender a los vecinos, se guardó en la casa de uno de sus miembros. Es una pieza digna de un museo que ahora se ha cedido al Museo de las Encartaciones en régimen de depósito temporal "para que no salga del pueblo", según explica Javier de La Colina, farmacéutico de Sopuerta durante casi cuatro décadas y sucedido por su hijo al frente del negocio.

El mueble se ha montado con sumo cuidado en el recibidor que da acceso al salón en el que celebran sus plenos las Juntas Generales de Bizkaia en sus visitas a Abellaneda y también la Mancomunidad de las Encartaciones. "La familia se acercó a nosotros y les hemos ayudado porque nos pareció una iniciativa bonita", indica el director del museo, Javier Barrio.

Una balanza y numerosos recipientes para los remedios medicinales demuestran lo que ha cambiado la sanidad desde que los antepasados de los de La Colina abrieron su primera farmacia en la comarca. Fotografías y paneles informativos guían a través de la historia a las personas para que admiren el mueble en su actual emplazamiento.

Una saga de siglos Manuel Arnaiz puso en marcha una farmacia en Gordexola en 1782. La saga continuó a través de su hija, Ramona. "Un valenciano llamado Carmelo Puyol se trasladó a Sopuerta por su amistad con el escritor Antonio Trueba. Los dos habían coincidido en Madrid, donde Trueba se trasladó huyendo de las guerras carlistas. Puyol conoció a Ramona Arnaiz, se casaron y se fueron a vivir a Carral, que entonces era el centro administrativo de Sopuerta", relata Javier de La Colina. Así, la familia se estableció en el municipio. Pero su hijo Isaac, destinado a heredar la farmacia, falleció a los 31 años.

Entonces tomó las riendas José María de la Colina, "nacido en el palacio Colina de Lanestosa en 1845". En su caso se puede decir que el roce hace el cariño, puesto que terminó casándose con Ramona Puyol -la hermana del difunto heredero de la farmacia- y construyó una casa en el barrio de Mercadillo donde trasladó el negocio familiar. "Por aquella época se había construido el edificio consistorial de Sopuerta, con lo cual Mercadillo tomó importancia", apunta Javier de la Colina. Su hijo Justo ampliaría la red de farmacias al barrio de La Baluga en pleno auge de la minería. "En 1910 Sopuerta tenía más de 5.000 habitantes censados y en las zonas de Alen y Las Barrietas vivían cerca de mil personas. Había tres farmacias, un botiquín en Alen, cuartel de la Guardia Civil y casino", recuerda.

A la muerte de Justo, su hermano Miguel, que era ingeniero, estudió la carrera de farmacia por libre en dos años para poder ocupar la vacante. Se casó con la hija de Agapito Menéndez, por entonces médico de Zalla y toda una institución en Enkarterri. El museo también exhibe el botiquín con el que el doctor Menéndez viajaba a caballo por la comarca para examinar a sus pacientes y si hacía falta quedarse noches enteras en vela vigilando de cerca su evolución.

Así la genealogía llega hasta el presente que representan Javier de la Colina y sus cuatro hijos. Dos de ellos, Mikel y Javier, han estudiado farmacia y continúan con la tradición y vocación familiar.