Sin tiempo para digerir lo conseguido, sin distancia para masticar lo ganado, la afición del Surne Bilbao se congregó en las escaleras del Ayuntamiento para rendir honores a los reyes de Europa. Y es que, tras la remontada al PAOK en la final de la FIBA Europe Cup que hizo estallar Miribilla, los hombres de negro compartieron con su gente su segundo título continental.
Porque los seguidores del club vizcaino exhibieron ante el rival griego una fe inquebrantable y el premio fue besar metal. Por eso, los jugadores y el cuerpo técnico les quisieron devolver todo lo dado. Y hoy era el día.
De esta forma, bajo un sol inaudito visto la que cayó durante la final, el camión descapotable del Surne Bilbao apareció en el Ayuntamiento de la capital vizcaina. La primera parada de su desfile de celebración. Porque el segundo título continental bien merece varias paradas. Y allí, en las espléndidas escalinatas de la casa consistorial esperaba Amaia Arregi, la primera edil.
Lo hacía ante unos 2.000 aficionados, con una amplia sonrisa y con unas incalculables ganas de tocar el trofeo que vuelve a colocar a su ciudad en la cima del baloncesto continental. A ella se lo ofrecieron la presidenta del club, Isabel Iturbe, y el entrenador del equipo, Jaume Ponsarnau. Pero levantarlo lo levantó con Tryggvi Hlinason. Con sus 2,15 metros de capitán.
La copa de campeones brillaba en manos de la alcaldesa, pero realmente la atención de los presentes se volcó, como no podía ser de otra forma, en los jugadores. En la plantilla que trituró todas las estadísticas y se proclamó campeona. Apareció casi en su totalidad con cara de noche larga, aunque disfrutona. Protegidos por gafas de sol y gorras. E incluso por unas bufadas que ofrecieron más sombra que abrigo. Pero daba igual. Porque se había ganado. Así que valía todo.
Tras un aurresku, Arregi tomó la palabra para decir dentro del Ayuntamiento lo que todos afuera pensaban: “Sois un ejemplo de trabajo en equipo, de esfuerzo y ambición. De creer hasta cuando parece imposible, de no bajar nunca los brazos. Habéis demostrado que uno más uno no son dos, ni son siete. Porque ayer fueron 15”. Y, como parece que el Surne no tiene techo, la primera edil les avisó que “no hay dos sin tres, así que nos volveremos a ver el año que viene otra vez aquí”.
Sin embargo, el Surne Bilbao es el Surne Bilbao gracias a su afición. A esa marea negra que, como explica Ponsarnau, está “en las buenas y en las malas”. Por eso, la fiesta no estuvo completa hasta que se compartió con ella.
Así que los jugadores salieron al balcón, a reencontrarse con el sol, y el delirio estalló a sus pies. Melwin Pantzar, Harald Frey y Margiris Normantas fueron los más aclamados, aunque sin duda alguna la estrella fue el entrenador. Y fin y al cabo, las 2.000 personas que estuvieron en el Ayuntamiento son todas “hijas de Jaume Ponsarnau”.
“Eskerrik asko por ser así, por ayudarnos a ser tan competitivos. Porque este grupo es fantástico e ilusionante, pero vosotros también nos habéis enseñado el camino. Gora Bilbo! Gora Bizkaia!”, concluyó el míster antes de poner rumbo al Palacio Foral. La siguiente parada de la fiesta de la marea negra.