La capital vizcaina se convierte este fin de semana en el epicentro del rugby con la celebración de las finales de la EPCR. Sin embargo, lo que en los meses anteriores se preveía como un colapso hotelero que obligaría a desviar turistas a territorios vecinos debido a incrementos de tarifas, ha terminado traduciéndose en una realidad más moderada en pernoctaciones.
"Efecto Burdeos"
A pesar de que las organizaciones e instituciones confirman un éxito rotundo en la venta de localidades, con el sábado completamente vendido y apenas unas pocas entradas disponibles para la jornada del viernes, los hoteles de la ciudad no colgarán el cartel de completo. Txema Oteo, presidente de la asociación hotelera Destino Bilbao, explica que la ocupación actual en los alojamientos de la ciudad se sitúa rozando el 82%.
Esta cifra, notablemente inferior al casi lleno absoluto registrado en las anteriores finales de rugby celebradas en 2018, se debe principalmente al denominado "efecto Burdeos". Según Oteo, al haberse clasificado un equipo de dicha localidad francesa para las finales , y dada la cercanía geográfica, cientos de aficionados galos han optado por "desplazarse en el día" o "recurrir a transportes como autobuses directos" para regresar sin necesidad de pagar noches de hotel en la villa. Asimismo, la proliferación de pisos turísticos y opciones de alojamiento compartido como Airbnb ha absorbido otra parte significativa de la demanda.
A precio de oro
Pese a contar con un margen de disponibilidad de habitaciones libres, los algoritmos de tarifas dinámicas de los establecimientos mantienen los precios en máximos históricos para el fin de semana completo. En la gama media-alta, el Hotel Barceló Nervión de Bilbao ofrece la habitación doble por 945 euros. Esta tarifa asciende a los 1490 euros en el caso de las habitaciones familiares y alcanza los 1512 euros para una suite con vistas. Por su parte, el céntrico Hotel Abando sitúa su estancia para dos personas en los 740 euros, elevándose a 828 euros si se incluye el servicio de desayuno.
La verdadera distorsión del mercado se experimenta en el sector del bajo coste (hostels y albergues), donde las estancias privadas se han agotado por completo. Adela Sánchez, recepcionista del Poshtel Bilbao, señala que las habitaciones privadas, habitualmente reservadas por familias, están totalmente completas, quedando únicamente disponibles plazas en estancias compartidas. En este albergue, un aficionado individual debe desembolsar 304 euros por dos noches en una habitación compartida con 14 personas. La tarifa incrementa hasta los 312 euros si se prefiere una habitación común de menor capacidad (con al menos cuatro personas), ya que las estancias con menos camas resultan más costosas al ofrecer un extra de privacidad dentro de la saturación del fin de semana.
Un turista ejemplar
A pesar de las fluctuaciones de precios, el balance para el sector es sumamente positivo y se descarta cualquier tipo de riesgo. Txema Oteo recalca que el perfil del visitante de rugby es "completamente diferente" al de otros deportes de masas, destacando un ambiente de confraternización, hermandad y un profundo respeto entre aficiones.
Frente a la precaución habitual que despejan ciertos encuentros de fútbol de alta competencia, los seguidores del deporte oval carecen de perfiles conflictivos o vinculados al fenómeno hooligan. Los hoteleros coinciden en que se trata de un cliente excelente que consume en la hostelería local y contribuye a proyectar una magnífica imagen internacional de Bilbao, consolidando la capacidad de la villa para mantenerse en la élite de la organización de eventos globales.