bilbao
la adopción de un nuevo emblema, el segundo del que existe constancia en el club, obedeció a una iniciativa de puro sentido común. Lo que ya no es tan común es la razón misma que provocó el cambio. El Athletic optó por diseñar un escudo distinto al que le representó desde 1902 debido a que modificó los colores de su uniforme. Simple y llanamente fue así y resulta comprensible. Ahora bien, a santo de qué se relegó la camisa arlequinada azul y blanca de siempre, la de los orígenes, para sustituirla por una roja y blanca. Aquí es donde intervino el azar y solo el azar.
El Athletic y su escudo son rojiblancos hasta nuestros días y para siempre debido a un episodio que se ha de catalogar como un fallo humano. Lo que se considera genuino, aquello que se tiene por incuestionablemente puro, puede no serlo. Y ello no quita para que sea aceptado como aval o signo de una identidad, pues el tiempo es lo que en definitiva legitima la autenticidad. Este sería el caso, pues el colectivo que se reclama Athletic hace suyos unos colores y no hay más que hablar.
Sin embargo, nunca está de más conocer cuáles fueron los hechos. El Athletic, que en ocasiones, muy al principio, vistió de blanco, seguramente porque no había más que ponerse para correr detrás de un pelotón, adoptó enseguida el azul y blanco en sus camisas y el negro para el pantalón o calzón, como entonces se le decía. Esta vestimenta coincidía con la del Blackburn Rovers. Satisfecho con la calidad de la ropa que utilizaba este equipo fundado en 1875, el Athletic aprovechaba cualquier viaje de negocios o de placer a Inglaterra de sus socios para aprovisionarse de dicho material.
Los colores bilbainos
En una de esas oportunidades, quien hizo el recado fue Juan Elorduy, jugador del filial que el Athletic tenía en Madrid, el embrión de lo que hoy es el Atlético de Madrid, porque estaba estudiando Ingeniería en esa ciudad. Elorduy viajó con la encomienda de comprar 50 equipaciones completas, la mitad para dejar en Bilbao y la otra mitad para llevar a Madrid. Por no se sabe qué motivo, acaso falta de stock, resultó que no pudo realizar la operación y para arreglar el problema no se le ocurrió más que hacerse con las camisetas que encontró allí donde debía embarcar para volver a Bilbao, el puerto de Southampton.
Debió pensar Elorduy que más valía presentarse con unas camisetas, las que fueran y en número suficiente, que con las manos vacías. Así que se vino con camisetas a listas rojiblancas y pantalones negros, ya que así era el uniforme clásico del Southampton. La medida de urgencia tuvo una excelente aceptación pues en definitiva rojo y blanco son los colores de Bilbao.
El 9 de enero de 1910, en el campo de Amute de Irun, el Athletic visitó al Sporting luciendo por vez primera sus camisas rojiblancas. Se trataba de un amistoso, pero la cita queda registrada porque ese día el Athletic mudó su piel de modo definitivo. Se da por sentado que por aquellas fechas se procedería asimismo al cambio de escudo, de lo que no existe testimonio documental, al margen de los diversos soportes que se conservan de esa década, en cartas, carnets, cromos, etcétera.
Intratables
Con el uniforme de The Saints, que así se conoce a los jugadores del Southampton, no le fue mal al Athletic. Todo lo contrario, el club vivió una etapa gloriosa. Ganó cuatro títulos de Copa de seis posibles, en una edición acabó como subcampeón y en la otra no intervino por cuestiones federativas que se precisarán más adelante. Como si el rojo le insuflase más fuerza, el Athletic apeó en la semifinal de Copa de 1910 a un Madrid crecido por sus recientes éxitos, y en la final, con un gol obra de Iza, dio buena cuenta del Club Ciclista San Sebastián o Vasconia, que ejercía además de anfitrión. Los futbolistas bilbainos fueron despedidos a pedrada limpia, trago amargo ampliamente compensado por el recibimiento que se les brindó en Bilbao, por cuyas calles se pasearon en manuelas, carros tirados por caballos, vitoreados por el gentío. La Copa quedó depositada de forma provisional en el domicilio del presidente Pedro de Astigarraga.
Este éxito le concedió al Athletic la prerrogativa de organizar la Copa del año siguiente y el club se puso manos a la obra para acondicionar un terreno, puesto que Lamiako no reunía unos mínimos exigibles. Se escogió Jolaseta y la Sociedad de Terrenos de Neguri se encargó de la construcción. Ese mismo año, se decidió fichar a un entrenador, figura inexistente que debía meter en cintura a los futbolistas, poco amigos de entrenarse y de la puntualidad. Cómo no, se eligió un inglés, Mr. Shepperd, que aguantó mes y medio y de quien se destaca en las crónicas que, otra cosa no, pero bebiendo café era un fenómeno.
Lo cierto es que su espantada (alegó que aquella plantilla era un "caos") no tuvo consecuencias, el Athletic derrotó en la final al Español, 3-1, lo que se celebró con un amistoso ante el Civil Service inglés, denominación que induce al escepticismo. Y entonces vino la gran bronca. El presidente Alejandro de la Sota no quiso transigir, quiso que la Copa de 1912 se jugase otra vez en Bilbao. La Federación Española propuso la alternativa de Barcelona y desde Bilbao que no, que como mucho estaba dispuestos a desplazarse a una tercera sede, Irun. Hasta Alfonso XIII tuvo que mediar, pero no hubo consenso, el Athletic fue expulsado de la Federación y desposeído del último título. Total, que no participó en la competición.
Las aguas volvieron a su cauce con posterioridad y el Athletic acudió a Madrid con la aspiración de reeditar su condición de campeón, pero en vano. Alcanzó la final tras superar al anfitrión, 0-3, pero en la final el Racing de Irun y, sobre todo, el árbitro se lo pusieron imposible. El marcador final señaló un empate a dos, después de que a los rojiblancos les anulasen nada más y nada menos que seis goles. Vaya. El título se dirimió a las 24 horas y finalmente ganaron los guipuzcoanos por la mínima. Las crónicas bilbainas se escudaron en la inferioridad manifiesta que causó la repentina lesión del extremo Pinillos.
Nacen los 'leones'
Siempre no se puede ganar, o sí. El Athletic se resarció en las temporadas venideras, al enlazar tres títulos. Tenía un equipazo en el que destacaba Pichichi, Rafael Moreno Aranzadi, primer icono del club, sobre quien se profundizará en la siguiente entrega. La consecución de la Copa de 1914 (2-1 al España de Barcelona) dio pie a algunas ilustrativas reflexiones de Seve Zuazo, integrante de aquel equipo: "Era entonces cuando se nos empezó a llamar leones… Imaginen cómo jugábamos. La alegría que nosotros sentíamos era inmensa porque además de practicar un deporte que nos entusiasmaba, veíamos que nos conocía todo Bilbao".
Algo de héroes sí que tenían aquellos jóvenes. En la semifinal de la Copa de ese año que disputaron en Vigo, nadie les fue a buscar al hotel para conducirles al campo, se tuvieron que buscar la vida recurriendo a coches particulares y cuando llegaron al escenario del partido se encontraron con que había casi dos metros de desnivel de una portería a la otra. Pero el Athletic estaba lanzado y la Copa de 1915 se resolvió con un significativo 5-0 sobre el Español. Semejante contundencia acaso vendría motivada por la aportación de Mr. Barness, el primer técnico con el que el club obtuvo un título.
Desde Barcelona se apuntó algún otro argumento para explicar la brillante trayectoria de los rojiblancos: "La inundación de que se sirve el Athletic por medio de mangas de riego para que el campo quede imposible y desconcertar a sus enemigos". Comentar que la final estuvo en el alero por falta de árbitro. Finalmente se logró contratar al suizo Hermann, que dio validez a tres goles de Pichichi, uno de Zubizarreta y otro de Germán.
Ese año tampoco faltaron los incidentes en la ciudad de Vigo, donde el Athletic empató sin goles con el Fortuna en la ida de la semifinal. Los gallegos se sabían inferiores y lo intentaron todo: ubicaron una banda de música detrás de la portería defendida por Ibarretxe, para desconcentrarle sería, lo mismo que los tiragomas empleados con el portero a modo de diana. En el descanso, a los rojiblancos les ofrecieron bocadillos, cuya ingesta lógicamente aplazaron hasta la conclusión de un partido que se hizo eterno porque el equipo de casa despejaba tan fuerte como podía y pasaban minutos antes de que se devolviese el balón. Tampoco hubo recibimiento para celebrar este título, la directiva lo suspendió por el fallecimiento de Agustín Cortadi, cuya relación con el club no se ha podido determinar. Únicamente acudieron a la estación representantes de los clubs locales y el alcalde de la Villa, Julián Benito Marco Gardoqui.
El Athletic ganó asimismo la final de 1916 en Barcelona. El rival, un Real Madrid donde descollaba la figura de René Petit. Poco pudo hacer ante la pujanza rojiblanca, sellada con un gol de Acedo y tres del ariete Zubizarreta, un portento físico que poco antes a punto estuvo de dejar el fútbol por falta de motivación. Por fortuna alguien le convenció para que siguiese en activo. Este tercer título consecutivo se tradujo en la recepción de la Copa en propiedad y provocó una nueva expresión masiva de felicidad de la hinchada, cada vez más numerosa. Incluso los colegios bilbainos dieron fiesta a los alumnos para que pudiesen acudir al recibimiento.
Rivalidades
La inercia positiva experimentó una brusca interrupción. El Athletic dejó de añadir triunfos a su palmarés, la Copa se convirtió en un objetivo imposible y ni tan siquiera el Campeonato Regional, trámite previo, dio satisfacciones. Se acentuó la rivalidad con el Arenas de Getxo, club que se le subió a las barbas, lo que dio lugar a enfrentamientos de enorme emoción e intensidad. "Un match Arenas-Athletic equivale a una especie de guerra de la Independencia", narraba la prensa de la época.
Esa rivalidad se agregó a la ya existente con la Real Sociedad, que incluso provocó en el Campeonato Regional de 1916 la suspensión a cargo del Gobernador Civil de Gipuzkoa, quien alegó "el carácter violento de estas luchas deportivas y el lenguaje intemperante y apasionado por ambas partes". Ese partido se trasladó a Jolaseta y la Real no compareció, dejando con un palmo de narices al árbitro y al Athletic, dispuestos para iniciar el juego. La Federación sancionó el mutis por el foro de la Real con una multa de 2.000 pesetas.
Esta victoria rojiblanca también dio pie a que se montase otro recibimiento de carácter multitudinario. Lo que sigue es parte del discurso que pronunció Mario de Arana, el alcalde bilbaino: "Vuestro triunfo ha sido moral porque la moral y la justicia han triunfado sobre la intriga y la insidia". Es evidente que el asunto con los donostiarras estaba muy enconado. Para escuchar estas palabras, hubo que recurrir a la manguera, únicamente así pudo despejarse el itinerario del equipo, pues la extraordinaria concentración de aficionados hacía imposible que los jugadores llegasen hasta el Ayuntamiento.