Cuando llegué a Málaga, en el verano de 1974, no sabía casi lo que me iba a encontrar, pero ahora casi 40 años después sigo pensando que esos tres años de experiencia con el equipo de La Rosaleda es una de las cosas mejores que me han pasado en la vida". Habla Fidel Uriarte (Sestao, 1-III-1945), un rojiblanco cuya vida está íntimamente ligada al club malacitano, ya que además de ser su destino cuando su época en el Athletic tocó a su fin, fue el primer equipo contra el que jugó en Primera División, el primero al que le marcó un tanto y el último ante el que afrontó su despedida como león. Por eso esta noche, cuando se sienta ante el televisor, sentirá un poquito de nostalgia, aunque no tendrá ninguna duda sobre quién quiere que salga triunfador: "El Athletic, que es mi padre".

Un padre que le acogió a muy temprana edad. Y es que Fidel Uriarte formó parte de aquel primer equipo juvenil del Athletic que en la temporada 1960-61 dio sus primeros pasos en la competición oficial. Allí coincidió con Luis Mari Zugazaga, el recientemente fallecido Txutxi Aranguren -que también llegaron al primer equipo- y con Fernando Ochoa, que dejó el fútbol por los números y completó la carrera más longeva en el Athletic, como gerente del club, de todos los compañeros de promoción.

Uriarte era un centrocampista ofensivo, que iba muy bien de cabeza y con un disparo letal. Su ascenso al primer equipo fue fulgurante. Con 17 años se estrenó en La Rosaleda, "el mismo día que debutó con el primer equipo Ángel (Iribar), pero yo lo hice de titular, mientras que él salió del banquillo porque se había lesionado Carmelo". Ángel Zubieta fue el técnico que confió en aquel chaval de Sestao que no se arrugaba ante nada ni ante nadie pero que tenía el gol entre ceja y ceja.

Su paso por el equipo rojiblanco respondió a lo que se esperaba. Llegó a ser Pichichi de la Liga en el curso 1967-68, "en el que empecé con tres goles al Córdoba en el primer partido de Liga y en el que le metí cinco al Betis el día de Nochevieja, el último de ellos de penalti, aunque yo no era el encargado de tirarlos. Era Txetxu (Rojo), pero como ya había metido cuatro, los cuatro de cabeza, e íbamos 7-0, me dijo tíralo tú, que lo metes seguro. Y lo metí". Junto al título de máximo goleador, dos Copas más adornan su palmarés: la de 1969 frente al Elche (1-0, gol de Antón Arieta), y la de 1973, frente al Castellón (2-0, Arieta y Zubiaga).

la llamada del málaga Un año después de este último título, el Málaga se interesó por la situación de un Fidel Uriarte cuya aportación al juego del equipo que dirigía Milorad Pavic había decaído en el último curso. "Ellos llegaron a Bilbao con una oferta muy interesante y pagaron un traspaso, creo recordar que fue de cuatro millones de pesetas, que el Athletic me lo cedió íntegramente". Comenzaba así, con 29 años y tras 12 en el primer equipo rojiblanco, su aventura en la Costa del Sol.

El francés Marcel Domingo fue su primer técnico blanquiazul y a orillas del Mediterráneo se encontró con un viejo conocido, el guardameta Juantxu Deusto, también fallecido en fechas recientes. Uriarte encajó en el sistema del Málaga como un guante. "La verdad es que allí era prácticamente el puto amo. Y no porque lo dijera yo, sino porque cuando jugábamos en casa, al más destacado siempre le daban un jamón; pues yo me llevé un montón de ellos". Así, jamón a jamón, gol a gol, partido a partido, Fidel fue haciéndose un hueco en el corazón de los seguidores malacitanos. El sestaoarra intentaba integrarse en la vida y las costumbres andaluzas y por eso se unía a sus compañeros cuando comenzaban a tocar la guitarra y a dar palmas, "aunque enseguida me decían: Vasco, no aplaudas que lo que hay que hacer es dar palmas. De todas maneras, Uriarte recuerda con cariño aquellos años que compartió "con Migueli, Orozco, Requejo… Migueli era mi mejor amigo" y confiesa que "aún cuando voy por allí hay algunos que me reconocen".

Su ascendencia en el vestuario andaluz aumentó cuando Milorad Pavic, el extécnico del Athletic, se hizo cargo del Málaga. "Llegué a jugar de líbero, porque me permitía ordenar el juego desde atrás y no cansarme tanto". Y Uriarte confiesa, casi cuarenta años después, que "en los partidos que jugué con el Málaga contra el Athletic, procuraba no pisar mucho el área, no fuera que marcara un gol y me llevara un disgusto".

Fidel es agradecido y optimista. Como tantos otros conocedores de los entresijos del fútbol, de sus cuitas y sus tejemanejes, sabe que la irrupción de Marcelo Bielsa en el vestuario rojiblanco necesita tiempo para asentarse. "Hay que esperar un poco. Solo hemos jugado tres o cuatro partidos y, aunque no ha habido buenos resultados, tampoco se puede decir que están jugando mal. Es cierto que el equipo tiene que mejorar en muchos aspectos, pero lo que necesita y lo que le tenemos que dar entre todos es paciencia".

En su época como jugador rojiblanco, Uriarte también vivió dos experiencias con entrenadores extranjeros. La llegada de Ronnie Allen, primero, y de Milorad Pavic, después, cambió muchos de los conceptos que habían imperado hasta entonces en el Athletic. Bielsa también ha aplicado sus métodos. El que fuera Pichichi del Athletic desvela que "en nuestra época los jugadores le ayudábamos mucho al entrenador. Nos solíamos reunir los cuatro o cinco titulares fijos y le decíamos cómo creíamos que teníamos que jugar. Pero de esto hace mucho tiempo y el fútbol ha cambiado mucho".

Sobre Fernando Llorente, "con su altura, ¡qué sé yo cuántos goles hubiera marcado!", Uriarte opina que "está muy solo ahí arriba. Lo hace muy bien, pero no sé lo que le pasa con el gol".

Fiel recuerda lo loco que está el fútbol, "el Levante le gana al Madrid, el Málaga ha hecho un equipazo con el dinero del jeque", no quiere juzgar de antemano el hecho de que Josu Urrutia sea el presidente del Athletic, "seguro que lo intentará hacer lo mejor posible", y solo aguarda a que el reloj se acerque a la hora del inicio del partido "para sentarme delante de la televisión". Se le activará el chip de la memoria y rememorará los años en los que disfrutó como un niño. "¡Cómo me gustaba jugar al fútbol!". Y lo hizo de cine en el Athletic y en el Málaga. Un montón de jamones así lo atestiguaron en su día.