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De vírgenes no tan inocentes

SAN | Mamés no defraudó en mi ‘primera vez’, aunque raúl García cortase un poco el rollo con un gol tan rápido

De vírgenes no tan inocentes

HE de confesar que nunca he entendido la finalidad de esta tribuna en la sección de Kirolak. Creo que se trata de trasladar las sensaciones de mi primera vez en un partido del Athletic en San Mamés. Sí, aún hay gente en Bilbao que vive de espaldas al deporte rey. En honor a la verdad perdí la virginidad con este templo en el concierto de Muse ya que, como todo Pichichi, logré una invitación a través de un colega de una amiga que tiene un conocido en la Diputación, que se subió al circo de la MTV para proyectar la imagen de Bizkaia internacionalmente. Pero esa es otra historia y el de hoy es otro circo, el del fútbol. Once contra once, un balón, dos porterías y 90 minutos por delante.

A estas alturas ya habrán podido intuir que no me gusta el fútbol. Pero no es porque sienta un odio irracional contra este noble deporte o albergue el insano placer de nadar contracorriente. Soy deportista, me gusta ver deporte por la tele y me entretiene mucho escuchar los partidos a través de la radio porque este formato es puro arte. Les contaré un secreto, duermo desde los 15 años escuchando El Larguero, así que supongo que algo se me habrá quedado grabado entre el duermevela y la fase Delta del sueño profundo.

Pero perdonen mi atrevimiento, creo que el fútbol es aburrido como espectáculo. Llegué a esta conclusión después asistir a decenas de campos de Segunda durante mi primer año como periodista. Sí, mis orígenes en en este oficio de juntar letras fueron en deportes y les puedo asegurar que me chupé un montón de partidos. No les voy a taladrar más con mis cuitas poco futboleras, solo que estimo que son demasiados minutos para pocos o ningún gol. Ayer Raúl García marcó el único tanto a los 40 segundos del inicio del encuentro, con lo que ya se pueden imaginar que me sobraron 93 minutos y 20 segundos que duró el partido por los 4 minutos que añadió el andaluz Melero López. Pero sí, no estuvo mal vivir un partido del Athletic en una de esas noches bonitas de San Mamés. Y además un derbi.

Así que ahí me tienen yendo por primera vez en el metro hacia el mismo lugar que la afición del Athletic, algo que suelo evitar ya que me agobian las multitudes en espacios reducidos. Pero ya que estaba metida en faena, qué menos que intentar disfrutar de la entrada gratis. Ayer corroboré que el fútbol y el Athletic, en particular, son un fenómeno de identificación colectiva. Lo que sí descubrí es que es muy diverso. Los partidos son un nexo para familias, matrimonios, cuadrillas o gente que prefiere la compañía de su bocata. Por cierto, lo de las flautas que la gente se mete entre pecho y espalda en los descansos se merece otro artículo, en serio.

Me dirijo a la puerta 23. Después de que un aficionado me indicase amablemente que debía salir de su fila e ir a la de las mujeres por el tema del cacheo y de que una compa de mi cola me compañase a mi localidad, finalmente tomo asiento. Estoy en la fila 10, justo detrás de la portería del Eibar. Tomo notas sobre la arquitectura del estadio, me choca lo pequeño que se ve el terreno de juego y lo altos que son los jugadores. Localizo el palco y mientras flipo con la cubierta, la gente empieza a cantar el himno del Athletic? Emocionante. El señor que se sienta a mi derecha tiene unos prismáticos y dos asientos más allá una mujer saca una bolsa de patatas y otra de pipas que reparte entre sus hijos.

Melero López pita el inicio. Continúo con las notas de ambiente y me llama la atención que el portero del Eibar se apellide Riesgo y haya elegido una camiseta amarilla y el número 13. No acabo de escribir “a este tío le va la marcha...”, cuando Yuri se interna por la banda izquierda y pasa a Raúl García que manda el balón al fondo de la red. Gol. Delirio. Poco más que añadir que no sepan ya.