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"Cuando vengas a Bilbao, ve a Begoña y reza una Salve por mí"

Iñaki Azkuna y Concha Velasco forjaron durante años una fuerte amistad que unía también a sus familias

"Cuando vengas a Bilbao, ve a Begoña y reza una Salve por mí"Deia

EL martes, Concha Velasco recibió una llamada de Iñaki Azkuna. Tal y como hizo con tantos amigos, quiso también despedirse de la artista cuando vio que su fin estaba próximo. "Cómo me iba a ir yo sin despedirme de los Velasco", le dijo. "¿Quieres que haga algo, Iñaki?", le preguntó ella. "No, tranquila. Yo me voy a ir, solo quería despedirme de vosotros. Eso sí, te voy a pedir una cosa: cuando vengas a Bilbao, ve a Begoña y reza una Salve por mí". Concha no olvidará la promesa. Las familias Azkuna y Velasco han labrado, a lo largo de casi veinte años, una fuerte amistad tejida a base de cariño, visitas y gestos cómplices. De gira por Andalucía con su obra de teatro, Concha todavía no sabía si podría acudir finalmente al funeral de hoy. "No sé si podré cancelar el programa Cine de Barrio, lo intentaré", reconocía, aún consternada, el fin de semana.

Concha recibió la noticia en Córdoba, donde estos días representa Hécuba. Desde allí, da fe de la notoriedad y el cariño que el alcalde Bilbao se había forjado no solo en Euskadi sino en todo el Estado. "Cuando venía en el taxi, me dice el taxista: qué grande era Iñaki Azkuna. ¡Aquí, en Córdoba! Era una persona muy querida", destaca. La última vez que coincidió con él fue en diciembre, cuando Concha visitó Bilbao en su gira. "Como siempre, vino a ver la función y, pese a venir con la silla de ruedas, se puso en pie a aplaudir. ¡Madre mía! ¡Qué pena más grande!", confiesa.

Aunque la tristeza le embarga, la actriz no puede evitar sentirse afortunada de haber contado con su amistad. "Le hemos perdido porque ya no vamos a poder estar con él, pero al mismo tiempo es una suerte, para los que le conocimos, haber sido amigos de él. Él nos dio todo su cariño", se emociona. Para ellos, sus amigos, Iñaki Azkuna no era el alcalde de Bilbao. "Era nuestro alcalde, el alcalde de todos", afirma la artista.

Sentido de la amistad Simpático, divertido, culto, lleno de vida... Los calificativos se quedan cortos para recoger el cariño que Concha Velasco sentía por Azkuna. "Era un hombre, con todas las letras", concluye. Y, por encima de todo, ese sentido de la amistad tan profundo que tenía. "Cuando entrabas en su círculo de amigos, estabas ahí para siempre". La primera llamada de teléfono que recibía la artista cuando terminaba la emisión de un capítulo de Gran Hotel o Herederos era la de Iñaki y Anabella; la segunda, la de Pedro Olea. "Veían todas las películas mías que ponían en televisión, todos los Cine de Barrio... Y siempre me llamaban". En su corazón, además de su familia y amigos, ocupaba un lugar preferente Bilbao, su querido botxo. "Le dio la vuelta de una forma increíble. Era su pasión; el día no tenía horas suficientes para dedicarle a su trabajo", recuerda ahora Concha. Hinchado de orgullo de su ciudad, ejercía de ejemplar cicerone cada vez que los Velasco visitaban Bilbao, sobre todo en Aste Nagusia. "¡Era de no dejarnos vivir!", se ríe Concha al recordarlo. "Yo suelo estar haciendo teatro, pero a mi hijo Manuel le ha paseado por todo Bilbao. Es incansable, madre, me decía", cuenta. "Era un entusiasta, un ser adorable".

Concha lleva siempre en el bolso un artículo "precioso" escrito por Juan Cruz sobre Iñaki Azkuna, cuando fue elegido mejor alcalde del mundo. "Unas notas de mis hijos, un poema... y ese artículo. Lo llevo siempre conmigo". También guarda con especial cariño una portada de periódico del día en que fue nombrado alcalde por última vez, junto a su mujer Anabella. "Están tan guapos los dos... Era tan bonita que se la pedí a Ana y me la mandó". También atesora una fotografía de su nieta, de la que tan orgulloso estaba. "Es una niña guapísima", recuerda. Venecia tendrá que esperar. Era el viaje que los tres -Iñaki Azkuna, Anabella y Concha- planeaban hacer juntos. "Y nos íbamos a llevar a Pedro Olea. Siempre pensábamos en ese viaje", concluye.