El mínimo exigible en el Athletic es salir a comerse el mundo, como si cada partido fuera el último. Luego podrán salirle mejor o peor las cosas, que los jugadores estén más o menos acertados, que sean capaces de marcar más o menos tantos, que estén en condiciones de dejar la portería a cero o que por el contrario encajen un porrón de goles. Se suele decir que el fútbol pone a cada uno en su sitio y cuando un equipo va tan justito de eso como este Athletic, pues ha sido el denominador común de la temporada, qué menos que dejarse el alma en cada acción. Justo todo lo contrario a lo que sucedió en Anoeta en una fecha tan señalada como la vuelta de una semifinal de Copa.
Por fortuna, el fútbol permite revanchas cada poco o muy poco tiempo y el conjunto rojiblanco ofreció anoche una imagen bien distinta a la de tres días atrás. La visita del Barcelona reactivó a la tropa de Ernesto Valverde, que demostró haber superado el duro golpe de la eliminación a manos de la Real Sociedad. No hubo premio, pues aunque a los puntos el conjunto rojiblanco hizo más méritos que su rival para hacerse con la victoria, terminó claudicando después de un gran gol de Lamine Yamal, que quitó las telarañas de la escuadra de la portería defendida por Unai Simón. No pudo hacer nada el de Murgia ante el zurdazo del extremo, si bien esa batalla suya que mantiene con Joan García por ser el portero titular con España en el Mundial, quizá más motivada por la prensa catalana o madrileña que por la propia realidad, salió vencedor después de otra actuación solvente.
De inicio ya se le vieron unas intenciones bien distintas al Athletic a las del partido frente a los donostiarras. Esta vez no hubo ningún experimento raro en la alineación, como ubicar a un central en la posición de lateral derecho, más allá de que por una cuestión de cargas y cansancio en la alineación figuraran algunas caras nuevas como la del joven Selton Sánchez en la media punta o la de Adama Boiro en el lateral izquierdo. Porque que Unai Gómez, lesionado en su rodilla izquierda en el minuto 8, ocupe el puesto de extremo izquierdo hace tiempo que dejó de ser noticia.
Con todo ello, San Mamés asistió al habitual ejercicio de sacrificio del personal. Que no es poco viendo de dónde venía el Athletic. Claro que su reacción, que merece ser aplaudida, del mismo modo que tocó criticar con dureza lo vivido en Anoeta, se quedó en el limbo, sin premio y con una derrota con la que, a decir verdad, contaba casi todo el mundo.
La entrega de todo el equipo merece ser destacada. Excelente fue el trabajo en defensa, donde Dani Vivian y Aymeric Laporte recordaron a los de las mejores noches y Andoni Gorosabel ofreció argumentos muy sólidos como para la gente siga preguntándose por qué se quedó fuera de la convocatoria del derbi. Además, a los numerosos robos en campo contrario esta vez sí acompañaron las rápidas transiciones, algo de lo que había adolecido en repetidas ocasiones el equipo si bien, aunque puso en apuros en varias ocasiones a Joan García, le faltó puntería para haber sacado algo más de provecho que una muy buena imagen.
Claro que esto último no es poco, pues debe servir como impulso para lo que está por venir. El Athletic demostró que tiene fútbol, por mucho que se haya empeñado en hacer pensar al resto que no era así. Tanto Valverde como los jugadores han insistido en incontables ocasiones en los últimos meses que necesitaban encontrar un punto de inflexión. Se buscó a través de alguna victoria, como después de ganar al Atlético de Madrid o a la Atalanta, pero tras la buena imagen ofrecida frente al Barcelona, quizá haya que pensar que el tan deseado punto de inflexión puede llegar después de una derrota. Nunca es tarde y quedan puntos y partidos para llegar a puestos europeos.
Rego, quinta amarilla
En otro orden de cosas, cabe apuntar que Alejandro Rego, que fue titular anoche ante el Barça, no podrá jugar el próximo sábado frente al Girona después de haber visto la quinta amarilla de la temporada.