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29 de septiembre de 2002, Estadio Municipal de Braga, quinta jornada en Portugal, minuto 69 en el marcador: "Estábamos (el Braga) haciendo un partidazo, ganábamos 4-2 al Sporting de Lisboa y faltaba un cuarto de hora para el final (ciertamente eran 31 minutos), y saltó al campo (con el dorsal 28). Tenía 17 años y unos 7 kilos menos. Se puso a hacer bicicletas y a hacer cosas que decías: ¡madre mía! Pero si te van ganando 4-2 lo único que puedes provocar es que te rompan la pierna. Me quedé con la anécdota. Luego se lo llevó el Manchester United y mira lo que es hoy". El dorsal 11 del Braga era el delantero y trotamundos guipuzcoano Ibon Pérez Arrieta (9-VI-1977, Donostia), testigo del debut del que hoy es referente de clase mundial, Cristiano Ronaldo, lo que con el tiempo se transformó en "una bonita anécdota" de su agitada vida.

"La gente le tiene mucho paquete (a Ronaldo), aun así es un ejemplo por lo que lucha para ser quien es. Se le veían cosas, llamaba la atención entonces, pero la verdad que no imaginaba que llegara a ser lo que es. También tenéis el ejemplo del Athletic, que los chavales que salen de ahí no lo tiene nadie. Con trabajo, ganas e ilusión se consiguen las cosas", emana este jornalero del balompié, el futbolista estatal que ha jugado en más países (España, Portugal, Israel, Grecia, Inglaterra y Rumanía), y ha sudado 15 camisetas distintas, en este orden: Pollença, Real Unión, Huesca, Talavera, Chaves, Braga, Estoril, Ferrol, Logroñés, Maccabi Herzliya, PAS Giannina, Melilla, Swindon, Pandurii y ahora golea para El Palo malagueño de Tercera. Se escribe pronto. Arrieta, su nombre de guerra, es un nómada guiado por la ilusión de comer del balón. Pasión por el fútbol.

Aquí un episodio: apalabró desde Rumanía, su anterior estación, un negocio de kebabs en Málaga para poder afincarse allí y jugar en El Palo por la recompensa de un posible play-off. "De la noche a la mañana me fui, como siempre". Porque así es Arrieta y "no me arrepiento de nada", nada sobre lo que pudo haber sido y no fue. Su brújula es la pelota. Una "vida inestable" pero más que satisfactoria. "No tengo carrera universitaria, tengo la carrera de la vida -habla cinco idiomas-, que me ha permitido valorar lo bueno y lo malo", reza. ¿Y entre Messi y Ronaldo con quién se queda? "Son los dos mejores, sin ellos, ¿qué hubiera sido de sus equipos en las semis de Champions? Igual también hubieran pasado? Pero veo a Messi más completo".

contacto con mourinho Aquel 29 de septiembre de 2002 quedó instalado en la memoria futbolística, asociado a uno de los nombres más ilustres, y también a otros como los de Simao o Deco, Pepe, Carvalho? Sí, el Oporto de Mourinho campeón de la Champions al que también tuvo por rival. "Era una maravilla, nos dieron un baile. Entonces Mourinho pasaba desapercibido, su nombre pasó a ser reconocido en el Chelsea, tuvo que salir, como todos esos jugadores, lo mismo que Vilas-Boas; en Portugal los había considerados más prestigiosos. Lo mismo sucede en España. Hay técnicos buenos que se estancan y deben salir para alcanzar resultados, que son los que mandan en el fútbol", sentencia, "agradecido" por su "buena escuela". Y no la única que ha pasado ante sus ojos. Compartió un curso de entrenamientos en el Sanse con la generación Aranburu, Rekarte, Barkero... Todo acontecido por moverse. "Que me quiten lo bailao", apostilla, sin tapujos. "Fue una época mala. Con 18 años fui a hacer la mili y a Kortabarria, que estaba por aquel entonces, no le hizo mucha gracia. El caso es que no me cogieron. Nunca he pensado si aquello cortó mi progresión", divaga.

Arrieta prosiguió sus andanzas, goleando a la vida, porque "de todo lo negativo se saca algo positivo", con el mundo por montera. Pero todo comenzó de forma peculiar, como no podía ser de otro modo. "Me ofrecieron ir al Pollença y tuve que tomar la decisión en horas". Arrieta era pintor, de 20 años, además de aprendiz de futbolista, amateur. Telefoneó a sus aitas, sus suspiros. "Si me hubieran frenado? Me dijeron que para pintar tenía toda una vida por delante". Hizo las maletas y no regresó.

Pidió matrimonio al fútbol. 14 años de relación en los que "hasta hace poco he vivido de este deporte", dice, con dulces etapas como el título de pichichi de la 2ª portuguesa o su estancia en el Braga. "Se han pasado volando. Hablan de récord de países y no sé si he estado en 15 equipos, no llevo la cuenta. Mi madre seguro que te los dice todos, pero la verdad es que sí es una vida de locura y, desde luego, no cambio nada. Fuera te valoran mil veces más que en casa, por eso no me da pena haber tomado estas decisiones", expresa con orgullo, con mil banderas en el corazón. Dejando huella, porque "nadie puede hablar mal de mí". Y eso que tiene pendiente un juicio para abril en el que reclama parte del sueldo del contrato firmado con el club rumano Pandurii. "Son cuestiones profesionales, entiendo que me hicieron un contrato con el que podían pagar a tres o cuatro jugadores, el presidente se volvió loco conmigo, pero defiendo lo mío".

Arrieta espera volver a casa. "Quiero colgar las botas con mi madre viéndome, al igual que todo empezó". Por de pronto rompe redes para El Palo, cerca de cumplir otro sueño, "jugar un play-off, algo que nunca había hecho, y lo que me trajo aquí", y bregando para cerrar una campaña que le abra puertas cerca de las aguas que bañan La Concha, para, quién sabe si dar por concluido su eterno viaje pateando tras el balón, como delantero que se precie, porque un día venció a uno de los reyes del fútbol, un caprichoso e inolvidable 29 de septiembre de 2002.