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La contracrónica

El Athletic toca fondo

El conjunto rojiblanco muestra una pésima imagen frente a un Barcelona que le goleó y que no marcó más tantos por compasión en una cita de la que sale muy golpeado y señalado

El Athletic toca fondoEfe/Athletic Club

Tenía razón el bueno de Iñaki Williams cuando el capitán, en un ejercicio de sinceridad, aseguró que ir a jugar a Arabia Saudí era “una mierda”. Lo dijo el 30 de diciembre, a las puertas del año nuevo, después de que el Athletic se diera un baño de masas ante su afición en San Mamés, donde lo ordinario, el contacto del aficionado con su equipo, ha pasado a convertirse en extraordinario. En fin, un circo el de los entrenamientos a puerta abierta y su propagandismo digno de la mejor película de Hollywood.

Pero en esa batalla no está solo el Athletic, son muchos los que le emulan. También la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), que hace tiempo que decidió dejar de lado al aficionado local, al genuino, para abrazarse a los petrodólares de un país tan democrático y respetuoso con los derechos humanos como Arabia Saudí. Allí han montado un circo en el que molestan los dos invitados que no son Barcelona y Real Madrid, y hasta allí viajó el Athletic para tocar fondo.

El tiempo, apenas una semana, le ha dado la razón a Iñaki. Jugar ante el Barcelona supone no ser favorito, que la derrota pueda darse por segura, pero para hacer semejante ridículo no hacía falta ir hasta a Oriente Medio. Hubiera resultado mejor ahorrarse las más de cinco horas de avión, que Ernesto Valverde no tuviera que salir a tirarle de las orejas a su capitán por emplearse en esos términos y, de paso, el vergonzoso y desigual reparto económico entre quienes participan del tinglado saudí habría pasado desapercibido en Bilbao. Pero mientras todos den por válido el sistema, nadie dé un golpe en la mesa y se sienten en palcos de mármol, todo seguirá igual. También el Athletic, que sigue como en 2025, mal, muy mal. Está tan mal que tocó fondo ante miles de saudíes, que aprovecharon la coyuntura para pitarles en cada balón que tocaban. No quieres taza, pues toma taza y media.

Aunque los pitos fueran motivados única y exclusivamente por ser el rival del Barcelona, a decir verdad habrían sido más que merecidos por el desempeño ofrecido por los pupilos de Valverde en Yeda. Hacía tiempo que no se veía a un Athletic tan apático, tan falto de ideas, jugando sin ganas, como si la cosa no fuera con él. Si el objetivo era boicotear la Supercopa desde dentro habría tenido un pase, pero no, para nada era ese el objetivo.

La participación del Athletic en la Supercopa se ha saldado con unos ingresos de 1,7 millones de euros. La mitad corresponden a la prima por participar y la otra mitad, a su condición de semifinalista. Barcelona y Madrid se llevan 6 kilos solo por jugar y el Atlético, 2. Los culés suman un mínimo de 1,4 millones por llegar a la final.

Claro que visto el primer tiempo, porque lo que sucedió tras el descanso estuvo de más, cabe preguntarse cuál era el plan ideado por Valverde para tratar de hacerle daño al Barcelona. Como quiera que se empeña en seguir jugando día tras día con aquellos que no están bien -no tuvo más remedio que dejar a Nico Williams en el banquillo por unas molestias-, apostó por ubicar a Iñaki Williams en punta. Se supone que el plan pasaba por explotar la velocidad del capitán, pero no hubo manera.

Apenas se vieron un par de pases en largo cuando el partido aún estaba abierto. Ninguno llegó a buen puerto y el Athletic decidió echarse atrás, quedarse en campo propio a verlas venir. Claro que lo hicieron con una literalidad absoluta. Si la idea era esa, tampoco funcionó. Ni una triste falta, ni una patada de más. Nada. Un cero en intensidad. Los leones fueron mansos gatitos sin colmillos ni uñas con las que defenderse ante un Barcelona que con poco hizo mucho daño. En fin, un absoluto despropósito.

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Ridículo rojiblanco

Tras el ridículo rojiblanco no queda más que apiadarse de aquellos que, con la ilusión por bandera, viajaron hasta Arabia Saudí para acompañar al equipo. Dijo Valverde tras el parón navideño que habían agradecido los días de descanso para cargar pilas. Va siendo hora de pasar de las palabras a los hechos.