Un altar de respeto
Cientos de personas se acercaron ayer al Ayuntamiento para crear un altar en honor a Iñaki Azkuna lleno de flores, especialmente rojas y blancas, junto con mensajes de agradecimiento a modo de homenaje
SI vas a Bilbao, llévame contigo y le ponemos nuestras flores a Iñaki, para que sepa que no le olvidaremos", le decía ayer Inés a su hija, que se acercó desde Igorre hasta el Ayuntamiento para aportar su granito de arena y construir, entre todos, un altar lleno de flores y respeto para el alcalde.
Inés tuvo ayer un día raro. No sabía si llorar o sonreír. Llovía y salía el sol. El mismo ánimo que tenían otros mucho bilbainos. Tristes, apagados. Pero felices, a su manera, por despedir a Iñaki Azkuna de una forma especial y emotiva. Única. Encogía sobremanera ver la escalinata del Consistorio bilbaino llena de flores, ramos y mensajes repletos de agradecimiento por estos quince años al frente de Bilbao y de sus ciudadanos. Esos que ahora le devuelven el gesto, y le arropan en su marcha. Frente a las flores, las personas. Rezando. Creando un altar de color, de sentidos y únicos mensajes.
Y es que durante el día de ayer todos los caminos de Bilbao llevaban al Ayuntamiento. "No hay capilla ardiente. Pero me he acercado hasta aquí todo el fin de semana para despedirme de él porque mañana será imposible entrar a la catedral de Santiago", se lamentaba José Manuel Elosegi, con los ojos llorosos tras depositar su vela.
Humildad Poza y Begoña Salgado también quisieron rendirle homenaje. "Si no tenemos dónde despedirle, nos venimos aquí a rezarle. Ha sido tan bueno, que todo lo que hagamos por él es poco. Y mañana iremos a la catedral de Santiago dos horas antes del funeral. Queremos decirle adiós de una bonita manera. De la que se merece", decían las dos orgullosas.
Mensajes Entre los recordatorios, uno muy especial en forma de corazón, hecho por dos niñas. "Me lo han mandado las pequeñas desde Ucrania", confesaba Argi. En el corazón un mensaje directo. Tierno. "Agur Iñaki, Agur. Solo las personas buenas y de corazón grande dejan las huellas que tú nos has regalado", rezaba la nota.
Arriba del corazón, otro ramo más, entre muchos. También con su dedicatoria. "Agur Alcalde. La única batalla que se pierde es la que no se lucha. Enhorabuena, tú has sabido luchar mucho. Gracias por este Bilbao", le decían Loli y Marta.
Las horas pasaban. Pero el Consistorio seguía lleno de gente. No se iban. Pero sí llegaban nuevos. "Me gustaría que Iñaki viese todo lo que estamos haciendo por él", decía ilusionada Inna Valle, junto a su novio, Giro. "No me imaginaba que vendría tanta gente ni que se llenaría de esta manera con tantas flores. ¿Pero sabes qué? Se merece esto y mucho más. Lo que ha hecho por Bilbao no está pagado. Era buen alcalde pero, sobre todo, buen hombre", añadió Inna.
De pronto, mientras los allí presente rezaban, en silencio, dos niñas y un niño se acercaron correteando. No llevaban flores. Parecía que solo jugaban entre ellos. Pero al llegar a las escaleras, de golpe, cambiaron de actitud. Ya no eran tan niños. Su semblante se tornó serio. Triste. Los tres se agacharon, con sus puños bien cerrados. Y una vez abajo, de puntillas, los abrieron y de cada mano cayó una pulsera. Dos de ellas de color del Athletic, rojo y blanco. La otra roja, verde y blanca. De la ikurriña. Y de la misma forma que llegaron, se fueron.
"¿Te das cuenta de lo que significaba Iñaki en Bilbao? Lo era todo", comentó Luisa, que acababa de dejar minutos atrás su ramo de rosas, también rojas y blancas, tras el gesto de los niños.
Elsa era muy pequeña para entender el motivo de tanta gente allí, quieta, en silencio y con flores. Pero ella no podía ser menos. Con sus dos añitos, dando pasos pequeños y tambaleantes, dejó a sus aitas atrás y se animó a subir una escalera para dejar sus claveles.
El santuario "No hemos podido tener una capilla ardiente. Tampoco hemos podido acompañar a sus familiares en un momento tan doloroso, pero de esta forma les demostramos a todos lo que queremos a Iñaki. Nadie se puede hacer una idea de lo que significa para nosotros", dijo Amalia Agirregoitia. "Este es nuestro santuario. Por y para él", añadió.
En su altar también había dibujos. Muchos. Llenos de color e ilusión. "Este se lo he hecho yo esta mañana para que sepa que le queremos mucho. Y así también he animado a mi amama que está muy triste", dijo Mikel, de ocho años, mientras dejaba su obra enfrente de un ramo de flores. En el centro.
Sobre las dos del mediodía, una señora bajaba desde el puente del Ayuntamiento. La mujer llevaba un abrigo marrón, gafas de sol y rosas. Muchas rosas. Caminaba despacio, triste. Al llegar, se agachó con dificultad, pero decidida, y depositó sus flores mientras las lágrimas le caían sin descanso. No quiso hablar. Tampoco quedarse mucho más. "Yo también lucho contra el cáncer. Su muerte me ha destrozado", dijo. Y se alejó.
No fue la única que lloró al emocionarse con la llegada de nuevos ramos de flores. Noelia no lo pasó muy bien. "No puedo con esta tristeza, he dejado mi rosa y me voy", dijo. Y así fue transcurriendo el día, con una multitud de ciudadanos con ganas de llenar de flores las escalinatas del Ayuntamiento y de homenajear de una emotiva forma al alcalde.
Entre las coronas y flores se encontraban las de las federaciones de Baloncesto, la Asociación de municipios vascos-Eudel, Ezker Batua-Berdeak, el alcalde de Oviedo, la Diputación foral de Bizkaia, el Museo de Bellas Artes, Radio Bilbao, numerosas organizaciones del PNV, la empresa Tecuni, empresas como BBVA, las Juntas Generales, el Circo Mundial, y el servicio de limpieza municipal, entre otros muchos, que han añadido la leyenda "al alcalde más cercano".