La huella de un hombre en tinta china
La imagen de iñaki azkuna ha quedado grabada en la retina de los dibujantes que se cruzaron en su camino
VAYAMOS a los orígenes. La caricatura, en su sentido moderno, nació en Bolonia a finales del siglo XVI, en la escuela de arte fundada por una familia de pintores, los Carracci. Los estudiantes de esta academia se divertían haciendo retratos de los visitantes bajo la apariencia de animales u objetos inanimados. Aquella visión grotesca y deformada de la realidad hizo fortuna aunque no fue hasta el siglo XIX cuando esa tradición alcanzó a la clase política. Arrancó en Francia, tras las ilustraciones alusivas a temas controvertidos y de personajes como Napoleón III y Luis Felipe, que ponían en tela de juicio su credibilidad ante la opinión pública. Desde entonces, casi siempre ha sido así: un sistema de lucha dirigido con virulencia contra personajes de la vida pública, con el ánimo de ridiculizarlos para resaltar sus errores.
No ha sido ese el caso de Iñaki Azkuna, que rara vez se ha visto reflejando con sañas por los lápices mordaces de dibujantes y caricaturistas. Recuerdo una de Asier & Javier en un blog de DEIA donde en la primera viñeta podía leerse "Dr. Txot. Desde que soy el mejor alcalde del mundo sueño que soy Napoleón, Julio César, Ramsés II y Einstein...". "A eso se le llama sueño delirante", le replica el doctor. Y en la segunda viñeta, salía de nuevo el alcalde diciendo...". Pero el sueño más delirante es que me creo Iñaki Azkuna". U otra de Iñaki Cerrajería en la que se ve Azkuna ataviado a Gargantua hambriento frente a un blusas cuando el alcalde puso en duda la capitalidad vasca de Vitoria-Gasteiz. Esas y pocas más.
'fanfa' y dandi La imagen de fanfa y dandy ha sido la más explotada en las tiras. Para esta ocasión, K-Toño, el dibujante chirene por excelencia en Bilbao, le recuerda sentado con la vara de mando y un aire señorial, "hecho un pincel", trabajando sobre Bilbao. El alcalde celestial de los últimos días también se ha reflejado en las tiras de Asier & Javier, con un aire fanfa y socarrón. Una mirada a las viñetas deja esa impresión: la huella que ha dejado impresa en tinta china.