Con buen juego es más fácil hacer gol

El partido con el Celta estuvo presidido por el infortunio, pero dejó sentado que el Athletic tiene fútbol para generar mucho peligro

21.01.2020 | 06:23
Asier Villalibre trata de sortear la oposición de Unai Núñez en el entrenamiento de ayer.

bilbao - Tras el empate con el Celta todos los análisis y opiniones desembocaron en la escasa puntería de los chicos de Gaizka Garitano. El tema sale a colación casi cada semana y es que los números no mienten. El gol no figura entre las especialidades del Athletic, que se vale de su notable balance defensivo para compensarlo. Su caso guarda cierto paralelismo con el del Atlético de Madrid, no en vano presentan cifras casi clavadas de goles a favor y en contra, aunque las nóminas de delanteros de ambos clubes sean incomparables. Lo cierto es que son los únicos capacitados para figurar en la parte alta de la tabla con un índice de efectividad en el remate tan bajo, el resto de los equipos que rondan o no alcanzan la media de gol por jornada se apelotonan en la cola: Alavés, Valladolid, Eibar, Mallorca, Celta, Leganés y Espanyol.

Volviendo al domingo, resulta obligado admitir que el 1-1 es la consecuencia directa del desperdicio de ocasiones. Mientras el Celta metió uno de sus cuatro intentos, el Athletic contabilizó catorce remates y su solitario acierto fue de penalti. Este desequilibrio tan acusado en la generación de peligro real, al margen de probar que la justicia en el fútbol puede funcionar igual de mal que en otros ámbitos de la vida, no es algo común en los partidos del Athletic.

Si se repasan sus actuaciones salen varias parecidas, donde tras atacar con una constancia admirable y mereciendo golear se hubo de conformar con victorias ajustadas. Pasó hace trece meses contra el Girona, en octubre ante el Levante y alguna tarde más hay por ahí de este estilo, pero en general se constata que le cuesta bastante fabricar situaciones favorables de gol. Lo normal es que, además de conceder poco o nada a sus oponentes, saque rédito de las contadas llegadas nítidas que firma. Esta es la tónica en su trayectoria, lo que le viene caracterizando, la ecuación de que se vale para competir en la mayoría de sus compromisos, también en San Mamés.

Con esta reflexión se pretende sugerir que el día del Celta no debe meterse en el mismo cajón donde reposan tantos y tantos encuentros en que la claridad de ideas de medio campo hacia arriba ha brillado por su ausencia. Dicho de otro modo: la frustración que se respiraba esta vez al término del partido es muy comprensible porque el Athletic jugó bien, incluso muy bien en amplias fases. Y precisamente porque lo hizo así, porque supo circular la pelota, elaborar, alternar la pausa con la aceleración, explotar los costados y servir centros aprovechables, dispuso de un montón de opciones de remate. Unai López lo dejó caer, al declarar que detrás de las múltiples ocasiones contabilizadas en el área viguesa estuvo el buen uso del balón.

transición Que el Athletic no conquistara el triunfo fue más un accidente que una cuestión de acierto, influyó más el infortunio que la impericia, pese a que a nadie se le escape que la plantilla va corta de gente con instinto para finalizar. A este respecto, Garitano habló de "carencia clara". No es novedad que mencione la conveniencia de que más hombres se apunten al capítulo goleador, "todos tenemos que sumar más" deslizó. Y añadió otro argumento: "Está jugando Raúl García de delantero sin serlo, por necesidad". No, ariete no es el navarro, pero sus dotes le acreditan como un consumado rematador, con los pies y con la cabeza.

La apuesta de Williams en punta ha dejado paso a esta disposición con Raúl García avanzado, que posee sus ventajas, sobre todo si el equipo llega y abastece, en cantidad y calidad, como ante el Celta. En todo caso, asistimos a un proceso de transición en la delantera. Añorar a Aduriz carece de sentido a estas alturas, Raúl García es un recurso pasajero, seguramente el idóneo hasta que aparezca un recambio. Otra cuestión es que Kodro y Villalibre, arietes específicos, no hallen huecos para ir tomándole el pulso a la categoría. El técnico reparte minutos y quizás no pueda compatibilizar la exigencia del día a día con las necesidades en el corto y medio plazo, quizás, pero el problema de este Athletic es más de creación que de finalización.