Tres Azkunas en uno
Primero Iñaki fue el profesor y Juan el alumno. Luego Juan fue el médico e Iñaki el paciente. No era un juego de niños. Eran las mimbres de una buena amistad
DICEN que Iñaki Azkuna era un ser humano irrepetible, pero cuando fue nombrado alcalde tuvo que someterse a un reconocimiento médico para hacerse el seguro como todo hijo de vecino. Allí le esperaba Juan Goiria, presidente de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao y antiguo alumno suyo, con el botecito para los análisis. "Tenía que recoger la orina, le di un frasco pequeñito y dijo: A mí, que soy de Durango aunque sea de Bilbao, con esto no me llega ni para la mitad, o sea que tráemelo mucho más grande, que este no me vale. Con la socarronería que él tenía". Fue uno de los muchos encuentros que ambos mantuvieron como médico y paciente, en los que se fue forjando una buena amistad.
Ahora que la muerte ha puesto punto y final a su relación, Goiria recuerda cómo era Azkuna de puertas para adentro, en el tú a tú, sin cámaras. "Siempre ha sido una persona muy directa y muy clara, que es una de las cuestiones más importantes. Él siempre opinaba claramente sobre lo que había que hacer. En ese sentido, en la relación directa era a veces contradictorio, pero en la cercanía siempre al final te transmitía una calidez que es difícil de describir. Yo creo que esa es la principal faceta. Un buen amigo siempre se tiene que caracterizar por decir las cosas que te gustan y, sobre todo, las que no te gustan, pero que van en tu beneficio, por decirlo de alguna manera. En ese sentido, él era único. No era un hombre de elogios, sino un hombre claro y, sobre todo, muy amigo de sus amigos". En definitiva, un colega de esos que te dicen las verdades por más que duelan.
Lector empedernido, amante de la música, gran conversador... "Le interesaban mucho los aspectos éticos y morales en los temas de Medicina, la practicidad y las gestiones más humanas de la relación médico paciente", esboza Goiria. Pero ¿tenía ese alcalde, en boca de todos, alguna afición desconocida, algún hábito curioso, alguna manía? Parece que no había más oro que el que relucía, que ya era bastante. Que era un hombre sin trampa ni cartón . "Era muy diáfano. Lo que manifestaba en público lo decía exactamente igual en privado. Él era él en todas las condiciones", corrobora Goiria.
"Era complicado, había bastante discusión"
POR lo que cuenta Juan Goiria, Azkuna fue, sin duda, mucho mejor médico que paciente. Él mismo le atendió "en alguna de las etapas de su enfermedad y en más de una ocasión últimamente", por lo que sabe de qué habla. "Era un paciente complicado porque los médicos somos muy malos pacientes. Como tenía criterio en cierta medida condicionaba decisiones que igual si hubiera sido otra persona habrían sido diferentes. Condicionaba las pautas de tratamiento, cuándo tenían que hacerse o qué tenía que hacerse. Eso es muy habitual en los médicos y con el carácter y, sobre todo, criterio que tenía él, se complicaba más la cosa. Había bastante discusión, pero al final siempre se llegaba al acuerdo y era constructivo", explica.
"Se sabía los nombres de ciento y pico alumnos"
UNO trata de visualizar a Iñaki Azkuna en su piel de docente y se lo imagina mirando por encima de las gafas a los alumnos, como hacía desde su sillón de alcalde cuando algún concejal le buscaba las cosquillas en los plenos. A Juan Goiria no le hace falta echar mano de la fantasía porque le dio clase. "Fue un profesor peculiar, pero un gran profesor. Daba Terapéutica física, que, en Medicina, es la parte de radiología y otras técnicas diagnósticas y terapéuticas físicas. El profesor titular era Juan Negueruela, su gran amigo, junto con Javier Sáenz de Buruaga". Las clases impartidas por Azkuna incluían, además del temario, anécdotas divertidas. "Fue de los primeros que hizo en el hospital de Cruces la cineangiografía, que ahora es una técnica muy habitual, pero que antes era mucho más compleja porque había que filmar en Super 8 y había mucha radiación. Él contaba muchas anécdotas de lo que pasaba, como si fuera una película de cine aquello. Con la socarronería que tenía describía todas las facetas de cómo era el corazón y qué es lo que ocurría", cuenta Goiria.
El Azkuna maestro tenía, además, "una memoria privilegiada". "Estábamos en clase ciento y pico y se sabía los nombres de todos. Era increíble. Sobre todo, identificaba muy bien quién había participado en clase y quién no. En el examen iba pasando al lado tuyo y la nota era muy diferente para el que había ido a clase y para el que no".
Las clases, por muy densa que fuera la materia, eran amenas. "Conseguía explicar la teoría y la práctica de lo que son los rayos X, que es un verdadero peñazo, hablando en plata, de una manera divertida. Después de haber estado una hora hablando, terminaba diciendo: Bueno, pues todo eso está muy bien que os lo explique, pero, como bien sabéis, no lo vais a aplicar en vuestra vida, así que quedaos con lo último, que es hacer una buena radiografía y, sobre todo, que salga bien el revelado. Lo más importante, decía, es aplicarlo bien, más que la teoría".
Lo mismo que no fue un alcalde cualquiera, sino el mejor del planeta, tampoco fue "un profesor al uso", de esos que imparten clase con el piloto automático. "Él se implicaba, preguntaba y era interactivo con nosotros. Era muy diferente de los que había en la época, que te soltaban el rollo y ahí te quedabas".