FIDEL Uriarte fue uno de los grandes. La historia del Athletic está llena de gestas protagonizadas por este sestaoarra con unas cualidades innatas para el remate de cabeza y que también era capaz de bajar la pelota al piso y moverla con maestría. Asombro de sus antecesores y referente para sus sucesores. Descarado en sus inicios con 17 años, ya con alma de líder y una mentalidad siempre ganadora, y apoyo para las siguientes camadas que admiraron aquella figura rojiblanca que se elevaba siempre por encima de los demás para mandar con un potente testarazo el balón a la red. Muchos fueron los que tuvieron el honor de asistirle en sus 120 goles con el conjunto bilbaino, más todavía los que los celebraron con entusiasmo. Y es que Uriarte era pura esencia rojiblanca. Lucha y calidad. El césped era su terreno de juego y ahí era feliz mientras se ganaba la admiración de sus compañeros con su juego. Un juego único que le convirtió en ídolo de la afición y en una leyenda del Athletic.
Su muerte ha sido un duro golpe para la familia rojiblanca, tal como ha podido testar este periódico. Fidel era un hombre muy querido por sus compañeros. “Se me ha ido un amigo, una buenísima persona y un jugador espectacular, no he conocido otro como él”, señala José Ángel Iribar, que casualmente debutó el mismo día que Uriarte debido a la lesión de Carmelo. Portero y delantero se convirtieron en el núcleo duro del equipo de aquella época y su relación fue más allá. Estaban destinados a encontrarse: “Debutamos el mismo día, cumplimos años el mismo día? Nos unen muchas cosas y hemos vivido momentos inolvidables juntos”. El exportero rojiblanco tuvo la oportunidad de jugar con grandísimos jugadores, aunque a la hora de nombrar al mejor de ellos tiene claro quién está en lo más alto. “El mejor jugador que he conocido era Fidel. Cuando salía con 17 años a jugar ya era impresionante. Le gustaba el campo, no tenía complejos e incluso cuando nevaba o había hielo, salía remangado”, afirma el Txopo.
Un ídolo y amigo Las cualidades futbolísticas llevaron a Uriarte a ser un fijo del Athletic cuando todavía era un juvenil. Sin embargo, fueron sus valores como persona los que le hicieron ganarse un sitio en el corazón de sus compañeros. “Fue un hombre extraordinario, con un carácter en la caseta impresionante, un hombre alegre y una excelente persona”, relata Daniel Ruiz Bazán, que no pudo jugar con él pero sí que compartió más de una pretemporada. El que sí que estuvo en el césped con el sestaoarra fue Javier Clemente. “Va a ser difícil que volvamos a ver a un jugador así en San Mamés. Marcó una época en el Athletic como Pichichi y era un jugador extraordinario. Además, era muy buen tío, simpático y agradable”, añade el de Barakaldo.
Manu Sarabia fue uno de los que más pudo conocer a Uriarte: “Para mí es un día muy triste, una noticia horrorosa. Era uno de mis ídolos y sin ninguna duda uno de los mejores jugadores del Athletic. Cuando estaba en el primer equipo y yo era juvenil, me llevaba muchas veces a casa. Imagínese lo que significaba para mí eso viniendo de mi ídolo”.
Uriarte fue uno de los padres deportivos de Sarabia. Fue su apoyo en los primeros momentos y el sestaoarra siempre confió en aquel delantero que estaba llamado a sucederle. “Recuerdo que un partido que jugamos en Lezama con el juvenil, estaba el primer equipo concentrado. Entonces, yo jugaba con el 10 y el dijo que ese que estaba jugando con el 10 era el que le iba a sustituir a él”, recuerda Sarabia. Fidel fue la referencia de toda una generación. El jugador estrella y al que admirar. Imitar sus espectaculares saltos era el ejercicio de los niños de aquella época y también de sus compañeros más jóvenes. “Para mí ha sido un maestro, me fijé mucho en él de cara al remate de cabeza. Tenía unas cualidades impresionantes con los pies, pero era un fuera de serie con la cabeza. Después, en mi carrera he hecho muchos goles de cabeza, sé que no significa nada, pero era el jugador que me gustaba y en el que me fijé”, reconoce Dani.
Los testarazos eran la seña de identidad de Uriarte y dar un buen centro se convirtió en garantía de gol en aquella época. “En los viajes de autobús me decía que era un cabrito porque centraba y levantaba el puño antes de que saltara. Si el centro era bueno sabía que iba a meter gol y efectivamente lo metía”, asegura José Mari Argoitia, que convivió buena parte de su estancia en el club bilbaino con Uriarte. Ambos llegaron a ser “grandes amigos”. A la hora de jugar, el sestaoarra era todo un seguro. “Siempre pedía el balón y en el noventa por ciento de los partidos, era el gallo del encuentro”, afirma Argoitia.
flotaba en el aire Hoy en día el fútbol ha cambiado mucho. Los jugadores son diferentes y encontrar semejanzas con Uriarte es complicado. “Se me puede asemejar en aquella época a Santillana, un delantero que aparte de una gran capacidad de salto, tenía la cualidad de quedarse unas décimas de segundo suspendido en el aire y hacer el remate”, describe Dani. Pero el exdelantero rojiblanco no ve a nadie parecido a Uriarte en el fútbol actual, pero sí que aprecia alguna similitud con el actual atacante titular del Athletic: “Muy pocos jugadores tienen esa capacidad de mantenerse en el aire. Salvando las distancias, puede que Aduriz tenga esa semejanza, pero eran jugadores con unas características completamente diferentes”. Al margen de las comparaciones, una cosa queda clara para los que le vieron jugar: “Fue uno de los mejores de la historia”.