Hugo Prieto Jefe del área central de delitos contra las personas de la ertzaintza

Hugo Prieto: “Lo más frecuente es que muchos agresores sexuales en serie lleven una vida normal”

Encabeza un equipo de trece investigadores, una unidad especial que llevaba mucho tiempo tras el violador en serie detenido por su última agresión sexual en Beasain. La quinta que le imputan desde 2012. Era una “piedra en el zapato”. Así le cazaron

09.02.2020 | 11:22
Hugo Prieto.

Hugo Prieto  encabeza la unidad especial que llevaba mucho tiempo tras el violador en serie detenido en Beasain

Donostia - Pasaron seis días desde la violación de Beasain hasta la detención. Pueden parecer muchos con tanta presión mediática, pero seguro que no lo es, ¿verdad?

-Pues no. Seis días desde que se produjo la agresión sexual, y detener además al autor en este caso de otras cuatro agresiones más, ocurrida la primera de ellas en 2012, pues para toda la Ertzaintza y el grupo que yo dirijo ha sido un gran alivio. Desde los primeros momentos de este último caso, ya pudimos cercar más o menos al que era nuestro sospechoso y eso nos daba esa tranquilidad de que estábamos en el camino bueno y lo íbamos a detener relativamente rápido.

Lo triste para ustedes es que sabiendo que había un violador en serie suelto, asumir que tenía que destrozar otra vida para poder pillarle.

-Esa es la paradoja. El primer hecho ocurre en agosto de 2012 (Andoain) y en principio sí nos llama la atención el modus operandi, cómo ataca a la víctima; pero es un hecho que en principio puede ser aislado y la investigación se queda en un ámbito más territorial. Pero cuando salta la segunda, en septiembre de 2012 (Tolosa), ahí es donde mi equipo empieza a funcionar, porque vemos que estamos ante un posible agresor sexual en serie.

¿Qué es lo que ha demorado detener a este violador en serie?

-Cometió otra agresión en septiembre de 2013 (Anoeta), casi un año después de esa segunda agresión de 2012, y esa diferencia en el tiempo... En ese año no ocurrió nada, hasta 2013, pero ya no está en la misma zona donde había cometido las dos anteriores. Y luego nos vamos a la siguiente, en 2015 (Lasarte-Oria), casi dos años después, y además ha cambiado de zona, con lo cual hay que jugar con los perfiles.

¿Descoloca todo eso?

-Claro, no teníamos muchas herramientas. Sí teníamos descripciones, teníamos ADN, pero hay que buscar al propietario de ese ADN. Es el 1 de enero de 2015, en Año Nuevo, cuando se produce la cuarta agresión sexual; todas separadas en el tiempo. Entonces, no teníamos ese hilo del que tirar, aunque habíamos hecho un montón de cosas. En ese parón nos pateamos todos los sitios donde pudieran vender cloroformo, aprendimos cómo se podía hacer, los tutoriales que había en Internet.

¿Qué ha sido determinante en este caso para llegar a él?

-La declaración de la joven. Mi sección, el Área Central de Delitos contra las Personas, una de las encomiendas que tiene es la investigación de los crímenes en serie y para eso tenemos que estar revisando todas las agresiones sexuales, patrones que se repiten. Entonces, cuando salta esta agresión sexual en Beasain ya vemos que el violador ha utilizado un producto que impregna en una tela y ha puesto en la cara de la joven. Ahí vemos que puede ser el mismo.

¿Siempre actuaba igual?

-Ha cambiado un poquito, porque las primeras agresiones sexuales las cometía al acecho; las víctimas están en una zona oscura, una zona de autobús, a altas horas de la madrugada... Pero en este caso ya vemos que está esperando dentro del portal. Cuando hablamos con la víctima nos dice cuál es su rutina normal. Y es que vive con familiares en ese domicilio, que normalmente hay otra hermana que la suele esperar en la puerta de casa, pero que todos ellos recientemente se habían marchado a su país; y que estaba sola y que muy poca gente de su entorno sabía eso. Y eso nos da un poco de luz.

¿Esa fue la clave?

-Empezamos a mirar cuáles son esas personas que pudieran conocer esa situación de la joven y vemos que entre ellas aparece el varón que finalmente hemos detenido, que coincide con esas descripciones vagas que teníamos de otras víctimas, y que pudiera ser el autor del crimen.

Ustedes están acostumbrados a todo, pero este no es un caso cualquiera, ¿verdad?

-Pues no, no lo es. Es de un grado de dificultad alto. Llevábamos siete años con denuncias encima de la mesa, que no sabíamos quién era el autor. No solamente tenemos la certeza de estas cinco, sino que nosotros le atribuimos varios casos más, por el modus operandi. Pero claro, a nosotros nos llama la atención que desde el año 2015 al 2019 no ha habido nada. Puede ser que no haya producido ningún otro hecho, pero puede ser también que haya cometido algún otro hecho no denunciado.

Ahí está la importancia que tiene el denunciar.

-Correcto. Aunque hoy en día, gracias a Dios, las mujeres que sufren este tipo de hechos denuncian, también es verdad que hay una cifra negra en todo esto, porque puede haber intentos de agresión sexual que no se han llegado a consumar y que por no pasar por este trance de denuncias y tal, pues no se hace. Para que te hagas una idea, él ha ido cambiando un poco. Las dos primeras agresiones sexuales utiliza un spray, pero no las llega a adormecer del todo, y por eso salta a otro sistema, que es el de impregnar en una guata, una tela, el cloroformo, que es un cloroformo casero, con más productos.

¿Casero quiere decir elaborado por él mismo?

-Digamos que en el análisis de ese producto hay más cosas, no solamente cloroformo, y pensamos que puede haber mezclado algún producto más para disimular el olor o cosas así.

'Las manadas'... ¿Qué está pasando con esto? ¿Va a más el tema de las violaciones o que se denuncia más?

-Ahora, gracias a Dios, se denuncia más. No hay que aguantar ningún tipo de grosería, improperio, ni abuso. Sobre todo esos intentos de abuso sexual o de agresión que muchas veces igual no llegan a nada, porque ha venido un vecino o porque le has empujado al tío y se ha retirado.

De esas habrá muchas, ¿no?

-Yo creo que sí. Y eso nos puede dar pistas de hechos que han podido ocurrir en otra población. Esas cosas no hay que pasarlas por alto, porque esa persona que ha podido intentarlo, quizá con otra lo ha conseguido.

¿Qué pasa con este chico, un varón de 35 años, con pareja y dos hijos. ¿Encaja en el perfil de un violador?

-Sí nos encaja. Hemos trazado perfiles geográficos, criminológicos, psicológicos, pero no son la panacea; lo que sí te dan es una herramienta para poder discriminar en un momento dado. Y lo más frecuente es que muchos agresores sexuales y homicidas en serie tengan una vida normal, digamos en su vida no delincuente.

¿Ven factible obtener pruebas como para que se le puedan imputar más casos a este sujeto?

-Tenemos el convencimiento policial, por modus operandi, de que ha podido cometer algún caso más. ¿Hasta dónde podemos llegar a convencer al juez? Pues en esa labor estamos. Por un lado, reforzar los cinco casos que están totalmente aclarados, pero además intentar dar luz sobre otros. Y ahora es el momento de que la gente se acerque a la Ertzaintza y hable.

¿La colaboración ciudadana es importante?

-La colaboración ciudadana y los medios de comunicación son importantes, siempre en la medida justa porque dar mucha información en un momento dado puede perjudicar.

¿Qué me dice de los medios que tenían los investigadores antes y los que tienen hoy?

-No tienen nada que ver. Yo empecé en investigación en 1995 y la diferencia con lo de hoy es brutal. Simplemente para las muestras de ADN, antes hacía falta mucha cantidad de muestra, o bien de pelos o de sangre, y ahora con micropartículas somos capaces de sacar el ADN. Luego hay temas de vigilancia, sistemas de comunicaciones, los teléfonos móviles, las cámaras de videovigilancia, el cruce de datos, el estar conectados con Europa. Todo esto es una ayuda.

¿Qué le parecen 171 violaciones al año en Euskadi, quince al mes?

-Donde más se cometen es en portales, donde ya creemos que estamos seguras, no en descampados ni sitios peligrosos. Al entrar en tu portal, te empujan y entran.

¿Cuáles son los casos que le han dejado huella a lo largo de su carrera?

-Los dos casos que me han marcado en cuanto a homicidio, uno es el de Amaia Azkue, que nos marcó a todos. No le encontrabas ningún tipo de razonamiento, ni por el robo, ni por el ataque, nada. Algo bastante brutal. Totalmente gratuito. Recuerdo que cuando hablábamos de ella, hablábamos de mi chica, nuestra chica, porque todo el grupo sentía que era algo que nos podía haber pasado a cualquier hermana, madre o mujer que ha ido al supermercado a comprar y cuando vuelve con la compra se encuentra a esta persona. Y el segundo caso, estamos hablando del año 2000, el de Virginia Acebes, que fue apuñalada y violada en Bilbao.

¿Cómo se lleva eso en el día a día?

-Al final, el muerto está muerto y hay que buscar al asesino, pero los casos que se llevan con más presión son un secuestro o una desaparición con indicios de criminalidad, que está en juego la vida de la persona, porque tienes que correr sin equivocarte. Y con las agresiones sexuales en serie, igual. A ver si me entiendes lo que quiero decir? Una agresión sexual de un individuo que sale de fiesta y no vuelve a cometer otra, pues es un tío al que hay que buscarle y detenerle. Pero un depredador sexual, en cuanto lo hueles, sabes que va a cometer otra y tienes que intentar pillarle antes. Y además, en esos casos la violencia suele ir in crescendo, porque puede que violar ya no sea suficiente; o que un caso se le vaya de las manos. El propio grupo vivimos la presión, la propia jefatura nos presiona y notas la presión de la sociedad.

La sociedad y los medios le están pidiendo una detención ya. ¿Eso va en contra de la rigurosidad que exigen estas investigaciones?

-Así es. La verdad es que intentamos abstraernos en la medida de lo posible y tengo que decir, que son siete años con este caso, y en este tiempo se han hecho las pesquisas con bastante cautela. Vamos, que no hemos levantado mucho la liebre diciendo que tenemos un agresor sexual en serie en esta comarca.

¿Porque no les interesaba?

-Precisamente, porque si nosotros levantamos mucho la liebre, esta persona puede cambiar de forma de proceder o desaparecer.

Sin embargo, la sensación que tenemos en Euskadi es que no hay grandes casos sin resolver como el de Marta del Castillo o Madeleine McCan. ¿Es así?

-Euskadi es un país seguro. Si comparamos los índices de criminalidad con los de otras comunidades autónomas o incluso con cualquier país de Europa, vemos que somos un país seguro. A lo mejor por el nivel de vida que tenemos. El de Madeleine, por ejemplo..., son casos raros. Lo normal es que cuando desaparece un menor en Euskadi es porque ha habido un descuido, un accidente. No hay sustracciones. Puede ser que algún padre se lleve a su hijo por ese conflicto entre progenitores. Pero no es habitual.

¿Tiene que ver la distribución territorial, la ausencia de grandes ciudades? ¿Estamos controlados todos?

-Esa es la siguiente. Por un lado tenemos un nivel bueno en cualquier parte de Euskadi y luego los núcleos de población no son grandes, como pueden ser Madrid o Barcelona, con grandes guetos. Y luego hay que decirlo, aunque suene pedante, pero la Er-tzaintza es una policía con muy buena capacidad y formación. Estamos en muchos foros a nivel europeo, dando clases y conferencias a policías de otros países y a jueces y fiscales de todo el Estado. Hay que confiar en nosotros. De hecho, la mayoría de los casos se resuelven.