Bilbao

El reloj corre en contra en el Golfo de México. El petróleo sigue manando desde un pozo petrolífero excavado en el fondo marino, a 80 kilómetros del estado de Luisiana. Lleva así tres semanas y temen que se tarde al menos tres meses más en construir otro pozo que anule definitivamente el escape. Y lo peor es que nadie se atreve a aventurar las dimensiones finales del vertido. Las previsiones más optimistas aseguran que se vierten al mar 707 toneladas de crudo al día. Pero, según van pasando los días, los indicadores más realistas apuntan a que el volumen de la fuga podría ser de hasta 8.400 toneladas o, lo que es lo mismo, unos 60.000 barriles diarios. Sea cual sea la cantidad final, todo apunta a que el vertido en el Golfo de México puede dejar empequeñecidos accidentes como los de los petroleros Exxon Valdez o Prestige.

La plataforma de extracción petrolífera Deepwater Horizon, propiedad de la empresa Transocean y de la que British Petroleum (BP) es concesionaria, sufre una explosión en aguas estadounidenses el pasado 20 de abril, por causas desconocidos. Se estaba perforando a unos 5.500 metros de profundidad, bastante menos que el récord que tiene esa misma plataforma. La lámina de agua sobre la perforación es de 1.500 metros. La presión es enorme. Por motivos no del todo claros, la válvula de seguridad para evitar escapes no funciona y el petróleo comienza a manar de manera incontrolada. La torre de perforación de la plataforma se hunde y desaparecen once trabajadores, a los que posteriormente se da por muertos.

Inmediatamente saltan las alertas porque, 21 años más tarde, Estados Unidos tiene muy vivo en la memoria el accidente del petrolero Exxon Valdez, que vertió 40.000 toneladas de petróleo en Alaska. Además, el Golfo de México ya sufrió un accidente catastrófico en 1979, en la plataforma Ixtoc, cuya fuga de petróleo se elevó a 476.000 toneladas. Las costas de los estados de Luisiana, Misisipi, Alabama y Florida, próximas al lugar de accidente, son especialmente sensibles a impactos sobre el medio ambiente. Albergan al menos cuatro reservas naturales, además de zonas de especial protección para las aves. Se trata también de una zona especialmente pródiga en recursos pesqueros y turísticos, que dan trabajo de millares de familias del sureste de EE.UU.

Tres estrategias Desde el primer momento se abordaron diferentes estrategias para controlar el vertido. Robots sumergibles han tratado de sellar las tres fugas detectadas. Finalmente, a principios de semana, lograron taponar una de ellas, pero el volumen vertido al día no se ha reducido. Este fin de semana se está llevando a cabo una delicada operación para colocar encima de la fuga más importante una enorme campana de cemento y acero de 113 toneladas y cuatro pisos de altura, con el objetivo de recolectar el crudo desde el lecho marino. El siguiente paso es bombear el petróleo a otro buque de exploración. Sin embargo, hay dudas acerca de la efectividad de la medida, ya que este tipo de estructura se usó previamente en aguas poco profundas y las fuertes corrientes profundas del golfo presentan sus propios problemas de instalación. Si la campana se ajusta con éxito sobre la segunda fuga, se construirá otra idéntica para la tercera fuga.

Pero la solución definitiva pasa por perforar un pozo paralelo a través del cual inyectar cemento que clausure la fuga. El operativo se inició a principios de mayo, pero BP ya ha anunciado que no podrá estar operativo antes de tres meses.

contra los elementos Mientras tanto, los robots continúan trabajando en el fondo marino para frenar el vertido con materiales químicos, por otro lado contaminantes, como acusan los grupos ecologistas. De manera puntual, BP también procede a quemar combustible dispersado por el agua. La caprichosa corriente del golfo extiende paulatinamente la mancha, que no es uniforme y que cambia de ubicación según pasan los días. Los estados ribereños ya han comenzado a instalar cientos de kilómetros de barreras flotantes para impedir el avance de la marea negra. Expertos como Daniel Suman, de la Facultad de Ciencias Marinas de la Universidad de Miami, se muestran escépticos ya que "si hay viento y oleaje no son muy efectivas", sostiene. De la misma opinión es Adolfo Uriarte, oceanógrafo y miembro del equipo de investigación marina de Azti-Tecnalia, quien conoce en profundidad las consecuencias del vertido del Prestige, hace casi ocho años, en la costa cantábrica. "Los medios normales anticontaminación sirven para poco, porque están diseñados para pequeños derrames. Lo que hay que hacer es impedir que la marea negra llegue a la costa, porque la limpieza del chapapote en playas y rocas es mucho más costosa y cara", explica el investigador.

Miles de voluntarios han comenzado a movilizarse y a recibir capacitación por parte de BP y las administraciones locales, para trabajar en la limpieza del crudo, una vez el grueso del vertido llegue a la costa. El Gobierno federal ha movilizado al Ejército y la Guardia Nacional.

También está vigente la prohibición de pescar en las regiones amenazadas desde el delta del Misisipi, en Luisiana, hasta Florida. El ejecutivo de Barack Obama ha prometido que se empleará en las tareas de limpieza a los trabajadores de las empresas relacionadas con la pesca, que se han quedado en paro.

catástrofe medioambiental Aunque el chapapote está por llegar, ya se han hallado tortugas muertas en zonas costeras. El Gobierno del Estado de Luisiana asegura que la mancha de crudo ha tocado ya las islas Chadeleur, sin habitar. Una de las grandes preocupaciones de las autoridades es que la marea negra pueda dirigirse hacia el sur de Florida, arrastrada por la fuerte corriente del golfo, lo que afectaría a los manglares, los lechos marinos y los arrecifes coralinos de los cayos.

Organizaciones de conservación marina como Oceana alertan de que la contaminación de las aguas y la costa afectada podría prolongarse durante cien años, aunque sobre este particular los científicos tienen opiniones discrepantes. "El mar tiene una capacidad de regeneración terrible -explica el oceanógrafo Adolfo Uriarte- y, salvo las excepciones de mutaciones biológicas detectadas en algunas especies, se puede decir que se recupera la normalidad entre cinco y diez años después de un vertido de petróleo". Si, como en el caso del Golfo de México, la zona marina es de "gran movilidad", la regeneración biológica es más rápida. Con todo, no se pueden echar las campanas al vuelo. Ni siquiera se sabe si las aguas del Cantábrico han recuperado totalmente los mismos parámetros de antes del vertido del Prestige. Si se compara, las aguas del golfo son más cálidas y eso facilita la degradación del crudo. Además, explica Uriarte, no es lo mismo un vertido procedente de un petrolero que el de una plataforma de extracción. En el caso del Prestige, el crudo estaba tratado, "es más contaminante y permanece más tiempo en el medio". Por el contrario, la fuga en la Deepwater Horizon procede directamente de la naturaleza, pero la cara negativa es que "no se sabe cuánto petróleo puede manar del pozo". El investigador de Azti resalta que "lo importante es extraer conclusiones de estos desastres". De hecho la colaboración entre técnicos de todo el mundo es un constante. Miembros de la NOAA, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, estuvieron en Euskadi para conocer las afecciones por el vertido del Prestige, recuerda Uriarte.

más grave que el "prestige" British Petroleum ha prometido asumir la factura de la limpieza de un derrame que se espera genere pérdidas multimillonarias. La petrolera británica respondía así al presidente Obama, quien hace una semana insistió en que BP es "responsable" del vertido y "pagará la factura" del mismo. La Casa Blanca anunció la suspensión de la concesión de nuevas licencias de explotación a la espera del informe de los investigadores.

Pero el mal ya está hecho. La estimación de daños que causará el vertido está fundamentada en una mera aproximación. La Deepwater Horizon, atendiendo a las previsiones más moderadas de la empresa, habría superado el daño del Exxon Valdez en sólo seis días, y en unos trece si se compara con el Prestige. Hoy se cumplen 17 días de la explosión en la plataforma.