Ver para creer. El Athletic se transformó 72 horas después de empequeñecer en el asalto definitivo de su semifinal de Copa con la Real Sociedad y sacó esa versión de la que renegó en Anoeta para hacer sufrir en San Mamés al Barça, al que le rescató una genialidad de Lamine Yamal para frustrar al conjunto rojiblanco, que proyectó brotes verdes de cara a las once jornadas de liga que restan.

Lo mejor: Un Athletic creíble apoyado en la solvencia defensiva del curso pasado

El Athletic vio cómo se trucaba su racha de cinco jornadas de liga sin hincar la rodilla, pero más allá del resultado, que no fue el deseado, queda la imagen que proyectó el colectivo de Erensto Valverde, que sacó esa versión que se pide en estos lares, una versión que va con el ADN rojiblanco, de ahí que su parroquia se acostara con la satisfacción por el juego generado, pero fastidiado por un resultado que premió en exceso al líder de la liga y que penalizó a los leones, que, así y todo, deben explicar el por qué de sus dos pobres partidos de la semifinal de Copa y el meritorio de anoche. Es difícil digerir tal bipolaridad.

Un buen Athletic que se cimentó en su intensidad desde el minuto cero y en su solidaridad defensiva, donde emergió el impacto de futbolistas que son referentes en estos matices. En concreto, emergió el mejor Dani Vivian cuando su campaña hasta la fecha ofrecía más sombras que luces; Aymeric Laporte ratificó la razón de que sea un central top y a estos dos se sumaron Andoni Gorosabel, que quizá firmó su mejor actuación de la campaña; y Adama Boiro, que cumplió a buen nivel ante Lamine Yamal, pese a que este recurrió a su magia para decidir el partido. Un alto tono defensivo que, sin embargo, no sirvió para dejar la puerta a cero, la asignatura pendiente en este año 2026.

Lo peor: La falta de puntería y la lesión de Unai Gómez

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En el fútbol goles son amores y el Athletic, visto lo visto en los últimos partidos, no puede presumir de atractivo de cara a la puerta rival. Bien es cierto que los rojiblancos no bombardearon a disparos a Joan García, quien, eso sí, respondió con acierto en los que tuvo que intervenir; de ahí la debilidad en la pegada de los leones, que fabricaron acciones con peligro, pero a los que le faltó tomar la mejor decisión en el momento de hacer daño a un Barça que no se sintió a gusto. Valverde prescindió de inicio de Gorka Guruzeta, el pichichi, que delata que el donostiarra ha perdido poderío; Iñaki Williams no es un goleador nato y en esta ocasión tampoco lo solucionó un Robert Navarro, otrora inspirado en el remate y que ha ido de más a menos con el paso de la temporada.

Fue una noche agridulce por el resultado y por la lesión que sufrió Unai Gómez, que a los ocho minutos se lastimó la rodilla izquierda en una acción en la que apoyó mal dicha articulación, una imagen tremenda que hizo temer lo peor, es decir, una lesión grave que parece que se ha desactivado a la espera del diagnóstico que desvelen las pruebas a las que será sometido el de Bermeo en las próximas horas. Al Athletic parece que es víctima de una especie de vudú a modo de lesiones y no se dan síntoma de que se haya encontrado el antídoto para erradicarlas.