La temporalidad de la naturaleza hecha arte
El californiano Jim Denevan dibujó una gran figura en las arenas de Urdaibai, que borró la marea
Mundaka
las buenas olas para surfear vienen y van. Así siente también su obra el artista californiano Jim Denevan; como algo que se debe disfrutar en el momento para que después la naturaleza siga su curso. Por eso realiza sus trabajos de manera que sea la propia naturaleza, quien con su habitual devenir, las haga desaparecer. Son obras efímeras. Como la vida. Por eso son, quizá, aún más bellas. Por la necesidad de tener que disfrutarlas en poco tiempo.
Ayer el estadounidense desplegó su inspiración en las arenas de la playa de Laida, donde realizó una exhibición de su espectacular y efímero arte, como máximo exponente del "Land Art". Su obra consiste en crear dibujos geométricos a gran escala empleando útiles de labranza, aunque su apero favorito es siempre una rama de algún árbol de la zona en la que crea su arte. "He empleado una rama de avellano de aquí; me gusta utilizar ese ritual. Siempre uso el palo para orientarme porque al hacer diferente presión me indica hacia dónde ir. Puedo hacer un círculo de una manera muy precisa", explicaba Denevan.
Lo efímero del disfrute también es aplicable a lo escaso de su tiempo de creación. Con más retraso de lo esperado debido a los caprichos de las mareas, el californiano sólo tuvo un intervalo de tres horas para crear una composición de cerca de cien metros de diámetro, compuesta de perfectos círculos unidos entre sí. "Podía haber hecho algo más grande si hubiera utilizado el rastrillo, que me permite avanzar más rápido, pero me gusta componer con el palo", reconoció.
Eran casi las 14.00 cuando, de manera relajada aunque sin pausa, procedió a esbozar las primeras líneas. Algo más lejos, unos pocos jóvenes emulaban sin darse cuenta al californiano marcando un campo de fútbol. Poca gente más disfrutaba de la playa y, desde su misma cota de altura, nadie se percató de la labor del artista, cuya obra comenzaba a apreciarse poco a poco desde las atalayas que ofrece la desembocadura del río Oka. Donde también se origina la famosa y apreciada ola de Mundaka.
La acción de Denevan se enmarca en el proyecto de apoyo a la cultura del surf denominada Amstel Surfari y que se ha traducido en numerosas actuaciones de diferentes tipos en la costa cantábrica. Además de como deporte, el surf es concebido como una forma de vida y la performance de ayer abarcó el área de la cultura.
Prolífico El californiano, creador de cientos de dibujos en diferentes lugares del mundo a lo largo de los últimos 17 años -incluido un mandala en el fondo del Great Salt Lake, en Utah, de una superficie equiparable a 127 campos de fútbol- se mostraba "sobrecogido de emoción" por el lugar en el que pudo desarrollar su obra. "Es un área de surf muy simbólica a la que vienen muchos surfistas cuando hay olas. Pero las olas se van y a la gente le da pena, pero luego vuelven al de unas semanas. Mi trabajo también vuelve, porque la arena vuelve, va cambiando de forma, de tamaño y por eso es muy interesante", describió Denevan.
A pocos minutos de las 16.30, el artista saludaba indicando que había concluido su parte del trato. El resto quedaba en manos de la madre naturaleza. "Mi obra no termina cuando hago la última raya en la arena sino cuando el mar ha hecho su trabajo", explicaba mientras veía cómo las olas se llevaban su creación. "Ni pienso en ello", aseguraba sin un ápice de pena. En poco tiempo, su lugar era ocupado por un mar donde la gente nadaba. "Es un reconocimiento al significado de lo temporal de la naturaleza". Una belleza que se ha de disfrutar con más intensidad cuando se sabe que es efímera. Carpe diem.