Jorge Bilbao (27-6-1995) se formó en Loiola Indautxu y después jugó en Texas, en el Legia Varsovia y también en Cáceres, Alicante, Castellón y Fuenlabrada en Primera FEB. Su mochila está llena de experiencias poco comunes para un jugador vizcaino.

Tenía muchas ganas de jugar en Bilbao Jokoan con los Miners.

Ha sido una pena porque es el segundo verano seguido que me lo pierdo. El año pasado terminé la temporada con el Fuenlabrada en la Final Four bastante tocado y tuve que ocuparme en la recuperación. Ahora en los últimos entrenamientos me ha molestado una lesión y, como no sé jugar si no es a tope y al 100%, he preferido parar unos días y esperar a los próximos torneos,

De todas formas, usted ya conoce el 3x3. ¿Qué tiene de especial?

Sí, jugué hace tres años con el Valencia Basket. Es una modalidad muy física, lo que me encanta, muy rápida y aunque hay gente a la que no le convence, a mí sí me gusta porque me parece muy atractiva para el espectador y para el jugador, que está envuelto en todas las acciones. En el 5x5, a veces estás más especializado y en el 3x3 todo el mundo tiene que hacer de todo y es muy exigente físicamente por los contactos y por el ritmo y hay que estar en muy buena forma. Es muy entretenido el 3x3 y está creciendo mucho, como se ve en este pedazo de torneo que merece la pena ver.

Además, ahora ya se va hacia la especialización en el 3x3.

Claro, el 3x3 ya se ha separado como una modalidad profesional y en el que hay que implicado al 100% y eso supone jugar torneos durante todo el año por todo el mundo. Hay torneos que están muy bien retribuidos en lo económico y que dan muchos puntos FIBA, que es lo que te hace poder acceder a los torneos importantes de selecciones o a los Juegos Olímpicos.

Esta temporada ha jugado en el Obras Sanitarias de Buenos Aires. ¿Qué tal le ha ido la experiencia?

Obras es un club histórico y muy conocido en España y la experiencia ha sido muy buena, increíble, tanto en lo personal como en lo deportivo ya que ganamos la Copa Islas Malvinas, que era el primer título nacional en la historia del club. La pena fue no llegar más lejos en el play-off, pero teníamos el depósito casi vacío.

¿Y cómo le llegó la oportunidad de jugar en Argentina?

Por una mezcla de lo deportivo y lo personal. Mi pareja es médico residente y tenía una residencia de tres meses en el Hospital Italiano de Buenos Aires. Yo tenía buenas ofertas en España, pero el último año en Fuenlabrada fue muy exigente en lo físico y, sobre todo, lo mental y me apetecía volver a salir después de haber estado en Estados Unidos y Polonia. Se presentó la oportunidad de ir a Obras y ha disfrutado la experiencia de volver a ser el jugador extranjero, con sus cosas buenas y malas, y conocer cómo viven la vida y el deporte en Argentina y en Sudamérica.

Ha podido conocer otro estilo de baloncesto.

Sí, pudimos jugar la Basketball Champions League de América, la Euroliga de allí, y en nuestro grupo tuvimos al Flamengo y al Nacional y pudimos jugar en Río de Janeiro y Montevideo. El baloncesto lo viven de forma distinta, pero hay jugadores de mucho nivel, sobre todo estadounidenses, brasileños y argentinos.

Usted compitió cuatro años con Texas-Arlington en la NCAA. Le llegó pronto esa experiencia, visto como están ahora las cosas.

Yo me alegro mucho por los chavales, ojalá me hubiera pillado a mí. Yo me fui cuando se iba poca gente y no tiene que ver lo de entonces con lo de ahora. Lo que me ofrecieron entonces ya me pareció una oportunidad increíble, tanto en lo económico como en lo deportivo. Pero, además, ahora están pagando cantidades de cientos de miles o millones de euros. En mi último año hicieron camisetas en mi honor y a mí no llegó nada de esas camisetas. Ahora los chicos pueden comercializar su marca y no se puede rechazar. A todos los que me consultan les invito a irse para que disfruten la oportunidad y se lleven todo el dinero posible.

Pero también se ha pervertido el espíritu que siempre ha tenido el baloncesto universitario.

Sí, ya es muy raro que un jugador pase cuatro años en la misma universidad. Se ha convertido en la segunda liga profesional junto a la G-League. Se ha profesionalizado todo. Antes se seguía un proceso de adaptación física y técnica para que con el tiempo fueras ganando importante. Ahora se ha igualado el campo de juego porque los entrenadores sí podían cambiar de universidad ganando millonadas y los jugadores, no. Igual ahora se ha ido un poco de las manos porque se ha perdido ese espíritu y ese sentimiento de pertenencia, pero los aficionados estadounidenses siguen apoyando mucho el baloncesto universitario y por eso sigue siendo uno de los torneos más divertidos del mundo.

¿Y dónde ve su futuro?

Tengo buenas ofertas para seguir en Argentina, pero hay que evaluar todo. También tengo ganas de jugar de nuevo en España y hay que pensarlo bien para seguir jugando al máximo nivel posible y disfrutando del baloncesto.