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Adicto en cuarentena

13.04.2020 | 09:19
Diario de un teletrabajador

HOLA, soy Aner y soy adicto. Se supone que ahora debería ser cuando ustedes me responden: "Hola, Aner". Al menos esa es la conclusión que he sacado tras ver miles y miles de películas y series de televisión. Y aunque no estamos sentados en círculos, mirándonos a la cara, voy a confesar mi vergüenza. Como les decía, soy adicto y llevo 31 días sin consumir. Eso como mínimo, porque son los días que llevo con el confinamiento. No recuerdo cuándo consumí por última vez, así que igual llevo incluso más días de tortura.

No soy adicto a ninguna droga ilegal, dura o blanda. Ni al alcohol ni al tabaco. Pero sí estoy enganchado a una sustancia que es nociva para la salud: los refrescos de cola. Bueno, eso es inexacto. No me gustan los refrescos de sabor a cola. Me gusta la Coca-Cola. No me vale ninguna otra marca, ni ninguna variante de la propia Coca-Cola. Sin azúcar, sin cafeína, la cero, la doble cero€ Para mí todo eso es basura. Yo quiero la auténtica, la que tiene todo el veneno.

La cosa es que llevo más de un mes sin probarla. Alguna vez me he puesto serio y he hecho un esfuerzo por reducir notablemente su consumo, hasta beber solo una lata a la semana, por ejemplo. Pero desde que tengo uso de razón este es el periodo más largo, con diferencia, en el que no doy un solo sorbito. Y lo llevo muy bien. Es más, hasta hace unos pocos días ni me había dado cuenta de que llevaba semanas sin probarla. Eso sí, ha sido darme cuenta de que no tengo ninguna lata o botella para beber y entrarme unas ganas horribles de tomarme un vasito bien frío con hielo y limón.

Ahora que he cogido carrerilla, y sin mucho esfuerzo ni sufrimiento, voy a intentar desintoxicarme como Dios manda. A ver a qué nos lleva esto. Yo me di cuenta de que era adicto a la Coca-Cola hace muchos años. Y me di cuenta porque la utilizaba para una cosa y para la contraria, algo que debería ser imposible. Cuando estaba adormilado o cansado me tomaba una Coca-Cola para ver si espabilaba. Y cuando estaba muy nervioso o alterado, me tomaba también una Coca-Cola para relajarme. Y eso no podía ser. La misma bebida no podía estimular y relajar. Así que lo que pasaba no estaba en la Coca-Cola, estaba en mi cabeza. Era adicto.

Es más, durante muchos años lo primero que tragaba al despertar era un sorbito de Coca-Cola y a la noche, antes de ir a dormir, siempre hacía una visita al frigorífico para dar un último trago. Durante una etapa muy larga de mi vida pude consumir una media de dos litros diarios sin pestañear. Eso, gracias a Dios, hace tiempo que cambió, pero en el último año he podido estar bebiendo del orden de medio litro diario, al menos de lunes a viernes. Suena mal decirlo, pero bebo más en el trabajo.

No creo que Coca-Cola haya notado mi abstinencia en sus cuentas de ingresos y gastos, pero seguro que en la industria de las drogas ilegales se ha tenido que notar el confinamiento. Los consumidores habituales de drogas no llevarán nada bien el mono. A su lado mi terapia de choque es un cuento de niños. Me extraña que no se vean más noticias de detenidos o denunciados por incumplir el aislamiento en su afán por hacerse con droga. ¿Y qué pasa con los camellos y traficantes? ¿Son esenciales o no? ¿Pueden acogerse a algún tipo de ERTE?

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