Hermanados por Gregorio Blasco

Comparten la pasión rojiblanca a miles de kilómetros de distancia bajo el influjo del primer gran portero en la historia del Athletic. La peña de Mundaka y la de México D.F., con el nieto del exleón a la cabeza, han estrechado lazos estos días

09.02.2020 | 01:06
Blasco y Saavedra sostienen dos imágenes de la peña en honor a Gregorio Blasco. Fotos: Borja Guerrero/DEIA

La peña de Mundaka y la de México D.F., con el nieto del exleón a la cabeza, han estrechado lazos estos días

NO podía tener otro nombre. La peña del Athletic en Mundaka honra a Gregorio Blasco. Nacido en la anteiglesia costera en 1909 y mítico portero del Athletic de antes de la Guerra Civil, de la que tuvo que huir a México para establecer una nueva vida tras dejar el fútbol con 4 ligas y otras tantas Copas y tres zamoras, la figura del cancerbero ha servido para hermanar a aficionados de uno y otro lado del Atlántico. A dos peñas separadas por 10.000 kilómetros de distancia. Una delegación de la peña México, con el nieto de Blasco a la cabeza, rindió recientemente visita a la pequeña localidad que vio nacer al primer grande de la portería rojiblanca, a uno de los porteros más laureados de la historia del balompié vasco.

La figura de Blasco empieza a tener su reconocimiento en el pueblo que le vio nacer. En buena medida, por la peña que tiene su nombre, que invitó a la afincada en México D.F. a estrechar lazos. La vida del portero se apagó en 1983, si bien dejó una huella imborrable allí por donde pasó. Primero en el Athletic -antes jugó en el Chávarri, Arenas y Acero de Olabeaga-, con el que debutó en 1927 para enlazar diez temporadas que la contienda bélica paró en seco; después en la selección de Euzkadi que recorrió medio mundo en favor de la causa vasca durante la difícil etapa de la Guerra Civil; posteriormente en el España y el Atlante de México; y un periplo de un año en River Plate, en Argentina. Colgó las botas -y los guantes, aquellos por los que fue conocido como el Electricista en suelo argentino- en 1947, pero no abandonó el fútbol. Fue entrenador en el Atlante y, pese al paso de los años, siempre tuvo en mente al Athletic. "A su amado Athletic", resalta su nieto, que se llama Gregorio como su abuelo, y cuyo padre preside la peña mexicana.

"Ser del Athletic allí requiere un esfuerzo, pero es algo que hacemos gustosos", afirma el nieto del mítico guardameta, que guarda indeleble en su memoria a su abuelo y, sobre todo, las vivencias que le fue contando en vida sobre el club rojiblanco. "Siempre decía que el mejor jugador que había visto en su carrera era Gorostiza. Según él, era un fenómeno de los grandes. Y Labruna, en Argentina", señala un Blasco, que en su juventud llegó a entrenar en Lezama con el Bilbao Athletic y que actualmente es socio del club pese a vivir al otro lado del Atlántico. "O de cómo despejaba los balones que le llegaban al área, que mi abuelo los ponía en el centro del campo. De alguna forma, fue un innovador para su tiempo", remarca. "Mi aitite también me hablaba del Euzkadi, ese equipo de jugadores -en plena Guerra Civil- que no cobraron nada por jugar" en países diseminados por medio mundo. "Y todo lo que cobraban lo mandaban" para la causa vasca. "¡Y, como no!, los títulos del Athletic que hemos festejado en la Euskal Etxea", afirma.

"Hoy en día tenemos muchas maneras de seguir al Athletic, pero imagínate cómo lo hacían mi aitite y mi aita sin Internet ni redes sociales... Nos llegaban las informaciones de los partidos de periódicos como DEIA. Pero nos llegaban tres meses después... Mi abuelo jamás olvidó al Athletic y nos inoculó ese virus, por otro lado, tan sano, de pertenecer a un club único en el mundo".

Con la peña mundakarra de cicerone en su visita al pueblo costero, en la que también participó otro miembro de la agrupación rojiblanca mexicana como Jerónimo Saavedra -cuya familia es oriunda de Lekeitio-, todos ellos pudieron charlar animadamente sobre su pasión compartida: "el Athletic". Y es que miles de kilómetros de Euskadi, la agrupación azteca cuenta con una notable actividad que se ha ido labrando durante sus 20 años de vida. Con sede en la Euskal Etxea de la mastodóntica ciudad de México D.F., "en el txoko donde los partidos son acompañados con comidas", actualmente reúnen "a diferentes generaciones de athleticzales", remata Saavedra, quien no duda en mostrar con cierto poso de orgullo un reciente video de la cadena azteca Televisa, sobre la peña.

experiencia Blasco nieto y Saavedra aseguran llevarse a su tierra una grata experiencia en Bizkaia. De hecho, "hemos visitado Lezama y hemos podido conocer en persona al presidente Aitor Elizegi, y a dos grandes como Manolo Delgado y Goiko. Y asistimos al palco en San Mamés en el partido ante el Rayo. Allí vi a un mito como Iribar. La verdad es que desde el club nos han recibido de maravilla", apostilla. Blasco, además, relata cómo su abuelo pudo conocer al Txopo en 1976, en una gira por México. "Mi aitite y mi aita estuvieron allí e Iribar le regaló a mi aita unos guantes. Imagínate qué ilusión...".

El paso por Mundaka también ha sido "precioso. Tener una comida con la peña en honor a mi abuelo de aquí... muy emotivo", reconoce junto a Kepa Larruzea, miembro de la peña mundakarra que gestó la jornada de hermanamiento. Hubo además intercambio de obsequios y los vasco-mexicanos se pudieron llevar un cuadro en memoria de Blasco obra del artista local Josu Cabriada. "Solo podemos agradecer la atención que hemos recibido, el cariño sentido" remarcan los dos aztecas, que prevén participar en el congreso internacional de peñas en Baiona. Mundaka, eso sí, aún le debe un homenaje más a Blasco. Su peña mundakarra busca que una calle reconozca su figura. "Sería un honor y vendremos para verlo", avanza su nieto.