"2025 fue un año difícil en la lucha contra los incendios y todo apunta a que este verano también lo será"
“Es más fácil invertir en emergencias que en prevención”, lamenta Arantza Pérez Oleaga, quien critica el estado de conservación de los montes
¿Por qué se queman tantas hectáreas de bosque cada año? ¿Es posible evitar los grandes incendios? ¿Cómo se pueden combatir? Cada verano, cuando el fuego amenaza los montes, resurgen las mismas preguntas. Para profundizar en estas cuestiones, conversamos con la vicedecana del Colegio Oficial de Ingenieros de Montes, Arantza Pérez Oleaga (Madrid, 1981), quien apuesta por un cuidado activo de los montes como pieza clave para proteger el medio natural y asegurar que se conserve en buenas condiciones.
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¿Cómo se presenta el verano?
Venimos de un 2025 complicado y todo apunta a otro verano difícil. Nunca hay certezas, pero ya hemos tenido algunos incendios en primavera. El gran problema no es solo dónde empieza el fuego, sino el estado de abandono de muchos montes. Tenemos mucha biomasa vegetal acumulada y eso hace que, cuando se produce un incendio, genere tanta energía que resulte muy difícil extinguirlo.
¿Cuál es el principal reto en la lucha contra el fuego?
En España más del 56% del territorio es forestal, en Euskadi también alrededor del 55%. Con esa realidad, el reto no es solo apagar incendios, sino gestionar de manera eficaz el territorio durante todo el año.
¿Seguimos actuando tarde en el tema de los incendios?
Sí. Nos acordamos de los incendios cuando llega el verano y pensamos en las emergencias y su extinción. Pero hay que trabajar todo el año, no solo cuando le vemos las orejas al lobo.
¿Qué se necesita para evitar los incendios?
Hace falta conciencia ciudadana, autoprotección, una mejor gestión forestal y actuaciones preventivas en las zonas más vulnerables. Los ciudadanos deben entender el riesgo; los municipios deben prepararse ante la interfaz urbano-forestal; y el monte necesita cuidados para no convertirse en pasto de las llamas. Si empezamos la casa por el tejado, siempre llegaremos tarde.
“Conservar los montes no significa abandonarlos a su suerte. La prevención exige tiempo, planificación, recursos y una gestión activa”
¿Hemos aprendido algo al respecto?
Hemos aprendido lentamente. El problema es que ponemos el foco tarde, cuando ya se están quemando los bosques. Entonces se habla de medios de extinción, pero no de prevención. La prevención exige tiempo, planificación, invertir en recursos y estar activos durante todo el año.
Cada vez vivimos más lejos del medio rural. ¿Cómo influye este hecho en los incendios?
El 95% de la población vive en el 5% del territorio. Nos hemos vuelto muy urbanitas y eso dificulta entender que un bosque necesita gestión para estar sano. También ha avanzado la llamada interfaz urbano-forestal: el monte está cada vez más cerca de viviendas y núcleos habitados. Por eso, es fundamental trabajar la autoprotección con ayuntamientos y ciudadanía.
¿Qué implica la gestión activa de los montes?
Tenerlo vivo y cuidado. Mantener accesos, generar discontinuidades en la vegetación, aprovechar recursos y hacer que quien vive del monte tenga interés en conservarlo. Un monte rentable es un monte que preocupa a la gente y que está mejor preparado frente a un incendio.
¿La gente de los pueblos está más concienciada que la de las ciudades en la prevención contra los incendios?
Sin duda. En entornos rurales el vínculo con el monte es directo. En cambio, en las ciudades hay más distancia emocional y práctica. Pero el riesgo afecta a todos, porque el territorio está cada vez más conectado.
¿Influye el cambio climático en la magnitud de los incendios?
Sí. Aunque haya primaveras lluviosas, cuando llega el calor el estrés hídrico es muy fuerte. La vegetación crece rápido y luego se seca de golpe. El resultado es más energía disponible para el fuego.
En los últimos años se han registrado menos incendios, pero de mayor magnitud.
Se trata de los llamados incendios de sexta generación, que superan la capacidad de extinción incluso con medios avanzados.
¿Por qué son tan difíciles de controlar?
Por la cantidad de combustible acumulado. Generan tal energía que ni la tecnología ni los equipos pueden contenerlos en determinados momentos. Por eso, la prevención es decisiva.
¿Cómo influye la simultaneidad de incendios a la hora de extinguirlos?
Complica todo. Cuando varios grandes incendios coinciden, la capacidad de coordinación se tensiona al límite. No solo es cuestión de medios, sino de organización y toma de decisiones en tiempo real.
“Se han detectado problemas fitosanitarios en la vegetación en Euskadi y Navarra. Estamos trabajando para para encontrar soluciones”
En regiones como Euskal Herria los incendios son menos devastadores. ¿Por qué?
Por varios factores. Primero, hay una importante tradición forestal y la climatología no es tan extrema. Eso reduce la frecuencia y la intensidad de los incendios. Pero no debemos caer en la complacencia. El cambio climático está modificando escenarios y hay que seguir trabajando.
Cuando se habla del origen de los incendios acaba apareciendo en muchos casos la acción del hombre.
Hay incendios intencionados, pero muchos tienen que ver con negligencias o accidentes. El uso del fuego ha acompañado históricamente al mundo rural. Hoy existe menos población en esos entornos, más envejecida y en un contexto muy distinto. Por eso es tan importante la prevención y la formación.
¿Las administraciones tienen en cuenta a los ingenieros de montes?
Nos sentimos un poco impotentes. Es más fácil invertir en emergencias que en prevención. La prevención no da fotos ni titulares.
¿Han mejorado los equipos de extinción?
Tenemos profesionales extraordinarios y medios muy avanzados, pero siempre hay margen de mejora. La coordinación es fundamental y también las condiciones laborales de quienes trabajan en estos operativos. Necesitamos equipos preparados durante todo el año. Tenemos capacidad para decidir qué tablero de juego queremos pintarles a quienes luego tienen que enfrentarse al fuego.
¿Las campañas de sensibilización siguen siendo útiles?
Sí, pero deben evolucionar. Ya sabemos que no hay que tirar una colilla por la ventanilla. Ahora, hay que explicar que consumir productos forestales sostenibles también ayuda a prevenir incendios. Conservar el monte no es abandonarlo a su suerte.
¿Cuál es el estado de los bosques en Euskal Herria?
Se han detectado problemas fitosanitarios en la vegetación, como la banda marrón en el pino radiata. Esta se ha visto también en la cordillera cantábrica y en Europa. Las enfermedades no entienden de fronteras administrativas.
¿Qué se está haciendo al respecto?
Se está trabajando con propietarios, industria e investigadores para encontrar soluciones. Se están estudiando tratamientos, modelos de gestión y especies alternativas. Es el momento de apostar por la ciencia y los datos para tomar decisiones.
“Es necesario un gran pacto por los bosques, políticas que favorezcan la gestión activa del territorio y presupuestos vinculados a esa estrategia”
¿Cuidamos bien nuestros montes?
Nos falta comprender qué significa realmente gestionarlos. A veces vemos maquinaria trabajando y pensamos que es una agresión, cuando puede ser justamente lo contrario. Un bosque bien gestionado es un bosque más sano, más útil y más resistente.
¿Qué debería cambiar para proteger los bosques de manera más efectiva?
Es necesario un gran pacto por los bosques, políticas que favorezcan la gestión activa del territorio y presupuestos vinculados a esa estrategia. Eso exige decisiones valientes.
¿Qué le gustaría que hubiera cambiado dentro de diez años?
Me gustaría que la educación ambiental empezara desde la infancia. Y me gustaría mirar alrededor y ver unos bosques vivos, bien gestionados y cuidados durante todo el año, no solo cuando hay un incendio.
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