Un infierno domesticado recibe al Surne Bilbao
El Palataki ofreció esta vez una imagen mucho menos agresiva y salvaje que el año pasado, con un timidísimo lanzamiento de papeles tras el salto inicial, pero con similar presión ambiental
No fue lo del año pasado, ni mucho menos. Ni se acercó. El Palataki de Salónica ofreció este miércoles una imagen radicalmente distinta a la de la final de la temporada pasada, tremendamente hostil, con un entorno prácticamente irrespirable. En esta ocasión, el factor ambiental fue radicalmente distinto. Caliente, pero no extenuante. Amenazador, pero sin caer en lo grotesco. Un infierno domesticado.
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La expedición del conjunto vizcaino hizo su llegada al pabellón una hora y 45 minutos antes del salto inicial, prácticamente a la par que los de Pantelis Boutskos, por un recorrido distinto en su acceso final al Palataki, en cuyos alrededores esperaban muchos menos aficionados del PAOK para darles la 'bienvenida' y mucho mayor presencia policial, prácticamente el doble. ¿Estarían ya dentro los hinchas? ¿Podía ser eso cierto si el año pasado el graderío ya estaba prácticamente lleno hasta la bandera y la parte exterior también?
Pues no. Fue una gran novedad acceder al Palataki y encontrar la inmensa mayoría de los asientos vacíos y la música techno sustituyendo al griterío. En esta ocasión, el conjunto de Jaume Ponsarnau pudo realizar sus ejercicios de calentamiento con normalidad, sin ver rollos de papel cayendo a su alrededor. De hecho, la hinchada local solo levantaba la voz, en forma de pitos y abucheos, cuando eran los aproximadamente cien componentes de la 'marea negra' presentes en el pabellón los que tomaban la iniciativa y animaban a gritos a los suyos enarbolando bufandas e ikurriñas. ¿El resto? Machacona música techno. Incluso la zona de asientos de alrededor de la cancha estaba mucho más ordenada, nada que ver con el caos humano de la anterior final.
Recibimiento
Una hora antes del arranque, las gradas fueron ya llenándose y empezaban a ganar protagonismo los banderones locales, sobre todo en uno de los fondos, el que estaba presidido por una enorme pancarta que ocupaba todo el ancho de la pista en honor a los siete aficionados del equipo de fútbol del PAOK que fallecieron el pasado mes de enero en Rumanía en un accidente de tráfico cuando acudían a un partido de la Europa League en Lyon. Y poco a poco el pabellón fue cogiendo tono. Cánticos, torsos desnudos, puños al aire, Welcome to the Jungle de Guns N' Roses por la megafonía, las escaleras y los accesos iban desapareciendo a la vista... El Palataki del año pasado, pero algo más domesticado.
Pitada tremenda en la presentación de los 'hombres de negro', la mítica música que acompañaba la entrada en escena de los Chicago Bulls para el PAOK, minuto de silencio en memoria de la leyenda Oscar Schmidt, salto inicial... Y timidísimo lanzamiento de papeles que apenas alcanzó las esquinas de la cancha, nada que ver con la auténtica tormenta del año pasado. El duelo apenas tardó un par de minutos en reanudarse y transcurrió sin sobresaltos.
