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Consumidores no habituales que se dejan atrapar por las ofertas

Begoña, Leire, Resu y Miguel Ángel no acuden constantemente a las rebajas, pero ayer se fueron a casa con varios chollos

Consumidores no habituales que se dejan atrapar por las ofertas

Bilbao - Antes de irse de rebajas es imprescindible tomarse una buena dosis de paciencia. Y es que una vez metidos en la vorágine de las compras si uno quiere hacerse con la prenda fichada no va a tener más remedio que esperar, esperar y esperar. No queda otra.

Sin embargo, es cuestión de pensar en esos euros que uno se va a ahorrar para con una sonrisa aguantar las colas, el sofocante calor que hace en el interior de las tiendas y a la señora de turno que sí o sí te termina empujando para intentar ponerse la primera.

Todo eso les tocó sortear ayer a Begoña, Leire, Resu y a Miguel Ángel, cinco personas que aseguran no ser adictos a las rebajas, pero que sin embargo se dejaron atrapar por las ofertas atractivas. A Begoña Matey, de Portugalete, la jugada le salió redonda. Sus hijas le habían regalado unas zapatillas y “como no las tenía bien”, las fue a cambiar. “Costaban 90 euros y ahora 45. Me han devuelto dinero”, dijo. “Todavía me sobra dinero para comprarme algo más”, explica Matey, quien asegura huir de la masificación de las rebajas.

Leire Martín y Resu Errasti, procedentes de Eibar y Ermua, aprovecharon las rebajas para pasar el día en Bilbao. “Hemos venido a cambiar un pantalón que no había en El Corte Inglés de Eibar y en Bilbao sí. Y de paso hemos picado más cosas. Un paraguas, unas botas y un libro”, enumeraron las dos mujeres que después aprovecharon para rematar la jornada de rebajas con una buena comida en el Azkuna Zentroa. “No somos muy de ir de rebajas, pero cuando lo hacemos, aprovechamos a tope”, comentaron. Otro al que tampoco le van nada las rebajas es a Miguel Ángel Domínguez Sevillano, de Bilbao, que ayer salió de casa con el objetivo de darse un homenaje y comprarse una buena chaqueta. “Necesitaba cambiar. Después de 25 años con la misma chaqueta azul ya era hora de jubilarla”. Lo que no esperaba es que la prenda a la que le había echado el ojo iba a estar hiperrebajada. “De 329 euros que costaba he pagado 90 euros. Después de tantos años con la misma chaqueta estaba dispuesto a pagar eso, y fíjate la suerte que he tenido”, apuntó. Miguel Ángel también aprovechó las rebajas para comprar una bola del mundo. “Así trasteo y me pierdo entre países, ciudades y mares”, concluyó el bilbaino. - Sandra Atutxa