El Athletic, club único en el mundo por su filosofía en un contexto futbolístico cada vez más globalizado y despojado de sus raíces, puede presumir también de ser único, pionero, en todo aquello que sobrepasa al balón y tiene que ver con los valores que nutren y guían al ser humano. Porque en lo más profundo de cada futbolista, tenga la edad que tenga e independientemente de sus cualidades para el balompié, hay una brújula invisible que el club se encarga de calibrar con mimo en Lezama. Existen numerosos, casi innumerables trabajos y proyectos al respecto a lo largo de los años.
Uno de los últimos, viralizado a través de las redes sociales, tuvo lugar recientemente en la factoría rojiblanca. Concretamente, el pasado 11 de mayo, día especial para Alejandro Vigara (Córdoba, 26-IV-1992) y Álvaro Cabezas (Córdoba, 10-XII-1991), dos athleticzales que impartieron a los jugadores de categoría cadete una charla sobre LGTBIfobia tras sufrirla en sus propias carnes. Ambos se habían hecho virales también con anterioridad, por desgracia, por el simple hecho de fotografiarse con la elástica rojiblanca besándose en el estadio de Vallecas.
“Cada vez que hemos ido a un partido desde que nos conocimos hace dos años nos damos un beso. Nos gusta hacerlo, nos sacamos una foto y la subimos a las redes. El año pasado lo hicimos en San Mamés en el partido contra el Alavés y también hubo un aluvión de odio al subir la foto a Twitter, pero decidí pasar y no hacer caso”, relata a DEIA Alejandro, quien expone que “este año al subir la foto en Vallecas tuvo lugar el mismo aluvión de odio en redes deseándonos la muerte, diciéndonos cómo podíamos hacer eso delante de niños o que si Franco estuviera vivo, estaríamos muertos. Esta vez no quise pasar página y mirar hacia otro lado, así que lo denuncié con un vídeo, que fue el que tanto se viralizó, y a raíz de ahí me puse en contacto con Galder Reguera, de la Fundación Athletic, quien me llamó al cabo de unos días para decirme que el club nos iba a invitar al partido contra el Valencia”.
UNA PROPUESTA ESPECIAL
No solo eso. La llamada incluía otra propuesta, que no era otra que “si mi chico Álvaro y yo queríamos dar una charla contra la LGTBIfobia a la cantera del Athletic. Cuando Galder me dijo eso yo estaba temblando al teléfono, porque es muy bonito que te inviten a un partido, pero que te inviten a dar una charla a la cantera significa que el club está realmente implicado en la causa sin ser algo para la galería”. Llegado el lunes 11 de mayo, un día después de asistir al Athletic-Valencia en San Mamés, Alejandro recuerda que “primero nos enseñaron todas las instalaciones de Lezama y por la tarde dimos dos charlas de una hora cada una al Cadete A y al Cadete B del Athletic. En total, hablamos con unos 43 o 44 chavales”.
La iniciativa, enmarcada dentro del proyecto Garathuz del club rojiblanco, un plan de cantera “que no solo busca formar en excelencia y alto rendimiento deportivo a jugadores y jugadoras, sino a personas comprometidas, con valores, cultura y formación sólida”, tal como explica el Athletic en su página web, permitió que Alejandro y Álvaro impartieran una charla en Lezama en la que “al principio todos los chavales estaban expectantes. Había silencios que Álvaro y yo interpretamos como ese miedo a manifestarse y ser prejuzgados por ello, pero en las dos charlas al cabo de unos 20 minutos hubo chavales que empezaron a participar. Las preguntas, sobre todo, fueron en el aspecto personal respecto a cuándo habíamos salido nosotros del armario, si nos habían rechazado nuestros amigos, cómo lo contamos o cómo reaccionó la gente de nuestro entorno”.
Destaca Alejandro que “en la charla estuvieron presentes los entrenadores de ambos cadetes y un psicólogo del Athletic, quien nos dijo que valoraban mucho la charla al entender que estábamos regalando tiempo a los chavales para que, en caso de haber alguien homosexual allí, pudiera vivir libremente su vida mucho antes sin necesidad de pasar ningún trauma, ni elegir entre fútbol y vida personal, porque las dos cosas son perfectamente compatibles”. Remarca también Alejandro que “intentamos dejar claro a los chavales que la charla no era solo para los posibles compañeros que estuvieran ahí sentados y fueran homosexuales, sino para todos, porque en el vestuario hay que crear un entorno seguro para todos y todos podemos luchar al mismo tiempo por una causa que es justa”.
“Pusimos ejemplos como los de Borja Iglesias, Héctor Bellerín o Aitor Ruibal, futbolistas declaradamente heteros, pero que luchan por los derechos del colectivo”, afirma este athleticzale y periodista cordobés, con quien desde aquella charla en Lezama “ningún otro club de fútbol se ha puesto en contacto por ahora, aunque nosotros estaríamos encantados de continuar con estas charlas en cualquier equipo de fútbol, porque creemos que es algo muy necesario”. “Nuestros besos en los campos van a seguir, por supuesto. Desde que pasó lo de Vallecas, de hecho, nos hemos besado en el campo del Getafe, en el Metropolitano y otra vez en San Mamés contra el Valencia. Es algo natural y en los campos de fútbol nadie nos ha dicho nunca nada. Eso indica que algo se va solucionando, pero mientras haya personas que desde el anonimato sigan sintiendo la necesidad de vomitar ese odio interno, el problema sigue existiendo”.
EL VÍNCULO CON SU PADRE
Alejandro, quien asegura que Álvaro, que ejerció como fisioterapeuta en equipos de fútbol como el Córdoba cuando ascendió por última vez a Primera División en 2014, “salió del armario hace tres años y se ha enamorado del Athletic a través de mí”, expone a título personal que “mi padre era cordobés, se crió en Coria del Río y coleccionando los cromos de la liga se hizo del Athletic, al que seguía por todos los campos de Andalucía”.
“Yo como hijo único seguí ese ritmo con él hasta los 18 o 19 años”, agrega Alejandro antes de apuntar que “a esa edad fue cuando salí del armario y al empezar a vivir mi vida con libertad e ir con mi padre a esos planes no me sentía yo mismo por determinados insultos que escuchaba por ejemplo en las gradas. Me fui alejando de esos planes de fútbol y por consiguiente de mi padre incluso al separarme del mundo del fútbol. Lo que pasó después fue que mi padre pudo ver ganar al Athletic la Copa en 2024, pero falleció el 22 de mayo de aquel año por un cáncer”. Alejandro, por ello, señala que “la LGTBIfobia, sin darme cuenta hasta hace poco, me ha afectado incluso más de lo que pensaba y me arrepiento por ello, porque ahora me queda esa pena de los años que he perdido de disfrutar del Athletic y de mi padre por ese entorno en el que no me sentía a gusto”.
“Poco después del fallecimiento de mi padre empecé una relación con Álvaro, al que le gusta muchísimo el fútbol siendo hermano de Javi Cabezas, futbolista profesional, y fue cuando reconecté con el fútbol y con el Athletic”, se congratula ahora Alejandro, que agradece al club bilbaino una iniciativa contra la LGTBIfobia pionera en los clubes de LaLiga.