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Del “somos calvos porque queremos” a un noruego hablando euskera: así ha sido la fiesta del Surne Bilbao en el Ayuntamiento

Los jugadores lo dan todo en el balcón del consistorio y ofrecen el título a las 2.000 personas que se congregaron

En imágenes: la 'marea negra' recibe al Surne Bilbao en el AyuntamientoMarkel Fernández/ Oskar González

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Ya lo cantaron los jugadores del Surne Bilbao tras levantar el trofeo de la FIBA Europe Cup por segunda vez consecutiva: “Somos los hijos de Jaume Ponsarnau”. Lo dejaron claro cuando asaltaron a su técnico en plena rueda de prensa post partido y lo dejaron claro cuando salieron al balcón del Ayuntamiento para festejar el título con su afición.

Así que al entrenador catalán no le quedó otra que aceptar que, a partir de ahora, su familia es numerosa. De hecho, el míster firmó los papeles de adopción en el Salón Árabe de la casa consistorial.

Lo hizo en plena celebración, pero no con un bolígrafo, sino con unas palabras que subrayaron la unión de un grupo tan heterogéneo como campeón: “Hay un islandés, un lituano, uno de Mali, otro de Senegal, un vasco también... Y resulta que nadie había ganado este trofeo dos veces y resulta que tampoco nadie había remontado el partido de ida... así que podemos decir que todos somos ya de Bilbao”.

Ponsarnau fue el más aclamado por las cerca de 2.000 personas que colapsaron los aledaños del Ayuntamiento y el técnico les devolvió el cariño con su naturalidad habitual. De hecho, fue el primero en coger el micrófono en el balcón, pero su discurso quedó eclipsado por los confetis negros y blancos que se propulsaron desde el interior. Y es que unos cuantos fueron a parar a su cabeza.

Tryggvi Hlinason, a su lado, y con una vista privilegiada de lo que sucedía gracias a sus 2,15 metros de altura, no pudo disimular una sonrisa. Intentó quitar a su técnico los papelillos que habían quedado pegados a su cráneo. Pero Ponsarnau tiró de humor para salvar la situación: “Los de Bilbao somos calvos porque queremos”. “Eskerrik asko por ser así, por ayudarnos a ser tan competitivos porque gracias a vosotros podemos ir a contracorriente. Porque nosotros somos un grupo maravilloso pero vosotros nos habéis enseñado el camino”, concluyó el míster.

Después fue el turno de palabra de los jugadores, que se fueron pasando el micrófono para hacer las delicias de los presentes. Algunos, como Margiris Normantas fue escueto pero claro: “Hostia puta, hostia puta”, fue lo único que atinó a decir al ver a miles de personas bajo sus pies.

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Y otros, como Harald Frey, aprovecharon para practicar su euskera. Porque el base noruego está cumpliendo su segunda temporada en Miribilla y, por eso, ya sabe que para remontar primero hay que proyectarlo. “Jo ta ke, irabazi arte!”, les dijo a los aficionados. 

Luego estuvieron los que probablemente trasnocharon anoche, quién puede recriminárselo, y, aunque tuvieron intención, carecieron de voz. Así, Aleix Font y Amar Sylla lo intentaron, pero no lo consiguieron. “Muchas gracias por estar aquí”, atinaron a decir. Y no hizo falta más. Porque la marea negra está en las buenas, en las malas y en las mejores. Y en las, como hoy, insuperables.