La victoria de Eder y Aketza de saltar al campo y conocer a Aduriz

Para los hermanos Eder y Aketza, jugadores de un equipo de fútbol adaptado para personas con parálisis cerebral, conocer a Aritz Aduriz fue un revulsivo que nunca olvidarán

27.05.2020 | 00:14
Los gemelos Aketza y Eder conocieron a Aritz Aduriz del Athletic en 2017, después de que Eder volviera a caminar tras la operación.

La noticia de la retirada de Aritz Aduriz durante esta crisis sanitaria se vivió con especial tristeza en casa de Iñaki Requena, un bilbaino afincado en Catalunya que inculcó la pasión rojiblanca a sus dos hijos desde que nacieron. Eder y Aketza, dos gemelos de 18 años con parálisis cerebral, juegan desde niños al fútbol adaptado. A pesar de que saltar al campo ya era una victoria para ellos, a base de tenacidad han conseguido llegar a lo más alto en su modalidad, compitiendo en la selección catalana y en la española. La suya es una historia de superación digna de admiración, que han recogido es un blogtras haber hecho frente al rechazo del fútbol base "normalizado" y a diversos obstáculos físicos. En uno de los momentos más duros para esta familia les llegó un vídeo cargado de ánimo del Zorro de San Mamés. Ese gesto del ya histórico jugador del Athletic motivó posteriormente un encuentro "mágico" que jamás olvidarán y por el que le estarán eternamente agradecidos.

"Más allá del aspecto deportivo nos apenó bastante su retirada. Aunque ya lo veníamos intuyendo", explica Requena al otro lado del teléfono. "Con Aritz ha habido siempre una relación más cercana. A Eder siempre le ha gustado mucho como jugador y siempre pedía el número 20", relata el padre de los gemelos, de los que este periódico tuvo conocimiento por su participación en el homenaje realizado a Aduriz por los lectores de DEIA. Durante la rehabilitación de Eder tras una operación muy severa, les llegó gracias a un amigo periodista un vídeo de Aduriz dando ánimos y esperanza. "A raíz de ello pensamos que cuando volviera a caminar sería una buena idea darle las gracias en persona", relata. A través de la Fundación Pequeño Deseo contactaron con el Athletic y pudieron pasar un rato con él en San Mamés.


Eder y Aketza se fotografían con Aritz Aduriz durante su visita a San Mamés


Para este bilbaino que vive en Castelldefels que sus hijos fueran del Athletic fue innegociable. "Mi mujer Esther, que es culé, dice que les he comido la cabeza. Pero los padres siempre queremos lo mejor para nuestros hijos, y ser del Athletic es lo mejor que hay", asegura con sorna. A pesar de vivir en "territorio comanche", el espíritu rojiblanco ha inundado siempre a esta familia que cuando el club bilbaino juega en Barcelona no fallan en el Camp Nou. "Tener la oportunidad de estar en San Mamés con Aritz, con esa cercanía, fue mágico. Sobre todo después de donde veníamos. Fue el broche de oro a tanto esfuerzo", reconoce Requena, quien explica que el encuentro tuvo lugar en 2017. "Fue mucho más que sacar una foto. Saltamos al campo y estuvimos un rato jugando", añade este padre, que cada vez que vuelve a su tierra acompaña a sus hijos a los entrenamientos de Lezama. "Estamos muy relacionados con el Athletic", reconoce este bilbaino, quien señala que el coronavirus les hará postergar su próximo viaje a Euskadi.

Vídeo de la visita a San Mamés de la familia Requena, para agradecer a Aritz el vídeo de ánimos que envío a Eder a las pocas semanas de operarse

Volver a correr

Eder y Aketza lo tuvieron difícil incluso desde antes de nacer. "A las 26 semanas de gestación, se rompió la bolsa de Aketza y consiguieron detener el parto durante 10 días para poder inyectar cortisona a Esther", relata Requena. Los gemelos nacieron a las 28 semanas, prematuros: Eder pesó 1,215 kilos y Aketza 935 gramos. "Los primeros partes médicos eran poco esperanzadores, nos dijeron que podían ser ciegos o quedarse sordos, o tener un derrame cerebral y quedarse en estado vegetal", explica Iñaki Requena, quien indica que la dureza empleada por la doctora fue la que "les salvó la vida". Esa misma noche, viendo que no respiraban bien, decidió intubarlos, "lo cual era muy arriesgado". La única secuela que tienen es una parálisis cerebral que en Aketza es imperceptible y a Eder solo le afecta a la parte izquierda. "A nivel intelectual están perfectamente. Nos sentimos tremendamente afortunados y cada día agradecemos la suerte que tuvimos", confiesa el padre de los gemelos.

Para combatir esa parálisis cerebral, en casa de los Requena siempre estuvieron convencidos de que el deporte era el mejor estímulo. "Es una lesión que no tiene cura, el cerebro manda órdenes incorrectas a los músculos y se sobretensionan, pero se pueden paliar sus efectos", explica. "Siempre hemos animado a Eder a que haga de todo. Incluso en el parque, cuando alguien le preguntaba por qué caminaba mal nosotros le contestábamos que camina diferente. Hay muchas formas de hacer las cosas", expone. Uno de los referente de Eder fue su hermano Aketza, "que era idéntico a él y fue su mayor motivación". Así, cuando veía que hacía algo, él también quería hacerlo.

EL DEPORTE, LA MEJOR TERAPIA

Por ello, cuando Aketza comenzó con 8 años a jugar a fútbol "en un equipo normalizado", Eder dijo que quería jugar con su hermano. "Hablamos con la persona que se encargaba del deporte base y nos dijo que con la discapacidad que tenía nunca llegaría al primer equipo y que no le podíamos apuntar. Nos entristeció mucho porque les estábamos ofreciendo un regalo: un niño de estos cumple la función motivadora para el resto de los chavales. La posibilidad de llegar al primer equipo era la misma para los 400 niños que había ahí, la mayoría no iban a llegar", relata. Entonces surgió la oportunidad de jugar a deporte adaptado en Castelldefels, donde se formó un equipo con niños con parálisis cerebral en el que también comenzó a jugar Aketza tras alguna mala experiencia en el fútbol "normalizado". "Fue cuando empezó a disfrutar del deporte", relata sobre Eder, que lleva ya diez años jugando a fútbol, solo interrumpidos por la operación a la que se sometió con 14 años.

"La sobretensión de los músculos hizo que los huesos se fueran torciendo al crecer, su fémur había girado casi 60 grados", expone Requena, quien afirma que su hijo estuvo convencido de que operar era la única salida, a pesar de que volver a caminar conllevaría año y medio de rehabilitación. "El posoperatorio fue durísimo. Estuvo con morfina. En casa no pudo dormir durante 40 noches por el dolor. Fue cuando nos llegó el vídeo de Aritz. En el momento oportuno", cuenta. Eder estuvo más de un año levantándose a las 6.00 para ir a rehabilitación. Poco a poco, consiguió caminar y hasta correr. "Progresivamente fue mejorando en el fútbol. Aketza ya era asiduo en la selección catalana y en la española, pero a Eder le empezó a convocar Catalunya y en diciembre entró en la sub-19 española y pudo acompañar a su hermano", explica este padre, que espera que la historia de sus hijos pueda inspirar a familias en una situación similar.