Hartos de la dichosa pandemia del coronavirus

Cuarta ola, cierres perimetrales, alarma de AstraZeneca y una pandemia sin fin. "Es natural derrumbarse, sentir hartazgo e impotencia: ¿Por qué seguimos así?". La vicedecana del Colegio de Psicología de Bizkaia explica cómo sobrellevarlo

19.04.2021 | 01:04
Nerea Pérez, vicedecana del Colegio de Psicología de Bizkaia.

LA cuarta ola ya empapa, hay más municipios cerrados, la vacuna AstraZeneca causa alarma y la pandemia no parece tener fin. Solo falta ver en el bazar de la esquina las mascarillas de otoño-invierno para poner la guinda al bajón. "Es natural derrumbarse, sentir hartazgo y una grandísima impotencia: ¿Por qué seguimos así? Es agotador", admite Nerea Pérez Uria, vicedecana del Colegio de Psicología de Bizkaia, quien analiza esta mezcla de emociones y las situaciones que las han suscitado y explica cómo sobrellevar lo que queda por venir.

Un año de pandemia y subiendo

"Sigue siendo anormal y, además, prolongada"

Se sabía que la pandemia no era cosa de dos días, pero, a estas alturas, no ver el final del túnel resulta desalentador. "Es natural porque la situación sigue siendo anormal y, además, prolongada en el tiempo. Es una carrera que no tiene fin. Es cierto que nos van vacunando, pero realmente ¿esto cuándo termina? Hay una cuarta ola, nos vuelven a cerrar perimetralmente... ¿Qué es lo que está pasando? Al final, las personas entran en un proceso de incertidumbre y de duda", expone Pérez Uria.

La única esperanza se tambalea

"La vacuna palía, pero no es la solución"

Por aquello de mantener viva la esperanza hubo quienes la depositaron toda en la vacunación. Metidos en harina, las expectativas de recuperar la normalidad se tambalean. "Parece que nos lo vendieron como si fuese la solución inmediata: Ya se ha encontrado la vacuna y, a partir de ahí, nos vamos a poder quitar la mascarilla. La vacuna es una forma de paliar el problema, pero no es la solución y, mucho menos, a corto plazo. Hay que inmunizar a miles de millones de personas. No es tan fácil. Otra cosa sería hablar de la organización, de cómo lo hacen, de los problemas que hay, del alarmismo que se genera...", dice.

A vueltas con la AstraZeneca

"Salta la alarma en los medios y la ciudadanía"

La polémica suscitada con la vacuna AstraZeneca, tras los trombos sufridos por algunas de las personas inyectadas, no ha contribuido precisamente a calmar al personal. "No es una cifra representativa, pero saltan las alarmas en los medios y, por supuesto, en la ciudadanía, que ya está jorobada y lo va a estar un poco más", señala esta profesional, para quien "hay un exceso de información y, además, informaciones confusas. No hay mucho conocimiento, hay mucha opinión. Y opinan los medios, pero también las personas", destaca. De hecho, cuando se estaba inyectando la primera dosis de AstraZeneca "ya se oía que la segunda iba a ser mucho peor. Tenemos tendencia a querer anticipar las cosas. Pensamos que si lo controlamos, lo vamos a poder paliar y no es así. Vivimos desde hace año y pico en un estado absoluto de incertidumbre. Antes también, pero no éramos conscientes", reflexiona.

Volver a la empatía y la serenidad

"Hay que centrarse en las cosas más básicas"

Dice Pérez Uria que, con este panorama, "no es cuestión de tener una actitud como si fuese la típica frase de Mr. Wonderful. Es normal estar enfadado, tener momentos de bajón, estar inquieto e irascible". La cuestión es cómo evitar que "eso se intensifique". Para ello recomienda "centrarse en las cosas básicas: intentar hacer este ejercicio, beber agua, tener contactos aunque sea con mascarilla, hacer actividades pese a que no sean las que hacías antes... Igual que en el confinamiento, tenemos que seguir echando mano de la creatividad y la imaginación", propone y subraya que "lo importante es volver a confiar en los valores, como la empatía, la humanidad, la responsabilidad o la serenidad". Justo lo contrario a esa "celeridad con la que queremos que nos digan ya cuándo nos van a quitar esto. Es volver a otra esencia, a las cuestiones básicas", reitera.

Ponerse metas es "frustrante"

"Aconsejo no pensar en el verano hasta que llegue"

Durante muchos años, recuerda esta psicóloga, "se nos ha llenado la boca con que hay que aprender a vivir el presente. Pues ahora tenemos la oportunidad de practicarlo", invita, y advierte sobre lo "frustrante" que resulta ponerse metas, como planificar las vacaciones. "Llegó la Semana Santa y ¿hasta dónde nos pudimos ir? Mi consejo es no pensar en el verano hasta que llegue porque no sabemos qué vamos a poder hacer".

Dormir bien, sí, pero ¿cómo?

"Escribir en un papel lo que estás pensando"

Hay que dormir bien, dicen los expertos en la era del insomnio. Desterradas las pantallas y móviles de la habitación, ¿qué más se puede hacer antes de recurrir a las pastillas? "Intentar acostarte a la misma hora, evitar comidas copiosas o atracones de lo que sea, hacer algo que te aburra, como leer, si es que no te gusta", propone esta psicóloga. Si uno sigue dando vueltas en la cama, aun hay más. "Cuando estás angustiado y te pones a rumiar, escribe en un papel lo que estás pensando tal cual, sin elaborarlo: Estoy hasta las narices de no poder hacer lo que quiero, cuando quiero y como quiero", pone como ejemplo. Y todavía queda lo más difícil, "intentar no querer dormir bien, porque si no, tu cerebro estará analizando si lo consigues o no y estará más activo", advierte. Si nada funciona y "hay que tomar medicación, pues se toma".

Rupturas, problemas con hijos...

"Igual piensas que es la pandemia y es otra cosa"

Los psicofármacos se han ido haciendo hueco, con el transcurrir de los meses, en bolsos y carteras. "Hay mucho mal uso. Llevo dos días durmiendo bien, pues lo dejo, y al de tres días vuelvo a dormir peor porque hay un efecto rebote", avisa y destaca la importancia de ponerse en manos de "un profesional que te ayude y te dé las pautas propias para ti, porque igual piensas que duermes mal por la pandemia y es por otra cosa. La gente se está separando, hay problemas con los niños... El mundo no ha parado", deja constancia.

Quejarse sin olvidar a quien sufre

"Todo el mundo tiene derecho a la pataleta"

Quien más quien menos conoce a alguien que protesta más que habla, y la pandemia, con su menú de restricciones, se lo pone en bandeja. "Todo el mundo tiene derecho al momento pataleta y a decir: Me apetecería ir de viaje, pero tenemos que ser conscientes de que hay otras personas que sufren. Yo conozco a algunas que han perdido a cuatro familiares en seis meses. Esto no es una broma", resalta. Dejar de "mirarse el ombligo" y valorar la salud propia y del entorno es otra de las claves para no instalarse en la queja perpetua. "Cuando nos confinan no lo hacen en Auschwitz ni en la cárcel de Basauri ni en un campo de refugiados. Lo hacen en nuestra casa con nuestras necesidades básicas cubiertas. Vamos a permitir que esto pase".

La "peor ola" será la económica

"Cuando el malestar se prolonga, ir al psicólogo"

En este caldo de cultivo de crisis de ansiedad y depresiones, cabe preguntarse cuándo hay que acudir a consulta. "Cuando tu malestar está siendo prolongado en el tiempo –ya sea unas semanas o un mes– y está afectando al sueño, a la alimentación o te estás aislando, deberías ir a un psicólogo, antes de que se convierta en sufrimiento, y expresar qué te pasa y qué sientes. Te va a ayudar porque te va a dar herramientas", afirma la vicedecana del Colegio de Psicología de Bizkaia, quien no cree que la red de salud mental pública vaya a reforzarse tras la pandemia. Y eso, augura, que "la peor ola que va a venir es la económica. Ya hay cuatro millones de parados en el Estado. ¿Cuántos más va a haber? Mejor no pensarlo. Pensamos para prever y, fíjate, un día viene un virus y hace que tu vida cambie. Pero estamos aquí, que es lo importante".

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